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Gimena del Río: un manuscrito digital, un texto en construcción

Sheyla Delgado Guerra di Silvestrelli, 09 de febrero de 2018

Volver a La Habana es una especie de suerte para ella. Más bien un privilegio nuestro. Y más cuando el regreso tiene credenciales en un punto mágico de la ciudad, acá donde la bahía mira a La Habana y le hace un guiño literario.

Invitada por una editorial que le es muy cercana, Cubaliteraria, la Dra. Gimena del Río Riande llegó por estos días a La Cabaña para participar en la Feria Internacional de Libro 2018.

Doctora en Filología Románica y Magister en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid, se desempeña como investigadora adjunta del Instituto de Investigaciones Bibliográficas y Crítica Textual (IIBICRIT-CONICET). También es experta en Investigación y Recuperación del Patrimonio Literario por la Universidad Autónoma de Madrid y vicepresidenta de la Asociación Argentina de Humanidades Digitales.

El Cañonazo aprovechó entonces la suerte de coincidir con ella y Gimena accedió al diálogo.

Lo digital en la democratización de la cultura… ¿Hasta qué punto los mecanismos electrónicos de feed-back perfilan, desarrollan, un “olfato” editorial y un ojo crítico en la identificación de nuevos circuitos de intereses en las comunidades lectoras, cuando la digitalidad supone lectores/ sujetos críticos on-line?

Lo digital como medio, que permite por primera vez esa comunicación entre muchos, nos pone también ante nuevos desafíos, desde el lado de la producción y desde el lado del consumo.

Desde el lado de la producción, nos lleva a crear textos que puedan ser de interés para nuestra comunidad; que puedan estar en lo que hoy se llama "acceso abierto". Es decir, la producción científica en manos de la comunidad y en formatos también accesibles.

No es lo mismo poner un gran texto a línea seguida en acceso abierto, en un formato web desarticulado, sin colores, que en un texto enriquecido, un PDF  descargable… donde la persona que lo va a leer sea interactiva y que, al circularlo, logre desarrollar un pensamiento crítico.

Entonces ahí nos vemos ante esta operación que siempre estuvo: la lectura es una operación crítica. Siempre que estamos leyendo, en todo formato, estamos ante una actividad crítica, no lineal.

La democratización de la lectura, de la cultura en general, constituye algo muy importante para todos los países. Por eso los medios digitales son tan relevantes a la hora de pensar la cultura. No resultan un elemento más, no son una cuestión elegible, sino algo transversal para todos los países, porque nos permiten —por primera vez— que una gran parte de nuestros países pueda tener acceso a los contenidos.

¿Cómo revitalizar el mundo editorial a partir de objetos transmediados y qué ventajas suponen estos últimos, de cara a un lector más exigente, que se va desplazando hacia nuevos formatos y es más selectivo en los contenidos que lee?

En primer lugar, algo sumamente significativo es evolucionar con los medios. El editor está llamado a hacerlo.

Podemos ser admiradores del libro en papel, yo lo soy; hay libros en papel que son obras de arte. Se puede ir a un museo y ver los primeros incunables, los primeros impresos, maravillarse ante esas posibilidades de la imprenta hace siglos y pensar cómo las hacían sin dispositivos móviles. Pero, aunque seamos admiradores de los libros de la antigüedad, el editor está llamado a evolucionar con los medios, porque el mundo sigue y el lector también se acomoda a las herramientas que tiene y utiliza para la comunicación.

Ahí es donde se debe generar esa sinergia, por eso la significación de lo transmediado. No estar pensando en un lector que solo lee libros como hace 20 años; el de ahora también lee libros, pero es un lector asiduo de blogs, de sitios de investigación o de divulgación, donde pueden descargarse ebooks gratuitos.

Hay miles de posibilidades hoy día para el lector en la web, entonces el editor tiene que aprovechar todos esos nuevos formatos para hacerlos parte del trabajo editorial y para que dialoguen con lo que es su objeto central: el libro.

El libro es una historia, finalmente, un libro es una historia. Lo que hacemos cuando estamos pensando en estos nuevos formatos que lo alimentan, es pensar en cómo agrandar esta historia, cómo darle al lector también otras formas de lectura, otras maneras de completarla. Formas elegibles.

Muchas veces tenemos libros que conviven con aplicaciones móviles. Ese diálogo entre los distintos formatos es muy importante, pero también necesita de un ojo que pueda curar los textos, y que cure los formatos además. Y ese es el trabajo del editor.

Por eso insisto en que, en el ámbito de la cultura y de los nuevos medios, la figura del editor se vuelve importantísima. Si por mucho tiempo esa figura quedaba medio desdibujada, o en una zona gris, en este momento vuelve a ser un agente central en la producción textual en la web.

Háblenos sobre la convivencia que pueden tener los diferentes formatos desde la complementariedad (ninguno excluye ni destrona al otro), cuando subsiste todavía cierta reticencia en el propio mundo editorial hacia la digitalidad. Se pregona la convivencia, pero no siempre se asume…

Veo muchos desafíos en este sentido. Enfrentarnos a formatos nuevos es un desafío. También, pensar en cómo trabajarlos. Una reacción frecuente es: “¿Tengo que trabajar más? Ya yo tengo mucho trabajo. ¿Además de editar libros, tengo que editar una página web? ¿Voy a llevar un blog? ¿Cuánto más voy a tener que trabajar?”.

