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Anagrama. Casi 50 años de historia

Oriol Castanys, 09 de febrero de 2018

En 2019, o sea el año que viene, Editorial Anagrama cumplirá sus primeros cincuenta años de vida.

Creo que me puedo permitir hablar sin ninguna falsa modestia de esta gran empresa cultural que ha sido y es Anagrama, ya que si bien desde hace cuatro años colaboro con la Editorial, todo el mérito recae en Jorge Herralde, fundador, ideólogo, motor y arquitecto de un sello que se ha convertido en referente para todos los lectores de España y de Hispanoamérica.

Mi relación con Jorge Herralde viene, sin embargo, de lejos: en los años setenta trabajé en una mítica librería de Barcelona propiedad de su esposa Eulalia Gubern y más tarde, siendo yo director de Distribuciones de Enlace, fui responsable de la distribución de Anagrama, pero ha sido en estos últimos años cuando he tenido la oportunidad de colaborar estrechamente con él como gerente de la editorial. Ni que decir tiene que para alguien como yo, vinculado toda la vida profesional al sector del libro, acabar mi carrera en Anagrama es el mejor de los premios.

Anagrama empezó en 1969 y lo hizo con tres colecciones: “Argumentos”, “Documentos” y “Textos” cuyos primeros títulos fueron bastante significativos como declaración de intenciones: Detalles de Hans Magnus Enzensberger; Los procesos de Moscú de Pierre Broué y la edición en catalán de El oficio de vivir de Cesare Pavese.

En palabras del propio Herralde, su motivación básica como editor, y cito: “era indagar y reflejar las inquietudes y ebullición intelectual de aquellos tiempos (…) y en esta onda tuvo lugar, a lo largo de la década, la incorporación de textos de Trotski, Rosa Luxemburgo, Mao, Bakunin, Kropotkin, Lenin o el Che, junto con la recuperación de figuras de la heterodoxia revolucionaria española como Joaquín Maurín o Andreu Nin”, y termina añadiendo: “también acudieron a la cita los textos pioneros sobre estructuralismo, antipsiquiatría, freudomarxismo, testimonios de la contracultura norteamericana, surrealistas, píldoras de humor negro o mordaces observaciones duchampianas”, y cierro la cita.

Hay que situarse en la España de aquellos años para entender el alcance subversivo de las propuestas de Anagrama. Fueron años de lucha contra la censura, que Herralde compartió con otros editores de la época como Tusquets, Lumen o Cuadernos para el Diálogo. La muerte de Franco en 1975 y el comienzo de la transición democrática pusieron punto final a esta práctica.

Pero aquella transición tuvo dos efectos contrapuestos y de la ilusión por el cambio se pasó a lo que vino a llamarse el “desencanto”. El genial Manuel Vázquez Montalbán acuñó una frase que se ha hecho célebre: “contra Franco vivíamos mejor”. Este desencanto afectó también a Editorial Anagrama, a la mayoría de editoriales progresistas y a las revistas más comprometidas que vieron de repente cómo sus lectores dejaban de interesarse por los temas políticos y los libros de pensamiento. Herralde se vio obligado a reinventar su proyecto.

Para ello creó dos colecciones que en palabras suyas “sintonizaban bien con el espíritu de un tiempo descreído”. Una era “La educación sentimental”, que exploraba el territorio de la vida cotidiana rechazando convenciones, mojigaterías y autoritarismos. La otra, “Contraseñas”, reunía a narradores agresivos, marginales y salvajes como Bukowski, Copi o Brautigan y también a los llamados “nuevos periodistas” tales como Tom Wolfe o Hunter S. Thompson.

Pero estas colecciones no lograban por sí solas sacar a la editorial de sus dificultades financieras y en 1981, inaugura la colección “Panorama de Narrativas”, la famosa y reconocible colección amarilla, que desde sus principios captó a los nuevos lectores y obtuvo un éxito espectacular que todavía perdura.

Herralde pues, comenzó publicando autores prácticamente desconocidos en España como Jane Bowles o Thomas Bernhard pero enseguida obtuvo dos bestsellers que cambiaron la suerte de la editorial: La conjura de los necios de John Kennedy Toole, que se convirtió en un éxito apoteósico, y las novelas negras de Patricia Highsmith protagonizadas por Tom Ripley un antihéroe tan inquietante como amoral. Estos éxitos arroparon a otros títulos que, a pesar de su extraordinaria calidad literaria, hubieran podido pasar inadvertidos bajo otro sello editorial. Fueron los años de la “peste amarilla”, así es como dice la leyenda que el fundador de Editorial Planeta se refería a la colección estrella de Anagrama.

