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Sin parafernalia bohemia
 

Claudia Otazua Polo, 24 de agosto de 2017

Evelyn se ve tan cotidiana, tan terrenal, tan como tú y como yo, tan liberada de ese velo de ausencia etérea con el que suelen envolverse los pretendidos escritores para dar fundamento a su fachada de artista, que a algunos —ante la falta de estereotipos a los que asirse— les cuesta trabajo identificarla como lo que es: una literata, ¡y de las buenas!

El reconocimiento más reciente que ha ido a parar a las manos de la escritora camagüeyana Evelyn Queipo vino a nombre del Premio Calendario que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS), quien en este 2017 le ofreció una Mención en el apartado de literatura para niños y jóvenes por su texto «Un regalo de cumpleaños». Los premios, aunque siempre bien recibidos, no representan ya una novedad para ella que entre otros ha merecido el Premio Celestino de Cuento de Ediciones la Luz y el Girasol Sediento que confiere la editorial cienfueguera Reina del Mar.

¿Pero acaso se necesita el juicio de valor de un jurado para legitimar la obra de un autor?

No, solo para publicarla. Por ejemplo, te puedo hablar de Oros Nuevos que en la Feria del Libro de Holguín fue el libro de Ediciones La Luz más vendido, y antes se había enviado a varios premios y no había cogido ni siquiera mención. Entonces, qué puede suceder, que quizás el libro que la gente va a comprar, que la gente va a leer, que la gente va a disfrutar, no es el libro que legitima un jurado. En un momento de mi vida escribí para que un jurado lo leyera y para que un jurado me premiara, pero ya no lo hago siempre; a veces escribo solamente porque es el libro que quiero escribir.

En otra entrevista se afirmaba que la mayoría de tus obras eran autobiográficas. ¿Los libros que escribes para niños también lo son?

El primer libro que yo escribí para niños que, cosas raras que pasan, va a ser el séptimo libro mío que va a salir, sí es muy autobiográfico. Ya después de eso todos no lo han sido, tienen cosas mías, de mi familia, de mi hija… pero no, una no es el centro del universo.

¿Cuál fue tu primer ejercicio consciente de escritura?

Podría decirte que estando en el tercer año de la carrera, quizás antes, Yunier Riquenes (un escritor de Jiguaní que vive en Santiago de Cuba, el promotor de Claustrofobia) leyó por accidente un cuento mío y me dijo que ahí había una escritora. Realmente en ese momento no me lo creí. Yo me lo creí después de que obtuve mi primer premio reconocido que fue el César Galeano, que da el Centro Onelio Jorge Cardoso. Después de eso me dije: «ahora sí, me lo tengo que tomar en serio». Para entonces ya me había graduado, porque yo terminé el Onelio junto con la carrera. Me parecía que estaba formada desde el punto de vista académico, lo otro lo tenía que poner yo.

Los libros de literatura infantil casi siempre resultan los más vendidos en las ferias. ¿Escribir para los niñ@s vino como una estrategia para darse a conocer o como una necesidad artística?

No, yo escribo desde que soy niña y los niños, generalmente, escriben para ellos mismos. Pasó el tiempo, me volví una adolescente, pero la literatura infantil siempre la hice y ahora es una cosa casi fáctica, una sabe que es un proyecto que una editorial difícilmente te rechace porque es vendible. La literatura infantil me resulta… no fácil, la palabra no es fácil, ¡pero es que es tan grata! No es dolorosa, porque la poesía, la literatura para adultos siempre causa un desgarramiento en el alma, pero la literatura infantil es todo lo contrario, te hace sentir mejor, te engrandece y pensar que eso puede engrandecer además a un niño, es increíble.

¿Tienes algún libro que hayas escrito propiamente para tu hija?

Sí, es un libro que está dedicado a mi hija y a mi papá. Mi papá siempre quiso, antes de morir, verme a mí que era su hija menor (realmente él me tuvo a mí ya muy mayor), dándole una nieta. Cuando mi hija nació ya él estaba muy enfermo, casi no la pudo cargar…

Evelyn toma una pausa y traga en seco para ahogar las lágrimas que sobrevienen contra la voluntad de sus más grandes esfuerzos por conservarse ecuánime. Sentí su angustia tan adentro que lamenté mi pregunta, una pregunta que había intuido feliz y que al cabo Evelyn se las arregló para cerrar con una sonrisa.

