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Sobre el Paraíso sopla un huracán: viaje a Moscú de Walter Benjamín

Jorge Luis Rodríguez Reyes, 07 de noviembre de 2017

Parte I

«Ella se quedó ahí un largo rato, diciéndome adiós. La saludé desde el trineo. Me pareció que se alejaba caminando de espaldas, pero luego la perdí de vista. Sosteniendo la enorme valija sobre mis rodillas, transité por las calles hacia la estación, al atardecer, con lágrimas en mis ojos».1 Walter Benjamín soñó con un final distinto al anterior en su proyectado viaje a la Rusia comunista. Sin dudas, él, que fue experto en análisis textual y en escritura no debió imaginarse que a noventa y un años del cierre de su diario moscovita su visita brindara aún tan exquisitas variables interpretativas.

Este diario, escrito en su viaje a la flamante nación marxista con motivo anunciado de considerar su ingreso al partido comunista alemán, tenía de trasfondo reencontrarse con una pasión que lo desbordó: Asja Lācis, actriz y directora de teatro letona.

Diario de Moscú se distingue en su amplia obra; la travesía más directa, quizá la única, al centro mismo de la personalidad de Walter Benjamín, un autor poliédrico si los hubiera. Es un nicho valioso por la cantidad de informaciones personales que ofrece en un momento crucial de su vida, y a la vez, por el encanto de ver una ciudad, y la formación de un sistema social de la naturaleza del primer Estado Socialista desde el prisma de Benjamín.

Está lleno de detalles íntimos que relata minuciosamente en su escritura mientras explora, como un obseso, una Moscú gélida, pueblerina y extraordinaria para la lupa con la cual mira este filósofo que sufre, al mismo tiempo, un angustioso triángulo pasional. El pensamiento de Benjamín y su mirada calidoscópica nos seducen por la lucidez empleada para diseccionar la sociedad bolchevique, pero su escritura es directa, sin afeites y resulta triste.

Llega el seis de diciembre de 1926 a la estación Bielorrusa-Báltico y nadie lo espera, al rato llega Bernhard Reich, dramaturgo, director, crítico de origen austríaco y nacionalizado soviético en los años 20, pareja de Asja Lācis. Poco después aparece esta. No le agrada verla: está hundida en un gorro de piel rusa y con el rostro inflamado.

Benjamín logra que la revista Die Kreatur le financie parte del viaje, no tiene muchos recursos, al final de este su esposa [Dora Pollack] le envía algo de dinero; no se le salda la deuda contraída por Bernhard Reich y Asja Lācis que iba a ser honrada en el viaje. En algunos pasajes se queja Benjamín de lo cara que es la vida en Moscú. A pesar de ello la vive a tope: Reich y Asja son parte inseparable de decenas de visitas a teatros, ballets y museos, además son la posibilidad de codearse con la nomenclatura cultural.

Al parecer Benjamín pretende aprehender la ciudad, reducirla a su escritura: observa, indaga y ausculta el palpitar de una urbe y el entramado social que parece escapar en el instante de su mejor definición, si recordamos a Lezama.

Puestos a hacer un balance hay dos obsesiones fundamentales de Benjamín en su viaje: la primera, y parte de central de este iceberg, es su relación extramatrimonial con Asja Lācis, que dos meses antes fue internada en el Sanatorio Rott, y allí estaba cuando llega Benjamín, ya la oportunidad para la pareja es mínima, se percibe en su escritura y por la frialdad perenne en casi todos los encuentros. La otra, igual de importante, es lograr una aprehensión de la ciudad, descifrar esa sociedad comunista que como pensador lo atraía, además de sus compromisos para las revistas de occidente; en menor escala agoniza la tasación de adherirse o no al partido comunista alemán.

Es conocido que la relación entre Asja Lācis y Benjamín se inició dos años antes en Capri. Debió ser una relación fragmentaria e imposible; llena de vacíos, terceros y por demás mezclada de intereses intelectuales: ella facilitó que Walter Benjamín conociera a Brecht, al cual lo signó una profunda amistad y tanta influencia gozó en su pensamiento; Benjamín y Asja firmaron un artículo sobre Nápoles, y él colaboró en la escritura de su proyecto para un teatro de niños proletarios que ella promovió. Benjamín le dedicó su libro Calle de sentido único; dice la cálida dedicatoria: «Esta calle se llama calle de Asja Lācis, nombre de aquella que, cual ingeniero, la abrió en el autor».2

Se siente muy atraído por esta letona hermosa, comunista y de pensamiento, ella lo hace inclinarse por conocer el marxismo y el comunismo, hasta rechazar una cátedra en Jerusalén que le ofrece su gran amigo Gershom Scholem...

Debió ser muy incómodo para Benjamín verse inmerso en la restauración de esa relación teniendo tan cerca a Reich, que muchas veces compartió la habitación y le oficiaba de guía en la ciudad. De ese tema no hay una palabra significativa en el diario, salvo un reclamo que le hace Asja a Walter: «¿Quieres seguir jugando a ser el amigo de la familia con el General3, también? Si él fuera tan tonto como Reich y no te echara de la casa, no tendría nada en contra de eso. Y si de hecho te echara, tampoco tendría nada en contra de eso».4

Aunque sí existe un in crescendo de tensión entre Reich y Benjamín, este último lo refiere a discusiones políticas referidas sobre todo a los artículos y reseñas que escribe para occidente que Reich ve como torpes o inadecuadas. Benjamín hace lo imposible por no incomodarlo, incluso hay momentos que silencia sus respuestas.

Está en el corazón del naciente imperio soviético y no conoce el idioma y ello hace que dependa de otro, restringiendo así su albedrio: la lengua, su arma de batalla, aquí le es esquiva. Escribe y por momentos traduce a Proust, le lee a Asja escritos que sabe no hallan eco en el corazón letón de la actriz.

En ese sentido, como primera variable de la visita a Moscú, es un viaje fallido. En su conocido escrito sobre la una pintura de Paul Klee, Angelus Novus, cuadro que acompañó por muchos años a Benjamín, señala: «… Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso».5 Sin dudas es una metáfora aplicable a él.

  

Notas

1 Benjamín, Walter: Diario de Moscú, p. 128.
2 Benjamín, Walter. Calle de sentido único, p. 6.
3 Se refiere a un general del Ejército Rojo que la corteja abiertamente.
4 Benjamín, Walter: Diario de Moscú, p. 113.
5 https://es.wikipedia.org/wiki/Angelus_Novus [Consulta: 30/10/2017]