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Aprender a nadar

Jesús Dueñas Becerra, 10 de agosto de 2017

                

Sasha Marianna Salzmann (Volgogrado, Unión Soviética. 1985) es dramaturga, escritora, ensayista, curadora y directora del estudio Я en Maxim Gorki Theatre, de Berlín. Emigró con su familia a Alemania, donde estudió literatura, teatro y medios de comunicación en la Universidad de Hildesheim, mientras la dramaturgia la cursó en la Universidad de Artes de Berlín. Después de concluir los estudios de escritura escénica, Salzmann creó el Nuevo Instituto de Escritura Dramática.

Los poemas y relatos cortos escritos durante su juventud fueron publicados en varias revistas literarias. Junto con otros intelectuales germanos fundó la revista cultural y social Reitext, de la cual fue su editora durante más de una década. Recibió varios premios y reconocimientos nacionales. Según la crítica especializada, en la obra dramatúrgica de Sasha Marianna Salzmann, «el aspecto sensible, el brutal presente y la mirada biográfica se funden en cálido abrazo, y por ende, se ha convertido en la autora en lengua alemana del día».  

Aprender a nadar incluye en su elenco actoral a Grisell de las Nieves y Claudia Tomás (Feli), Arianna Delgado y Teresa Yanet Pérez (Lili), así como Francisco López y Ronel Reinoso (Pep), quienes les insuflan «vida» a los personajes que representan en ese contexto dramatúrgico; utilizan —con inteligencia global y emocional— los recursos técnico-expresivos, adquiridos tanto en la academia, como en la praxis teatral;  y emplean —con mesura— el lenguaje verbal y gestual, el cual responde a las necesidades generadas por el guión.       

La agrupación que jerarquiza Miguel Abreu continúa explorando el camino de la música para complementar la acción dramática, que —en esta ocasión— se desarrolla en un concierto-descarga entre amigos; encuentro que desempeña la función de agente desencadenante o detonante de los conflictos interpersonales que presentan los personajes, cuyo objetivo fundamental es aprender a nadar en las aguas turbulentas de un río crecido o un mar embravecido. Esa es, en apretada, síntesis, la trama en la que se estructura la obra  

Sin embargo, dichas situaciones se trastocan —como por arte de magia— en otras actitudes adoptadas por los personajes para dejar bien establecido el hecho de que todos los caminos hacia la felicidad son transitables, por trillados que sean o parezcan ser.

Ahora bien, habría que señalar que la felicidad es un estado subjetivo del yo, que se encuentra de la piel hacia dentro, porque si la buscamos fuera de nuestro mundo interior sería como tratar de atrapar una mariposa en pleno vuelo.

Con apoyo en esos planteamientos, el auditorio asimila de inmediato el mensaje que —desde el proscenio— se le transmite. No obstante, sería oportuno destacar que la proposición estético-artística formulada por ese colectivo teatral es mucho más amplia y lejana (como la pampa argentina) de lo que el cronista sería capaz de sintetizar en estas cuartillas.

No es un secreto para nadie que muchas obras teatrales son diseñadas según el espacio físico de que se dispone, es decir, las salas donde se exhiben. De ahí que la experiencia sea única e irrepetible, razón por la cual los artistas y el público tienen una vivencia diferente, que tiene su génesis en la subjetividad humana, que solo es patrimonio del homo sapiens. Como diría el doctor José Orlando Suárez Tajonera, Premio Nacional de Enseñanza Artística 2007, « […] el arte —en todas y cada una de sus manifestaciones— refleja la realidad, pero crea otra “realidad” en la mente y el alma del artista, el espectador y el crítico».

Por otra parte, la creación escénica configura un proceso dialéctico, integrado —entre otros— por los siguientes elementos: acción-reacción, alimentación-retroalimentación, estímulo-respuesta; conceptos sustentados por la psicología con orientación conductista. En ese sentido, la obra teatral se debe entender de la siguiente forma: los vínculos más o menos sólidos establecidos entre creador-obra, creador-obra-espectador, creador-obra-espacio-medio circundante.

Los amantes del arte de las tablas (incluidos los colegas de la prensa especializada), que siguen las puestas en escena de la joven compañía habanera están conscientes de que esos elementos devienen un requisito básico indispensable, que pauta el desarrollo artístico-profesional de la agrupación.

Por lo tanto, podemos afirmar que Aprender a nadar es —por derecho propio— otro indiscutible acierto en la exitosa trayectoria de Ludi Teatro.
 

Foto: Raúl Olivera Hernández

Editado por Heidy Bolaños

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