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Los ejes de José Kozer

Leymen Pérez, 28 de junio de 2018

Desde “El gallo de Chuang Tzu” en el inicio mismo de Ejes (Ediciones Vigía, 2017), libro con selección y prólogo del editor, promotor y estudioso de la obra de Kozer, Michel Mendoza Viel, advertimos los movimientos entre oriente y occidente que forman parte de este poemario, que cuenta con un hermoso y armónico diseño de Marialba Ríos, quien supo reflejar con precisión esencias que distinguen al corpus temático y espiritual del conjunto.

Sus poemas poseen la capacidad omnívora de fundir múltiples materiales de la realidad objetiva y subjetiva, para expresar una energía que no se crea ni se destruye, sino que se transforma, por lo que no comparto –con respecto a la obra de Kozer–, la idea de Ezra Pound: “Nadie escribe mucha poesía que importe”. Los fundamentos y basamentos que sirven de apoyatura o fondo a la selección de estos ejes son los animales, porque como señala Michel Mendoza en el prólogo: “[…] Kozer (como Basho, como Ted Hughes, como Lezama, [Quevedo o hasta el propio Neruda, añado yo]) es un gran poeta de los animales” y es que en los más de ochenta libros publicados por José Kozer, el gallo, los pájaros, el gusano de seda, las hormigas, el buey, la lombriz de tierra, la liebre, y muchísimos más, “son serenos y jadeantes”, pacíficos y reveladores.  

Estos personajes son la expresión de una paz interior que va hacia la muerte, aunque a veces es violentada entre la vida y la resurrección, entre el Dios de Israel y el Buda. Combinándolos con quietud se puede sentir en este desborde totalizador de juegos lingüísticos, la honestidad de un sujeto lírico que ha alcanzado una libertad expresiva de alta concentración poética como si estuviera en una perpetua postura de loto.

Los animales que aparecen en la obra de Kozer los relacionamos con  aspectos de la interioridad del poeta que, como suma de sus motivos-símbolos ejemplifican conductas, cualidades o caracteres determinados y poseen una fecunda y añeja tradición, constantemente reevaluadas por la teoría literaria, desde la exégesis bíblica a los libros de emblemas, algunos dedicados expresamente a motivos animales. La cantidad, estructuración y función de los animales en Ejes es un rasgo notable y, a una misma vez, componente temático y estilístico de vital importancia.

Wolfgang Kayser en su notorio libro Interpretación y análisis de la obra literaria define “el motivo” como “una situación típica que se repite; llena, por tanto, de significado humano”, y al estar persuadido por una fuerza motriz y vibración pura que se enriquece con entrejuegos de lenguaje junto con la referencialidad a la naturaleza animal y vegetal, la tensión provocada se libera en el poema con una firmeza estructural de significativo simbolismo.

En los motivos animalísticos hay una amplia serie de hechos en los que el animal mantiene su relevancia textual aun cuando en muchas ocasiones su función expresiva es secundaria, ya que los motivos se han fijado a una situación, personaje, contexto o anécdota, y el verdadero núcleo textual se desplaza hacia eventos que están fuera del poeta. La polisemia del símbolo ´gallo´ se manifiesta como detalle secundario cuando se hace alusión a una práctica correspondiente a la religión afrocubana, solo como un dato descriptivo, sin que sea un sema de primer orden: “Gallo cochambroso de cintas/ rojas un/puñado de arroz”. También aparece la acepción en su sentido más denotativo: “yo como gallo con arroz”.

El empleo del universo zoológico como epítome de modelos que ejemplifican comportamientos, actitudes o cualidades determinadas posee una larga y antigua tradición, constantemente renovada en nuevas coyunturas y obediente a mecanismos de interpretación diversos. Por ejemplo, en el texto “Arado”, expresa: “El gallo, insólito: Pedro”. Aquí resulta evidente la referencialidad del símbolo bíblico, pero es extraordinario que Pedro sea el gallo, o al menos, que en un mismo esquema de la sintaxis, esté haciendo uno la misma función del otro, como si hubieran sido un solo cuerpo antes o después de cantar tres veces. Y a continuación, leemos: “Una mano, rotunda asemeja la forma tres veces…”/, acentuando y desbordando más la imagen usada como es característico en su poética. 

Esta transfiguración pasa del cuerpo de un animal a otro: “Una de las transformaciones del cielo/ será una bandada/de pájaros o una/floresta de hormigas”, e incluye hasta el mismo cuerpo del autor, quien se vuelve un elemento de la flora : “(yo mismo flor semoviente”, un ser con un estado de conciencia superior como el búdico: “Buda (o yo)”, un objeto o un mítico animal: “(reaparezco, yo)/árbol mesa…”, y así sucesivamente, va modelando y asumiendo la identidad, voz y pensamiento del Todo porque lo asimilar atrae a lo similar. Y como es arriba es abajo y viceversa, es decir, adonde está la mente de Kozer está su vida.

Estableciendo un paralelismo en relación al mismo episodio evangélico de la negación de Pedro, pero acudiendo a elaboraciones menos complejas y más sarcásticas sobre la misma estructura fija de un motivo, Francisco de Quevedo degrada metafóricamente el gallo a gallina, para de cierta forma enjuiciar al apóstol Pedro: ”A Dios negaste; luego os cantó el gallo / y otro gallo os cantará a no negallo;/ pero que el gallo cante/ por vos, cobarde Pedro, no os espante,/ver el gallo cantar por la gallina”. Yuxtaponiéndose a ese símbolo bíblico se encuentra el gallo (taoísta) de madera del filósofo chino Chuang Tzu, de donde Kozer se siente más cerca, a través de los movimientos de una mano que escribe con una energía que va hacia delante y hacia arriba, porque si tratáramos de reducir a estos ejes y a toda la obra de este altísimo poeta sería imaginándola como si fuera ese gallo que parecía de madera y poseía una tremenda fuerza interna proyectada a través de su serenidad.