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Otras tonadas del violín de Eldys

Enrique Pérez Díaz, 25 de diciembre de 2017

Hay muchas maneras de conocer a un escritor. Infinitas formas de leerlo. Asombrosos modos de conectar con su obra y hallar los asideros que la atan a sí mismo o esos puentes que tiende, cual hilos invisibles, para conectar con otras estéticas, tanteos, derroteros literarios. Hace años tengo el dulce castigo de leerme los libros de Eldys Baratute cuando apenas son esbozos que nacen en su mente. Es una deuda que guardo con alguien que llegó a mi vida lleno de ideas imposibles y poco a poco fue descubriendo, gracias a su constancia, estudios e imaginación y talento desbordantes, el arma secreta de un escritor. Los escritores somos dueños del mundo. Lo reescribimos y hacemos que otros se vuelquen adentro de esa invención. A veces la gente duda más de la realidad que de los libros. Es saludable hacerlo. Porque los libros superan a la realidad con creces. Aunque en oportunidades ella se desquita. En los libros desdibujamos los contornos de otros mundos. Anticipamos hechos. Redescubrimos incluso a personajes reales, que en nuestro estilo, tras el retrato, pueden incluso ser más amados y comprendidos que como lo fueran en su época.

En su literatura intertextual, con mudas que se vuelcan a sus propios textos y se interconectan a otras tantas escrituras de sus contemporáneos, Eldys Baratute da señas innegables, en cada nuevo libro suyo, de una búsqueda perenne y un constante ejercicio de la búsqueda como motor que impulsa su creación.

Otras tonadas del violín de Ingres, recientemente galardonado con el Premio de la Crítica Literaria, es de los libros de Eldys que más me inquietan desde que lo descubrí mientras se escribía, luego cuando realicé una primera lectura en un viaje a provincias y justo ahora, mientras lo revisito conminado para hilvanar estas palabras de hoy.

Vale decir que la inquietud flagrante de Eldys siempre me sorprende. Su experimentación y búsqueda me regocijan y el modo en que, a lo largo y ancho de su geografía literaria ha ido entramando ambas, me revelan que es uno de los narradores para adolescentes más aventurados de hoy en día.

Un escritor llega a una sala misteriosa del Museo Nacional de Bellas Artes fascinado por la idea de escribir un libro biográfico sobre aquellas otras aristas creativas que puedan haber tenido algunos grandes pintores cubanos. Su tesis es la del violín de Ingres, quien según la leyenda se descubrió un día poseedor de habilidades artísticas varias. Tras deleitarse con la casi conspirativa visión de sus originales, celosamente guardados en la institución so riesgo de ser lastimados o víctimas de un hurto, mientras su directora no le pierde pie ni pisada, el escritor descubre un legajo de papeles amarillentos que vienen para reforzar su idea inicial: estos pintores objetos de su elección alguna vez quisieron comunicar a la infancia venidera sus impresiones en un grupo de cuentos misteriosamente emborronados, más por el azar de un afán comunicativo con la posteridad que por un ejercicio del estilo o del criterio estético. Este que leeremos pues, es aquel conjunto de cuentos apócrifos, según su autor, hallados en lo más recóndito de un museo, casi como un alegato de sobrevivencia de un tiempo pasado que con valentía se proyecta al futuro.

Vale recordar las vidas efímeras, alienadas, evasivas y sencillamente ajenas a los devenires del mundo de muchos pintores o quizás esa íntima certeza que cualquier creador posee de no ser suficientemente entendido o valorado por sus contemporáneos.

En realidad, los grandes artistas son poseedores de varios dones. Algunos cantan y son capaces de modelar el barro. Otros escriben y pintan. Muchos literatos también tejen arte desde un instrumento. Algunos actores pueden incluso cantar, escribir o danzar al mismo tiempo. Los más, además del arte que cultivan, son grandes oradores o histriones. Incluso ha habido creadores que en sí reúnen tantas habilidades que numerosos humanos jamás soñarían poseer. Una sensibilidad especial, un acercarse diferente a la belleza, a lo sutil, a lo intangible los hacen portadores de ese don.