La buena acogida de “Panorama de Narrativas” permitió poner en marcha una colección hermana: “Narrativas Hispánicas”. Así Anagrama, pasó en pocos años de ser una editorial de referencia en el pensamiento y el ensayo a serlo también en el terreno de la literatura de ficción.

Hay que citar entre los que destacaron más pronto a Álvaro Pombo, Javier Marías, Félix de Azúa, Enrique Vila Matas o Rafael Chirbes, pero también el relevo generacional con autores esenciales en el panorama actual de la literatura española, como Marta Sanz, Sara Mesa, Luisgé Martín, David Trueba o Gonzalo Torné, por citar algunos.

Actualmente estas dos colecciones son las que tienen más peso en la editorial, sin olvidar la primigenia “Argumentos”, la colección más veterana, que sigue proponiendo ensayos y textos para la reflexión y el debate con autores como Gilles Lipovetsky, Pierre Bourdieu, Harlod Bloom o Vicente Verdú.

En 1989 se crea la colección de bolsillo “Compactos” que repropone, a precios más económicos, los libros más imprescindibles del catálogo y que favorece el acceso a un público más amplio y a lectores más jóvenes, además tener una mayor difusión en América.

La escudería hispanoamericana de la editorial es apabullante: Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Augusto Monterroso, por citar algunos mexicanos. Si hablamos de argentinos no podemos olvidar a Ricardo Piglia, Martín Caparrós, Alan Pauls, Graziela Speranza; a los chilenos Roberto Bolaño y Alejandro Zambra, entre otros que incluye venezolanos, peruanos, colombianos, entre otros.

Capítulo aparte merece Cuba, de quien hemos publicado desde Algunos tratados en La Habana de Lezama Lima a los Pasajes de la guerra revolucionaria del Che o a Imperialismo, Tercer Mundo y Revolución de Fidel Castro, pasando por El Interrogatorio de La Habana, de Hans Magnus Enzensberger o Pedro Juan Gutiérrez y Wendy Guerra, entre otros. Sin olvidar la monumental biografía del Che de la que es autor Jon Lee Anderson.

Hace tiempo se decía una maldad sobre los editores españoles, que tiene su parte de cierto: y es que para que un escritor latinoamericano fuera editado en España antes tenía que ser traducido al francés. El catálogo de Anagrama intenta desmentirlo.

Con este gran bagaje la editorial ha llegado al año cuarenta y nueve de su historia. En 2010, Jorge Herralde empezó a pensar en cómo asegurar el futuro de Anagrama. Si había una editorial codiciada en España esta era justamente la suya, en consecuencia le hubiera sido muy fácil llegar a un acuerdo con cualquiera de los grandes grupos predominantes en España. Sin embargo prefirió encontrar a alguien que además de asegurar el futuro de la empresa, respetara y garantizara la continuidad de la línea editorial.

De ese modo llegó a un acuerdo con Feltrinelli, una de las principales editoriales de Italia, propietaria de la primera cadena de librerías del país y de la Fondazione Giangiacomo Feltrinelli, que se ha convertido en una de las más importantes bibliotecas y centros de documentación que existen en todo el mundo sobre los movimientos de la lucha social desde la revolución francesa hasta nuestros días.

Jorge Herralde ha querido asegurar también el futuro de la editorial con la incorporación de Silvia Sesé en la dirección editorial. Silvia, una profesional con gran experiencia en el sector, es una garantía para la continuidad del catálogo al que, además, ya está aportando el aire nuevo que toda empresa necesita.

Ya acabo. Estoy convencido que las lecturas que uno hace a lo largo de la vida son en cierto modo su universidad. Las lecturas nos forman, nos moldean y enriquecen como lo hace un buen profesor. Para mi, en todo caso, la lectura ha significado una parte muy importante de mi formación y en este sentido el catálogo de Anagrama me proporcionó, y sigue proporcionándome, grandes satisfacciones, argumentos para la reflexión, momentos de inmenso placer, deseo de saber más y avidez por conocer otros lugares.

Estoy convencido de que yo no sería el mismo de no haber leído En el camino de Jack Kerouak; sin haberme reído como me reí con La conjura de los necios; sin haberme emocionado con Bella del señor de Albert Cohen. Sin haber sufrido con dos obras maestras de la crónica periodística: un clásico, A sangre fría de Truman Capote y otro reciente, Laetitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka. Nunca podré olvidar la lectura de El dios de las pequeñas cosas, de la escritora india Arundhati Roy o Los detectives salvajes de Roberto Bolaño. Danubio, de Claudio Magris me hizo descubrir un mundo hasta aquel momento para mi desconocido: la mitteleuropa… Y así hasta una lista sin fin de obras memorables.

Y permítanme acabar, parafraseando a Gardel en el famoso tango Volver, diciendo que cincuenta años no es nada. Solo son un principio.