Entonces…, ese es el libro que yo le dediqué a los dos. Todavía está inédito, aunque me guste mucho y aunque crea que ya está listo, no lo está. Una cosa es el sentimiento que una vuelca en un libro y otra es que un libro esté técnicamente bien armado, que sea funcional… Por tanto, todavía le falta, es un libro que tengo que trabajar con cabeza fría, pero es difícil ponerle cabeza fría a algo que viene del corazón. En algún momento saldrá y tiene mucho que ver con La Noche porque son las conversaciones entre un abuelo y su nieta.

¿Cuál es tu vínculo con la Asociación Hermanos Saíz (AHS)?

Desde el 2011 soy miembro, pero ese fue el año en que estuve embarazada y no participé directamente quizás como hasta el 2013. Tampoco aquí se habían enterado muy bien de que yo era miembro de la sección y no se me convocaba para ciertas cosas. Dije en una reunión que yo no sentía que esta fuera mi casa, que perteneciera a la Asociación, y a partir de ahí fue como: ah bueno tú quieres ¿no?, pues te vamos a llamar. Desde entonces siempre que me convocan para una actividad comunitaria, para un inicio del verano, para hacer de jurado, a veces para actividades que ni siquiera son de la AHS, pero que piden la colaboración de nosotros, siempre voy, no tengo un no. La AHS también ha sido así conmigo, a todos los lugares de este país que me convocan por un evento, la Asociación me apoya económicamente, además le da promoción a mi obra, a mi trabajo, a mí como escritora.

Y aquí realizas también tus talleres con los niños…

El taller con los niños es algo mágico, trabajar con los niños es una de las cosas más grandes que le pueden suceder a cualquier ser humano porque trabajas con la cerámica mojada, le puedes dar la forma que quieras. Eso lleva una responsabilidad porque cualquier error, cualquier concepto inapropiado que expreses ahí el niño se lo va a llevar y le puede quedar para toda la vida. Siempre tratamos de que sean encuentros donde jugamos a que la literatura no es solo instructiva o didáctica, también es una manera de divertirse.

¿Existe algún libro de otro autor que te hubiera gustado escribir a ti?

¡Oh sí! Muchos muchos muchos muchos, pero recientemente, hace apenas dos días, leí un libro precioso que me hubiera gustado escribir. Se llama Salomé, es una novela de Elaine Vilar, que fue Premio Calendario de Ciencia Ficción creo que en el año 2015. Ya te digo, pudiera mencionarte clásicos de la literatura que no te asombrarían, pero decirte Salomé es decirte que en estos momentos la literatura joven tiene salud, que la ciencia ficción, que es un género a veces marginado, también la tiene, y por qué no elogiar el trabajo de otras personas jóvenes como yo.

¿En estos momentos en qué trabajas?

Casi nunca tengo un solo proyecto en el tintero porque aprendí en el Onelio que si una escribía una cosa de vez en vez corría el riesgo de repetir. De modo que ahora escribo un libro de décimas para adultos, un romancero para niños con el tema de las brujas, de las pociones mágicas, de las cosas que hay que tener en cuenta para ser una buena bruja, recetas y cosas así. Y tengo un libro de cuentos infantil que se está escribiendo aquí —dice mientras apunta su cabeza con el índice.

Evelyn tiene 32 años y un temor confeso al apagón informático, solo se fía del papel, de las letras blancas y negras de tinta que consigue palpar, oler, vivir. Llamó a su hija Amaranta, dándole así el linaje de los Buendía garcíamarquianos, pero el autor sin el que no se concibe como cubana, es José Martí. Dentro de diez años quizás escriba ensayos, con toda certeza en la comodidad de su hogar. Ella, sin parafernalia bohemia, ha hecho de la literatura «un modo de vida».

Tomado del portal de la AHS

 

Editado por Heidy Bolaños
 

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