De tal modo, vamos deambulando por el recrear literario que los propios pintores pudieran haber hecho de sus propios cuadros. Ejercicio complejo el del autor, que entre telones nos devela rasgos de la personalidad de cada autor, enmascarados en la propia trama de sus posibles cuentos. Hay mucho por descubrir en este libro, como les decía inicialmente. El tamiz, la entretela de cada relato y su derrotero conducen a un laberinto de historias colindantes entre el “pudo haber sido”, el “es posible” o lo “absolutamente increíble”.

Ficción, realidad, conjunción de muchos tiempos en el Tiempo y el tono alternativo de un libro por momentos espectral, con escenas oníricas y otras suprarrealistas. De todo encontraremos en este grupo de ¿cuentos, relatos, memorias, atisbos, pinceladas?

Otras tonadas del violín de Ingres se abre como esos lienzos mágicos por los que pudiéramos perdernos sin llegar a descubrir jamás el camino del regreso. ¿Valdría la pena encaminar alguna vez los pasos por el camino del regreso? Pudiéramos preguntarnos. No sé. No me atrevo a decirlo. Es muy difícil predecir si hay caminos que conocen los pasos del regreso. Quizás en el acto de regresar se trastocan los caminos y la propia meta ya nunca más será la misma.

¿Volveríamos todos a vivir otra vez la misma vida? ¿Tendría sentido hacer en el futuro lo que negamos al pasado? ¿Valdrá la pena dejar correr la existencia para, en lugar de vivirla, sepultarnos entre las páginas de un libro, los contornos de un lienzo o las tonadas de un violín? El papel del artista en su mundo y en la sociedad. Su toma y daca del entorno. Su relación con lo circundante y sus congéneres. De todo eso y más nos transmite este libro inusual, donde las costuras de lo intangible tejen moderadamente los trazos de lo real y en el cual lo vivido viene de la mano del sueño más imponderable.

Texto inquietante, filosófico, existencial, nos contagia con el entorno de la modernidad cubana, ese exquisito fresco que conformaron cada uno en su tiempo, ámbito y estilo, pintores de nuestra historia plástica como Víctor Manuel, Mariano Rodríguez, Fidelio Ponce, Carlos Enríquez, Marcelo Pogolotti, Eduardo Abela, René Portocarrero, Amelia Peláez, Wifredo Lam.

En algunos cuentos los vemos como pudieron ser de niños; apartados, solitarios, imaginativos, soñadores, repensando en sus dibujos iniciales el mundo que no entienden o precisamente aquel mismo al que sueñan trascender. En otros, son humanos normales, con sus penas y furias, anhelos incumplidos, devastadores recuerdos o perturbadoras relaciones humanas.

Recordaba la fábula del pintor chino que, huyendo del despótico emperador, desaparece en el propio óleo que le han encargado. Eso pudieran ser estos cuentos, este increíble libro tan lleno de imágenes visibles (como las que reproducen los cuadros o esas que regalan tan atinadas ilustraciones de Jorge Luis Mendoza), como esas más poderosas imágenes que su autor nos traza todo el tiempo.

Sin perder de vista sus constantes estilísticas o temáticas, como puedan ser la intertextualidad y la denuncia de males contemporáneos, o su interés por la adolescencia y la niñez, el Eldys Baratute de Otras tonadas del violín de Ingres demuestra, sin embargo, tener lazos comunicantes con otros autores cubanos. Como nunca antes, se evidencia tributario de estéticas que hasta ahora no habían aflorado en su narrativa, por demás muy imaginativa y alegórica a los procesos de crecimiento de los niños en un mundo adulto. En Otras tonadas… hay una herencia innegable del barroquismo carpenteriano, un surrealismo heredado de esos mismos pintores biografiados, cierto realismo mágico del que todos somos legatarios, bastante del humor criollo de escritores de la talla de Onelio Jorge o Ivette Vian y cierta dosis del mejor naive de Dora Alonso.

Libro interesante sin duda alguna, que nos hace volver, una y otra vez, a sus páginas, Otras tonadas del violín de Ingres propone, finalmente, un regresar a estos pintores, la búsqueda de su obra que es un legado magnífico al futuro, la indagación en sus vidas llenas de sombras que este libro, con sus valientes acordes, nos hacen entrever, nos permiten disfrutar… entre arpegios, semitonos, allegros, moderattos y, sobre todo, muchos expresivos silencios…