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Fermín Valdés Domínguez y su libro 27 de noviembre de 1871

Leonardo Depestre Catony, 04 de julio de 2018

El médico y patriota Fermín Valdés Domínguez llega a nosotros por dos razones más que justificadas: la de haber sido, desde la adolescencia, el amigo fraterno de José Martí y la de haber dedicado su vida a demostrar la inocencia de los estudiantes de Medicina −sus compañeros de aula−, fusilados bárbaramente por las autoridades coloniales en 1871. Pero súmese también su condición de oficial del Ejército Libertador, de escritor de pluma viril al servicio de Cuba y de incansable veedor de la memoria de José Martí.

27 de noviembre de 1871 tituló a su obra más conocida, varias veces reeditada e inicialmente publicada en 1873 en España con el título Los voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de Medicina, donde deshace la falsa acusación de que los estudiantes habían profanado la tumba del periodista español Gonzalo Castañón, furibundo integrista, supuesta base para armar el infame proceso atizado por el Cuerpo de Voluntarios. Allí escribe:

Debo hacer constar que si sobre mí ha pesado una condena de seis años de presidio, si vi a mi anciana madre morir de angustiosa pena, yo haré que no influyan estos recuerdos en la dolorosa relación de los hechos. Referiré todo aquello que pueda servir para formar un juicio completo de mis asertos; rechazaré con honradez cuantos conceptos erróneos hayan llegado hasta mí; y nunca, ni la exaltación que siempre sería justa, ni la violencia, que siempre sería disculpable, presidirán mis palabras; pues son estas, páginas que el alma escribe y la verdad santifica. ¡Que puedan ellas llevar la luz allí donde la malicia o el error han levantado un altar a la calumnia!

Mas no es todo en su condición de escritor. Durante la Guerra del 95, Valdés Domínguez arribó a la Isla con una expedición y se sumó como soldado a La Invasión; organizó el Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Libertador, con el grado de coronel y perteneció al Estado Mayor de Máximo Gómez. De cuanto aprendió de una experiencia que a más de un siglo de vivida no podemos sino considerar un privilegio, dejó un libro importante y revelador, escrito al pie del estribo y con sinceridad: su Diario de Soldado.

Fermín Valdés Domínguez nació en La Habana el 10 de julio de 1853. José Martí y él se conocieron once años después, en 1864, en el Colegio San Anacleto, dirigido por Rafael Sixto Casado. Se tejió entre ellos una amistad fraterna que se ahondó más en las aulas del Colegio San Pablo, cuyo director era el patriota, poeta y educador Rafael María Mendive.

Hermanados también en ideales, juntos editaron el periódico El Diablo Cojuelo. Una carta firmada por ambos jóvenes en que se enjuiciaba críticamente la decisión de un condiscípulo de incorporarse al ejército español, hallada durante un registro a la vivienda de los Valdés Domínguez, sirvió para orquestar un proceso de infidencia que arrojó para Fermín una sentencia de un año de arresto y de seis para José Martí.

A Fermín se le liberó al cabo de varios meses. Fue así que pudo matricular la carrera de Medicina y quedar involucrado en el insólito proceso que culminó con la ejecución de ocho estudiantes y diversas sentencias para otros muchos, en el caso de Fermín, a seis años de prisión. Al conseguirse su indulto embarcó hacia España, donde encontró a su hermano del alma, al deportado José Martí y allá, en la metrópoli, redactaron la hoja volante conmemorativa del primer aniversario del fusilamiento de los estudiantes en La Habana.

Valdés Domínguez consagró su vida a la reivindicación de la memoria y demostración de la inocencia de sus compañeros fusilados, al punto que en 1887 obtuvo el reconocimiento del hijo de Gonzalo de Castañón en cuanto a que la tumba de su padre no había sido profanada y todo el proceso no había sido más que el resultado del odio y el terror coloniales. Gracias a su personal gestión se conservó como homenaje uno de los cuatro paños de pared del antiguo edificio de Barracones de Ingenieros donde se ejecutó a los mártires. En ese lugar se inauguró el Monumento de La Punta, el 28 de enero de 1909, desde entonces lugar de peregrinación anual del estudiantado cubano.

Ciudadano cabal, patriota sincero y testimoniante de sus tiempos, el doctor Fermín Valdés Domínguez murió en 1910 y sus restos reposan en el Mausoleo que, en el Cementerio de Colón, guarda los restos de sus compañeros fusilados.

En este 165 aniversario de su natalicio rendimos tributo a su memoria.

 

Foto tomada de Habana Radio