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Looren, un paraíso de la traducción

Olga Sánchez Guevara, 25 de abril de 2018

Una residencia enclavada entre colinas, donde diez traductores pueden dedicarse a su trabajo en habitaciones propias, sin excluir la posibilidad de intercambiar con los colegas que coincidan en tiempo y espacio; un retiro aislado de ruidos y en medio de un entorno natural incontaminado, distante varios minutos a pie de la aldea más cercana, y que sin embargo posee todas las comodidades de la vida moderna; un equipo de trabajo que se esmera en brindar atención y apoyo a los huéspedes en cualquier caso, y una surtida biblioteca de más de 8000 títulos, que abarca varias habitaciones: todo eso y más es la Casa de Traductores Looren, en Wernetshausen, Suiza.

La residencia de Looren albergó en sus inicios a la familia del editor suizo Albert Züst, y fue sede de la editorial homónima. Años después de fallecer su padre, Brigitta Züst donó la casa familiar para la realización de un proyecto en el que fue muy importante la iniciativa de la periodista y traductora Regula Renschler, quien tuvo la idea de crear en Looren una casa de traductores. Una asociación que involucra a varias personalidades de la cultura suiza apoya la Casa, que comenzó a funcionar en 2005 y donde además de las becas y estancias para traductores se ofrecen cursos, lecturas y encuentros relacionados con el arte de traducir. Gabriela Stöckli, Monica Mutti, Florence Widmer, Janine Messerli, Zorka Ciklaminy y Marco Rüegg conforman el equipo encargado de dirigir y mantener la institución y sus actividades.

A disposición de los huéspedes están, en la ya mencionada biblioteca, diccionarios en lenguas diversas y obras de referencia en especialidades como Historia, Ciencias naturales, Literatura, Arte y Filosofía, así como una amplia muestra de literatura suiza en los cuatro idiomas oficiales del país, y periódicos, revistas, audiolibros y filmes basados en obras literarias. También hay una selección de libros publicados por la Editorial Albert Züst junto a una sección dedicada a las traducciones realizadas en Looren por quienes han podido disfrutar los beneficios de la estancia en este lugar. Por último, y no menos importante, el acceso permanente a Internet facilita las búsquedas y consultas necesarias para el trabajo de traducción.

Una de las características especiales de Looren es que no se limita la presencia de sus huéspedes a quienes traducen literatura suiza: por ejemplo, las becas Looren América Latina están dirigidas a traductores literarios profesionales que trasladan un texto literario desde cualquier idioma al español o al portugués. Para que sea aceptada una postulación, entre otros requisitos, se pide que el traductor/la traductora haya publicado al menos una traducción de una obra literaria significativa.

Entre enero y febrero del presente año, gracias a una de las becas Looren América Latina, tuve la suerte de pasar cuatro semanas en la Casa. Las otras becas de 2018 correspondieron a los argentinos Mónica Herrero, Inés Garland y Martín Caamaño, y al brasileño Guilherme Gontijo Flores. Coincidimos en la residencia con los colegas Dolors Udina y Toni Clapés, de Cataluña; Silvia Pozzi, de Italia; Eva Profousová, de Chequia, y Marija Zorkaja, de Rusia, quienes se beneficiaban de otras modalidades de estancia en Looren.  

Por lo general, durante el día todos trabajábamos individualmente en nuestras respectivas traducciones, pero hacia la noche coincidíamos en la cocina o el comedor, y comunicarnos era digno de Babel. No sé lo que habrá sucedido o sucederá con otros grupos, pero el nuestro se caracterizó por un intenso intercambio de experiencias profesionales y humanas de todos con todos, y creo que el recuerdo de los días y las noches de Looren nos seguirá iluminando largo tiempo.

En el plano personal, Looren me propició el encuentro con la naturaleza espléndida de un país que nunca antes había visitado y la posibilidad de acercarme a la literatura suiza a través de los libros de autores como Kurt Marti, Klaus Merz, Jürg Halter y en especial Erika Burkart, cuyos poemas quisiera antologar y traducir en el futuro. El joven poeta Michael Fehr nos dio la oportunidad de presenciar en Looren una impresionante performance de sus narraciones poéticas, algunas de las cuales aspiro a traducir también. 

En 2012, la Casa de Traductores Looren recibió el Premio de la Fundación Max Geilinger, que distingue a personas e instituciones por sus méritos en el intercambio cultural entre Suiza y el ámbito de lengua inglesa. Ojalá que la Casa Looren continúe cosechando premios, pero sobre todo, ojalá siga siendo por muchos años un paraíso para los traductores.