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El Haití que no se acaba nunca

Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli, 05 de enero de 2018

Hay un Haití que late muy dentro de Amelia. Hay una parte de Amelia que aún sigue latiendo desde Haití.

A ese país caribeño —de tanta gloria y tradición antes, de tantos azotes y contrastes hoy— llegó la periodista, algunos años atrás, como enviada especial del diario de mayor circulación en Cuba.

Y la reportera le escudriñó los rincones, palpó el dolor de su gente, la riqueza de su historia y su cultura. Le encontró la sonrisa devuelta a algún niño de las manos de un galeno cubano. Retrató al país que la marcaría para siempre.

Haití le desató lo mejor de su periodismo y una sensibilidad otra —más fuerte— que trasciende el momento y encarna la palabra. Se torna crónica.

Del dolor de la gente y de la alegría a veces arrebatada, Amelia Duarte de la Rosa dejó que los sentimientos dictaran lo que los ojos veían, y trajo a los lectores cubanos nuevas miradas de una nación que ya había sido desandada por otros colegas… Y fue esa sensibilidad tan suya la que dibujó el país que aún destapa recuerdos en la memoria reciente de quienes leímos entonces a esta excelente joven periodista.

Las crónicas publicadas en las páginas del periódico Granma por quien encabeza su Redacción Cultural, se volvieron libro. Haití, despertar de la muerte es el título con el que la autora propone revivir las remembranzas este Sábado del Libro, a las 11:00 a.m., en la Calle de Madera del centro histórico capitalino.

Sobre el ejemplar ha dicho la escritora Marilyn Bobes —también columnista de Cubaliteraria— en un texto publicado en septiembre de 2017 en nuestro portal: “El volumen, que recoge trabajos publicados en el periódico Granma entre diciembre de 2011 y noviembre del 2012 nos muestra a una autora en la cima de sus posibilidades con un dominio del idioma y un poder para las descripciones nada frecuentes en nuestros medios. Porque se trata no solo de reflejar los acontecimientos de un país devastado por un terremoto y víctima de la precariedad, sino de descubrir las esencias de una nación que fue la primera en América Latina y el Caribe en obtener su independencia”.

De su segundo libro ha compartido Amelia con Cubaliteraria aquella dimensión esencial que no se hizo invisible a su mirada: “A mi regreso a Cuba en 2012, motivada por la opinión de varios amigos decidí compilar todas las crónicas y artículos en un libro, aunque no estaba muy segura que en realidad funcionaría. Luego, regresé a Puerto Príncipe en 2014 y lo que vi en ese país me sorprendió y me alegró enormemente”.

“Fue entonces, cuando tomé la decisión de presentar el libro, con mi visión del antes y el después, a una editorial. Finalmente, después de tres años, el libro acaba de ver la luz y eso me alegra muchísimo”, prosigue la autora.

“Haití representó muchas cosas para mí —acentúa la reportera—, en Haití cambié mi forma de concebir el periodismo, de escribir, de ver la vida. Para mí, Haití es una fuente inagotable de vida. Un país al que siempre se puede volver y ser feliz si se sabe apreciar la belleza de las pequeñas cosas. Haití, como mismo digo en el libro, no se acaba nunca”.

Tal vez sea por eso que subraye Bobes: “Duarte de la Rosa ha conseguido poner ante nuestros ojos un territorio de extraña belleza con todo lo que tiene de peculiar ya sea en su cultura o en la idiosincrasia de las personas que la habitan, rasgo este último que es la diana favorita de una periodista que como El Principito, vio con el corazón lo invisible para los ojos”.

La Premio Nacional de Periodismo “José Martí” Por la Obra de la Vida, Marta Rojas y la propia Marilyn serán las presentadoras de este volumen. Y ya ha adelantado la segunda de ellas, desde este mismo sitio digital, dónde descansa el valor y calado del Haití…de Amelia: “(…) tiene el mérito de un descubrimiento más eficaz, sin duda, del que nos dan las imágenes de la televisión, porque su autora ha sabido penetrar con lirismo y objetividad en todo lo que un Alejo Carpentier nos ofreció en sus ficciones”.

La mayor de las Antillas, un retrato altruista en tierra haitiana, Ayti cherie y El fin pero no es el fin, devienen las tres partes —o los tres telescopios— desde las que la cronista propone acercarnos a ese enclave necesario de la geografía, la cultura y la historia latinoamericana y caribeña.

Cuando los lectores se acerquen entonces este sábado al habitual espacio que organiza el Instituto Cubano del Libro (ICL), Haití estará más cerca de La Habana que lo acostumbrado en el mapa. Será la ocasión de escuchar, de la voz de Amelia, no solo las páginas impresas ahora por la Editora Política sino las páginas otras que subsisten en su pecho. Las crónicas que atan un fuerte nudo en la garganta y, con los extremos salientes, logran asir al lector a lo que Marta Rojas ha denominado un ejemplo de “periodismo raigal, de la mejor factura”.

 

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