Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 23 de noviembre de 2017; 3:34 PM | Actualizado: 23 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 6156 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Recuerdo de Mirta Aguirre

Ciro Bianchi Ross, 18 de octubre de 2017

¿Cómo clasificarla? ¿Cómo definirla? ¿Poeta, ensayista, crítico? Ninguno de esos términos alcanza a englobar  por sí solo  el quehacer creador de la doctora Mirta Aguirre. Es una poeta de fina y honda subjetividad, de formas diáfanas, profundas y sinceras, una ensayista con buena información y una visión personal que le permite acercamientos singulares a autores como Miguel de Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz y Romain Rolland, cuyas personalidades examina y precisa en sus obras respectivas. Además, más allá de su ensayismo erudito, es una perspicaz exponente de la crítica y el comentario ligero, sin  perder por ello, sustancia, en los campos de la literatura, el cine y el teatro escritos para periódicos y revistas. Porque Mirta Aguirre fue, asimismo, una periodista de excepción, que en 1946 mereció el Premio Justo de Lara, el galardón más codiciado e importante del sector antes de 1959.

SENCILLAMENTE CLÁSICO

Nació Mirta Aguirre en La Habana, el 18 de octubre de 1912, hace ahora 105 años. Militante del Partido Comunista con apenas 20 años de edad, tuvo que exiliarse en México al final  de la dictadura de Gerardo Machado. Se doctoró en Leyes en 1941 y en 1947 obtuvo premio en los Juegos Florales Iberoamericanos con  su Influencia de la mujer en Iberoamérica. Al año siguiente, su libro Un hombre a través de su obra: Miguel de Cervantes Saavedra le valió premio en el concurso convocado por el Lyceum Lawn Club. Figuró en la directiva de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo. Escribió guiones para la radio y la TV y durante largos años tuvo a su cargo la sección de cine, teatro y música del periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular (Comunista). Tras el triunfo de la Revolución encabezó la Dirección de Teatro y Danza del Consejo Nacional de Cultura, fue profesora de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y dirigió el Instituto de Literatura y Lingüística. Otros títulos suyos son los poemarios Primavera interior (1938) y Juegos y otros poemas (1974). También es autora de El romanticismo de Rousseau a Hugo (1973) y del ensayo Del encausto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz (1975). Escribió un interesante estudio sobre La Edad de Oro y las ideas martianas sobre la educación infantil, que solo circuló en edición mimeografiada. Legó una copiosa obra panfletaria. Falleció en La Habana, en agosto de 1980.    

Juan Ramón Jiménez la incluyó en su obra La poesía cubana en 1936. Zenobia Camprubi, la esposa del poeta, sin embargo, si bien no le escatima elogios, está lejos de simpatizar con la cubana. Lo dirá en su Diario.

Mirta vino a verme esta noche. Siento haberla conocido, pues parece muy masculina, y muy obvia en todo sentido. Sus poesías, o más bien algunas de ellas, eran las más nobles y elevadas de las poesías revolucionarias que he visto. Sin desvaríos, hipocresías ni propaganda, parecen nacer de la propia convicción y están a un alto nivel con una amplia visión. Pero la autora misma no tiene ninguna atracción y sentía la necesidad de fumar como una matrona varonil.

Escribe Isabel Segura en Viajeras a La Habana: «Matrona varonil o no, Mirta Aguirre y Zenobia Camprubi tienen un interés común: Rabindranath Tagore (…), pero también tendrán otra discrepancia al margen del tabaco: Mirta era marxista y Zenobia no».   

Un solo libro para los lectores más jóvenes publicó Mirta Aguirre, y no necesitó otro para situarse de manera permanente en la primera fila de los cultores cubanos del género. Juegos y otros poemas es, sencillamente, un clásico.   

Por su excelencia, admira a cuantos lo leen porque si bien se destina a un público muy específico, sus páginas son disfrutadas a plenitud por lectores de cualquier edad, no solo por la sensibilidad que pone de relieve, sino por el rejuego sonoro de la lengua que hay en ellas y que quizás sea su atractivo esencial.   

Hay en ese título poemas que no se sonrojan cuando sirven para enseñar las cuatro estaciones o los cinco dedos de la mano. Los hay también con intenciones más complejas y no faltan los de simple querer lírico. Algunos de ellos son para lectores de cinco años; otros, para adolescentes, pero  al decir de la autora, «ordenarlos conforme convenga a edades o tales o cuales propósitos, será tarea de quien quiera usarlos. En empeños como ese, es mejor que la pedagogía quede en manos de sus especialistas, en tanto que los poetas retienen en las manos la poesía».    

No obstante la resonancia que alcanzó Juegos, su poema más conocido es la «Canción antigua Che Guevara». En sus versos, la autora más que dialogar, interroga al Guerrillero Heroico en una complicidad conmovedora que llega al receptor con efecto de convite.

Asegura la crítica con relación a este poema: «Algunos lo han dramatizado, otros sencillamente dejan que la musicalidad y fuerza de la composición  hagan su parte, porque lo  cierto es que en la «Canción antigua…» no faltan ni sobran palabras. Es de esas obras perfectas que prestigian a un autor o a una literatura».

-¿Dónde estás, caballero Bayardo, caballero sin miedo y sin tacha?
-En el viento, señora, en la racha que aciclona la llama en que ardo.
    (…)
-¿Dónde estás, caballero el más fuerte, caballero del alba encendida?
-En la sangre, en el polvo, en la herida, en la muerte, señora, en la muerte.
-¿Dónde estás, caballero ya inerte, caballero ya inmóvil y andante.
-En aquel que haga suyo mi guante, y mi suerte, señora, mi suerte.
-¿Dónde estás, caballero de gloria, caballero entre tantos primero.
-Hecho saga en la muerte que muero. Hecho historia, señora, hecho historia.

CUESTIONES PRIVADAS

Hay facetas de Mirta Aguirre que quien escribe no quiere pasar por alto. Tenía fama de ser una mujer adusta, severa. Y era así de seguro. Pero basta leer sus cartas al crítico y ensayista José Antonio Portuondo, incluidas por Cira Romero en el libro Cuestiones privadas, para advertir a otra Mirta; la que es capaz de relatar, al amigo distante, hechos del acontecer  nacional o simples chismes y sucedidos que involucran a conocidos, y hacerlo con una chispa y un humor cubanísimos, pero inesperados en ella, al menos para los que no la tratamos personalmente.