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Cubaliteraria de fiesta

Virgilio López Lemus, 10 de noviembre de 2017

Una casa editorial es un albur. Una suerte de pájaro en mano ante cien volando. Una suerte de pájaro volando con cien en la mano. Un ejercicio constante por existir, pues su existencia se llama publicación, y esta palabra pareciera sinónimo de libro. El ciberespacio nos demuestra que hay muchos modos de publicar un libro, e incluso de publicar artículos, poemas, cuentos y hasta novelas íntegras. De publicar cualquier cosa escrita. La batalla entre la impresión digital y la difusión sobre papel se ha entablado hace ya varias décadas. Yo creo que triunfarán las dos, avenidas en una honda amistad. Creo en esa amistad.

Cubaliteraria se lanzó al mundo en el año final del siglo XX, e hizo su aparición definitiva en el 2000. Ha cumplido diecisiete años. Yo no sé bien qué tiempo se requiere para instituirse una «tradición», pero Cubaliteraria va siendo ya una editora tradicional cubana, que tiene delante de sí caminos por ella inexplorados. Ha tenido demasiado directores, su personal ha sido demasiado fluctuante, y ha sobrevivido. Requiere ella de la permanencia, que ofrece el amor y el sentimiento de «pertenencia», no que se pertenezca a ella (falso sentimiento en que uno se siente parte prescindible de «algo»), sino que ella nos pertenezca (bello sentimiento en que sentimos que ese algo colectivo también nos pertenece, sobre todo como «propiedad espiritual»).

He sido y soy un insistente colaborador de Cubaliteraria. Su proyecto editorial abierto al mundo, a través de los canales de Internet, cuenta con mi simpatía y mi anhelo de verla crecer aún más, dominando sus propios sitios web, sus páginas de diario y revista, sus secciones de autores, su noticiero cultural, sus e-books, sus libro-discos, para un dominio amplísimo del mundo digital y de la divulgación mundial de su trabajo, de la labor de los escritores y artistas cubanos y de muchas otras partes del mundo.

Cubaliteraria debe seguir atenta al flujo constantemente móvil del orbe digital. Informada e informando, su labor es primordial en el campo en que la literatura cubana se ha movido menos. En breve será la decana de las editoriales digitales cubanas. Tiene responsabilidad con las letras y las artes de Cuba, dondequiera que ellas se produzcan. Cubaliteraria no es un sueño, sino una realidad cambiante. Precisa estabilidad (económica, de equipos óptimos, de personal, editores y directivos, colaboradores…) y aperturas constantes hacia nuevos proyectos, con poderosa inventiva y capacidad de respuestas ante los retos que le impongan las circunstancias. Solo así sobrevivirá y, más que eso, aumentará su prestigio como necesidad editorial. Cubaliteraria no es un juego ni un proyecto onírico. Cubaliteraria es una labor colectiva que precisa incluso más entusiasmo y amor.

En su diecisiete cumpleaños, flor de edad, le deseo la fuerza de la constancia, el tesoro del tesón, voluntad de apertura y de cambio constante, pues lo que no cambia se anquilosa, retrocede, se convierte en conservador y ese es solo un paso hacia el dogma y la crisis retrógrada. Líbrese Cubaliteraria, y todas las editoriales cubanas, de tales anti-dones. Y ahora festejemos, porque diecisiete años de trabajo es cifra hermosa, porque el trabajo logrado se festeja y premia a sí mismo.