Pienso que el editor tiene que ser un guía, un gestor de proyectos.

Es un momento de mucho movimiento, de muchas preguntas. Un momento crítico, donde los editores están muy interpelados en su actividad. Eso, de algún modo, hace que la actividad esté creciendo. Preguntarse por lo que uno desarrolla es también una forma de reflexionar y de crecer. En este punto, la actividad del editor hoy está siendo resignificada.

A propósito, la edición en esa dualidad de ciencia y arte revoluciona el entorno y las propias rutinas productivas, ¿cómo se van transformando los espacios… y en qué se traduce esa “mutación”?

Todo se transforma. Vuelvo a la maravillosa Katherine Hayles y a ese libro How We Think: Digital Media and Contemporary Technogenesis (Cómo pensamos: los medios digitales y la tecnogénesis contemporánea ), que me parece fundamental para entender cómo estamos produciendo.

Muchos editores trabajan en distintos espacios y pueden estar comunicados, a pesar de encontrarse en países distantes. Ahí existe una transformación que antes no se pensaba.

Ya el editor no está llamado a trabajar dentro de la imprenta, solo se encarga del proceso digital. Otros son híbridos (mundo digital e impreso). Todo esto implica nuevos espacios, nuevas herramientas de trabajo. Estos cambios tienen que realizarse atendiendo a los espacios de cada cual.

Usted, que es experta en este ítem y una voz calibrada en la región, ¿podría tomarle el pulso a las Humanidades Digitales en América Latina y el Caribe, y atreverse a un diagnóstico?

Las Humanidades Digitales en América Latina no están completamente institucionalizadas, a diferencia de lo que ocurre en Norteamérica y Europa. Allí, a pasos agigantados, vienen institucionalizándose a través de maestrías, doctorados… Hay agencias de investigación que financian estos proyectos investigativos.

Por el contrario, en América Latina el espacio está muy desarticulado, con grandes brechas en el acceso a la tecnología.

Para crear un espacio verdaderamente crítico en nuestra región, necesitamos disponer de estas herramientas. Hay un gran interés y un desarrollo en el pensamiento crítico para utilizar esos instrumentos tecnológicos. Esa es un arma muy importante porque nosotros reflexionamos sobre esta actividad, en los países que disponen de los recursos no hacen esto, solo utilizan las herramientas y ya.

Es esencial que en nuestra región se reduzca la brecha digital, hay que cortarla ya. Esto no es una abstracción ni algo que estemos inventando. Las Humanidades Digitales están llamadas a hacer de este campo algo que pueda ser utilizado por la mayoría de los investigadores. No pueden ser solo para proyectos individuales de quienes disponen de dinero. Hay que darles espacio a los proyectos comunitarios, colectivos. Por ahí, creo, las Humanidades Digitales en América Latina están muy vivas.

En el caso de Cuba, una de las cuestiones que me llama la atención es el enorme interés que tienen los cubanos por la tecnología.

Cuando hablas con los colegas cubanos encuentras una reflexión muy avanzada sobre lo que son los nuevos impactos digitales en la cultura y en la sociedad. Esto es entendible porque Cuba apostó por el desarrollo cultural de su pueblo.

Si se le da a la cultura un lugar fundamental y se visibiliza en un espacio como lo es la Feria del Libro, va a generar un desarrollo en la mayor parte de la sociedad. Acá existen formas de desarrollo más creativas para trabajar con la tecnología.

Cuba puede, sin duda, proponer cuestiones muy interesantes en el campo de las Humanidades Digitales en América Latina.

En medio de la encrucijada o meeting point de las Humanidades Digitales… ¿cuáles son los retos en el camino mediato e inmediato —además de la brecha digital—, y qué preguntas formularnos a la vuelta de la esquina?

Retos hay muchos. Cómo volver al texto es uno de ellos. Otro a superar resulta la imagen del humanista trabajando en la soledad. Hay que pensar en un trabajo más colaborativo, constructivo. Tenemos que trabajar con otros que vienen de diferentes campos de las Humanidades. El otro desafío sigue siendo el de disponer de una gran infraestructura tecnológica, esto no se puede obviar. Todas estas cuestiones van a medir la calidad de nuestros trabajos.

Si Gimena fuera libro, ¿cómo se llamaría y en qué soporte se leería?

Yo soy una lectora de múltiples soportes. De hecho, si en estos momentos existieran tablillas de cera, me encantaría leer en ellas también.

Soy “deformación” y “de formación” medievalista, de suerte que mi mundo simbólico es el mundo simbólico del manuscrito, del códice…del códice pergamináceo, de las escrituras antiguas.

Soy una enamorada de la materialidad del texto y de estudiar los textos en su materialidad. Así que casi todo lo que encuentro es una relación de intercambio.
Si tuviera que elegir un formato, me costaría mucho trabajo hacerlo, los elegiría a todos primero, pero creo que me quedaría con un manuscrito digital, y se llamaría Texto enriquecido o Supertexto.  Siempre que sea un texto que genere familia, que dé lugar a otros.  Eso es lo que me apasiona, por eso me gusta lo digital.

¿Un texto en construcción?

Un texto en construcción. ¿Por qué no? Que siempre esté en construcción. Me encantó.