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Literatura por mail: nuevos (viejos) caminos

Laura Marajofsky, 23 de octubre de 2017

literatura_por_mailGente que guarda gigas y gigas de mails en sus cuentas, que releen mensajes viejos o conversaciones con amigos o ex novios con placer, otros que mantienen relaciones a distancia por este medio y hasta algunos románticos que siguen flirteando por correo… no todo está perdido cuando se trata de la palabra escrita y el valor de la correspondencia entre amigos (o desconocidos). Y es que en tiempos de sobresaturación mediática y exceso de información, el mail, un formato que había caído en desuso con la aparición de las redes sociales y la mensajería instantánea, ha comenzado paulatinamente a ser revalorizado. En este marco, el newsletter (una publicación breve que se envía a quienes están registrados) está teniendo un revival como atajo virtuoso para mantenerse informado o conectado. Proyectos periodísticos y literarios se han colado por allí.

“Todavía mantengo la primera cuenta de mail que tuve en mi vida (la uso para cosas que sé que me van a traer spam). Cada tanto entro y busco los mails extensísimos que me mandaba con mis amigas cuando era adolescente (oro puro). Hubo un tiempo en el que las personas hablábamos por mail, y estaba buenísimo. Hace poco les conté a unas chicas de 14 años que yo hasta había llegado a arreglar citas por mail y les pareció insólito. No suelo ser nostálgica y abrazo las virtudes de la mensajería instantánea y las redes, pero me sigue gustando escribir mails”, cuenta Lucila Pinto, periodista, que junto con su amiga la periodista y editora Tamara Tenembaum, empezó hace un tiempo un newsletter llamado Amigas por correspondencia. Inspirado en las largas conversaciones que mantenían sobre los más diversos temas y la revalorización reciente del formato, el newsletter de las chicas se suma a esta incipiente tendencia.

“Estaba suscripta a varios newsletters que me encantan, ese fue el disparador de Amigas por correspondencia. Cada semana, con Tamara, nos mandamos mails (hablamos de libros, series, películas y las cosas que nos pasan), y los jueves nuestros suscriptores reciben el resultado de esa conversación, también por mail. Nos interesó el concepto medio ñoño de “amistad por correspondencia”, que era algo que ofrecían las revistas cuando éramos chicas. Enseguida un montón de gente nos empezó a contar sus anécdotas de amistades por carta y hasta armamos un especial”, explica esta millennial, mostrando que el interés también se da en chicas más jóvenes en una época coptada por la instantaneidad y las redes.

Entre algunas de las variables que han contribuido con este fenómeno se encuentran la mejora del mail gracias a filtros antispam y herramientas digitales más sofisticadas que nos dieron la posibilidad de personalizar qué leemos y de quién. Es decir, nuestras casillas de correo se están volviendo nuevamente espacios habitables, y no abarrotados de publicidades o invitaciones a participar de “negocios imperdibles”. Pero, sobre todo, se han vuelto pequeños descansos en la marea imparable de noticias, notificaciones y demandas sociales y, fundamentalmente, algo acotado en el tiempo y espacio -a diferencia de la web, activa las 24 horas. Un newsletter es algo que podemos empezar y terminar de leer.

El sentido de lo artesanal y la personalización, o más bien, la sensación de formar parte de un pequeño y selecto “club”, también son aspectos que juegan un papel en todo esto, como plantea Lolita Copacabana, escritora y editora en Momofuku Libros. “Exiliada” por dos años debido a una maestría en escritura creativa en el remoto Iowa, Estados Unidos, comenzó su propio y recomendable experimento con los newsletters: Cartas de Iowa.

Por ejemplo, en su primera entrega, cuando tuvo la noticia de su beca en Iowa, escribía: “Una chica puede soñar, es cierto, con compartir alma mater con gente como A.M. Homes, Joy Williams, Elizabeth McCracken, Raymond Carver, Nelson Algren, Kurt Vonneghut y Philip Roth. Puede juntar papeles y certificados y las más amorosas cartas de recomendación, pasar meses con los dedos cruzados a la espera de una respuesta favorable; pero... ¿puede una chica, en caso de ser dada la bienvenida, estar a la altura de las circunstancias?” “Creo -dice la escritora- que el newsletter funciona como funcionan las postales, las cartas, las notas de agradecimiento a mano y todas esas cosas que a mí me gusta seguir mandando de vez en cuando por correo “normal”. Es tan impersonal ya lo que uno recibe en el mail, que da una alegría enorme ver a la casilla salpicada de cosas que están hechas con amor, o que amamos, o incluso, que nos entusiasman un poco. También, con los ritmos de hoy, eso de que te traigan las actualizaciones periódicas a tu casilla funciona de maravilla en contraste con la “catarata” de información de Facebook o Twitter”.

Pero lo que caracteriza a los nuevos suscriptores de estos formatos no sólo es una resignificación del soporte mail, sino también una búsqueda de otros tiempos para la lectura y la escritura. Una carta de amor por la palabra escrita en plena era del lenguaje visual. “Internet se llenó de videos, audios e imágenes, especialmente desde que aparecieron las redes sociales”, sugiere Tenembaum.

“Creo que son proyectos humildes, con un espíritu muchas veces bastante indie, con cierta intimidad entre quienes los hacemos y la gente que recibe las ‘cartas’. A ese nivel son un fin en sí mismo y, adictos y saturados de lo público como estamos, me parece que sentimos un alivio en encontrarnos de vuelta con un registro más íntimo”, completa Copacabana, quien con su newsletter explora lo que podría llamarse una nueva forma de literatura epistolar intimista.

Esta tendencia, también, viene exportada de afuera con numerosos autores de la llamada “Alt Lit” (algo que podría significar tanto la tecla Alt como un apócope de “alternativo”) , que han transformado conversaciones por este medio, cartas y hasta mensajes instantáneos en novelas. “Otros de los motivos por los que empecé mi newsletter -dice Copacabana- fue una combinación del hecho de estar por mudarme de país con una debilidad por la llamada “literatura menor”.

En papel, web, y de vuelta por mail, la palabra sigue encontrando sus caminos.