La España sufrida que amó Nicolás Guillén

Ediciones Sensemayá, de la Fundación Nicolás Guillén, publicó en 2017 un libro titulado España, de Nicolás Guillén. La selección y la edición se debieron a Denia García Ronda, quien cuidó el material con esmero, y el Prólogo estuvo a cargo del recientemente fallecido Guillermo Rodríguez Rivera.
En él se recogen los cuatro poemas que hizo Nicolás en honor al sufrido pueblo español en medio de la Guerra Civil de 1936-1939, titulados “Angustias”, y van desde la “Angustia Primera” hasta la “Angustia Cuarta”.
He aquí un fragmento de la “Angustia Tercera”:
La muerte disfrazada va de fraile.
Con mi camisa trópico ceñida,
pegada de sudor, mato mi baile,
y corro tras la muerte por su vida.
La “Angustia Cuarta” está dedicada a Federico García Lorca, ya entonces asesinado. Veamos un fragmento de esta:
Toco a una puerta de cristal.
—¿No anda por aquí Federico?
Viene una mano y me señala:
—Está en el río.
En la República española, en las elecciones de 1936 ganó la izquierda, pero “(...) un trío de generales no resistió la victoria del Frente Popular, y promovieron un golpe de Estado el 18 de julio de 1936, para derrocar a la izquierda en el poder”, nos dice Rodríguez Rivera en el Prólogo. Y efectivamente, para apoyar a los falangistas españoles, sus iguales fascistas, Hitler y Mussolini, mandaron a sus aviones a apoyarlos, bombardeando ciudades y pueblos, masacrando a civiles —niños, mujeres y ancianos—, quienes a pesar de esa enorme fuerza que les atropellaba, decían: “No pasarán”.
Si el Poeta Nacional que fue y es Guillén nos hizo reír y también llorar con su poesía —pero más que nada ayudar a educarnos como pueblo, porque eso hizo, poner en versos todo lo que sufría Cuba, a veces en tonos de son—, ahora en este libro al pueblo español, sumido entre bombardeos y acosado por un ejército falangista, dedica sus “Angustias” en poesía y varias crónicas, todas de una prosa maravillosa. Guillén publicó en México, hace ochenta años, España. Poema en cuatro angustias y una esperanza.
Nicolás Guillén había sido invitado al Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, el cual se celebró en Valencia, en julio de 1937, pero también se desarrolló en Madrid, Barcelona y finalizó en París. Otros intelectuales cubanos de gran valía habían sido invitados: Juan Marinello Vidaurreta, Félix Pita Rodríguez y Alejo Carpentier. Los cuatro participaron ampliamente en el Congreso, pero Guillén, en su primer discurso, cuando la inauguración, dijo: “Contra la masa va el fascismo, pues, y desde luego contra aquellas capas dentro de la masa que han sufrido y que sufren más que otras la explotación tremenda de su trabajo, y cuya elevación es necesario detener, impedir, a causa de su misma utilidad como esclavos”.
Para que se pudiera medir en calidad de qué asistía al Congreso, expresó: “ (...) yo vengo aquí, camaradas, a traer la voz de uno de los grupos (...) que ha sufrido acaso más que ningún otro la injusticia de los hombres, que ha visto durante siglos paralizados sus músculos por la esclavitud y que ha tenido durante siglos paralizada la inteligencia, lejos de toda cultura que pudiera liberarla y esclarecerla; vengo (...) como explotado, como perseguido (...) Vengo como hombre negro”.
En el Prólogo, Rodríguez Rivera dice: “(...) el pueblo español en guerra provocó en Guillén si no el abandono de la poesía, que siempre fue su aliada más fiel, al menos simultanearla con una prosa que emergía de las batallas y le creaba al poeta su propia trinchera”.
Y en el libro se incluyen varias crónicas escritas por Guillén, que tienen el olor a pólvora de los disparos en la guerra y parecen envueltas en el polvo que hacen las piedras al caer cuando los edificios de las ciudades son bombardeados. Entre estas sobresalen: “Madrid sitiado, en su sitio”; “Un poeta en espardeñas” —crónica acerca de un almuerzo con el poeta Miguel Hernández— y “Alas de muerte sobre Barcelona”.
Las crónicas fueron publicadas en los años 1937 y 1938 en aquella revista cubana revolucionaria que se llamó Mediodía, que dirigían el propio Guillén y Carlos Rafael Rodríguez. Se incluyen también parte de estas crónicas —de cuando, posteriormente, salió de la clandestinidad el Partido Comunista, primero como Partido Unión Revolucionaria Comunista y más tarde como Partido Socialista Popular— que fueron publicadas en Hoy, el periódico de los trabajadores cubanos. Al triunfo de la Revolución cubana, otras crónicas aparecen publicadas en La Gaceta de Cuba y en los periódicos Granma y Juventud Rebelde. Pasaron los años, como se puede ver, y Guillén, nieto de su abuelo blanco y de su abuelo negro, siempre llevó en su pecho al pueblo español.