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La historia de un redomado criminal

Fernando Carr Parúas, 13 de abril de 2018

Una historia escalofriante y repudiable, fruto de una investigación detallada y minuciosa, es el libro publicado por la Editorial de Ciencias Sociales con el sello del 50 Aniversario de la fundación de la misma, titulado: La historia íntima de Luis Posada Carriles dentro de la CIA. Con subtítulo: AMCLEVE/15. Expediente 201-300985, cuyo autor es el doctor en Ciencias Jurídicas José Luis Méndez Méndez. 

El autor ha trabajado temas de Derecho Internacional como terrorismo y acciones mercenarias y ha publicado diversas obras al respecto. El subtítulo de la obra se refiere a los datos que poseía la CIA de su “eminente” colaborador.

Esta historia de un redomado criminal está dedicada por Méndez Méndez a la memoria de José Acosta, español; Fabio di Celmo, italiano; así como a las hermanas Brenda y Marlene Esquivel, venezolanas, todos víctimas de Luis Posada Carriles. En los agradecimientos, él apunta: “A todos los que hacen posible que la verdad, la justicia, la memoria y el compromiso prevalezcan contra el terrorismo; a quienes permitieron que esta historia fuese revelada y transmitida”.

El Prólogo está a cargo de esa cabal revolucionaria argentina que es Stella Calloni, quien se ha esforzado por esclarecer los crímenes de la Operación Cóndor, y de esta investigación nos dice: “Este libro es más que un desafío a los silencios”.

Cuando en el libro se ahonda en la vida de este asesino, torturador y terrorista, nacido en Cienfuegos el 15 de febrero de 1928, se narra que siempre andaba con un riflecito con el cual disparaba a perros o gatos. Un día le salió al paso a un carretonero y este le preguntó al joven Posada Carriles si el arma disparaba de verdad, y el muy canalla le apuntó a la cabeza del mulo y disparó, y enseguida el animal se desplomó. Sus instintos asesinos se manifestaron desde muy joven.

En uno de mis muchos viajes a Cienfuegos me contaban que la familia de este bandolero había sufrido a causa de sus “juveniles” andanzas, pero muchísimo más al ver en lo que después se convirtió.

Posada Carriles salió de Cuba el 25 de febrero de 1961, pues se había asilado en la embajada de la República Argentina, y ya a mediados de abril se encontraba en Guatemala, donde había llegado para entrenarse en el grupo de invasores mercenarios que en menos de 72 horas fue derrotado en Playa Girón, pero en su libro Los caminos del guerrero, Posada expresó haber llegado al lugar de embarque “después de la partida” y, por tal motivo, no participó.

Estuvo entrenándose militarmente en Fort Bening, durante doce meses de 1963 a 1964, junto a otros terroristas de origen cubano —escogidos y captados por la CIA entre los emigrados que fueron empleados o funcionarios de empresas estadounidenses radicadas en Cuba antes del triunfo revolucionario— y egresó con los grados de segundo teniente.

Como mercenario al servicio de la CIA, este subteniente del Ejército de los Estados Unidos, tenía residencia y permiso de reentrada en ese país y ya se le habían facilitado distintos pasaportes de varios países. Entonces se deduce que ya tenía un pasaporte estadounidense. Además, documentos desclasificados de la CIA, lo sitúan como agente informante dentro de los grupos de terroristas en Miami.

En su primera misión, tan pronto salió de Fort Benning, en 1964, fue destinado a República Dominicana.

A partir de entonces, el asalariado de la CIA se dedicó a todo tipo de acciones, no solamente contra Cuba, sino contra los amigos de la Revolución Cubana. Una de tales acciones —para la cual fue contratado por Jorge Mas Canosa— fue la de dinamitar barcos cubanos y soviéticos anclados en el puerto mexicano de Veracruz, y para ello contaba con cien libras de explosivos C-4, pero la acción fue abortada por los problemas internacionales que pudieran sobrevenir.

En 1967 ingresa en Venezuela con pasaporte estadounidense. Allí fue el “Comisario Basilio”, en cuerpos represivos venezolanos como la Digepol y la Disip. En catorce ocasiones pudo entrar y salir en viajes Venezuela-Miami, entre 1967 y 1970. Y son conocidas sus actividades como torturador y asesino en la tierra de Bolívar. Por tal motivo, en 1976 le fue tan fácil conseguir dos mercenarios venezolanos para que pusieran en el avión de Cubana de Aviación las dos bombas que lo hicieron explosionar y dejaron sin vida a 73 personas de diferentes nacionalidades: guyaneses, coreanos y cubanos y, entre estos, a la tripulación del avión y al equipo cubano de Esgrima, el cual había obtenido la medalla de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Esgrima, efectuado días antes en Caracas.

Sin embargo, ya anteriormente las autoridades estadounidenses tenían noticias de que esto se tenía planeado hacer con un avión cubano de un vuelo a Panamá, lo cual años más tarde se descubrió —el alumno terrorista se le quiso escapar a sus empleadores—; nunca tales autoridades dieron información a Cuba, con lo que se hubieran podido tomar las precauciones en los diferentes itinerarios de vuelos.

Descubiertos quienes pusieron las dos bombas, fueron apresados por las autoridades venezolanas, así como también los autores intelectuales: Orlando Bosh y Posada Carriles. Pero el terrorista Posada, después que trató de escapar en dos fallidas oportunidades, logró huir. ¿Con la ayuda de quiénes? ¿Quiénes financiaron la fuga?

Con posterioridad, la República Bolivariana de Venezuela ha solicitado infructuosamente a los Estados Unidos su devolución y siempre se han negado entregar a su pupilo.

Cuenta Posada Carriles que al escapar de la cárcel se le preparó un viaje a Aruba en un avión privado y a la semana estaba ya en El Salvador, donde fue habilitado con documentación total a nombre de “Ramón Medina”. Y allí fraguó y ejecutó planes terroristas, comprando a centroamericanos que viajarían a Cuba, y que se dedicaron a poner bombas en hoteles y restaurantes habaneros, las cuales causaron numerosos heridos y la muerte al turista italiano Fabio di Celmo.

Más tarde, en el año 2000, cuando preparaba en Panamá un tenebroso atentado —que incluía no solo el magnicidio contra el presidente Fidel Castro, sino que, además, hubiese causado la muerte de muchos estudiantes panameños, pues se trataba de colocar explosivos C-4 en el Paraninfo de la Universidad de Panamá—, fue detenido junto a otros terroristas de origen cubano confabulados en el macabro plan. Estuvo cuatro años preso, pero —contra toda lógica y sentido de justicia— fue indultado junto con sus secuaces por quien entonces era presidenta de ese país, Mireya Moscoso.

Había llegado a Panamá con un pasaporte salvadoreño a nombre de “Franco Rodríguez Mena”, pero al ser indultado salió con un pasaporte estadounidense, como el “empresario Melvin C. Thompson”. La presidenta panameña, al indultar a los criminales —¿por voluntad propia?, ¿cumpliendo órdenes del imperio?— llamó de inmediato y muy sumisamente al embajador de los Estados Unidos para decirle que ya habían salido del país.

En el libro se incluyen otros valiosos datos en los anexos, entre ellos el acta de la “Entrevista del FBI con Luis Posada Carriles en Honduras” y el “Resumen del expediente personal de Luis Posada Carriles en la CIA, número 201-300985”.

Creo que la lectura de esta valiosa investigación llena de detalles servirá para completar la tenebrosa historia de este asesino confeso.

Nancy Maestigue Prieto, 2018-04-17
Fernando Carr Parúas, 2018-04-04
Nancy Maestigue Prieto, 2018-03-06