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La nebulosa del héroe

Elaine Vilar Madruga, 04 de julio de 2018

Unos breves toques que muestran referencias a Lovecraft matizan esta historia que Ricardo Acevedo Esplugas nos entrega. Y también un guiño borgiano que, camuflado, eleva el edificio de la narrativa: cierta introducción se hace presente, busca la “legalidad” de los acontecimientos que, como consecuencia, van a contarse. Es curioso cómo, en un espacio narrativo constreñido, a manera de relato corto, el autor consigue unificar dos referencias capitales de la literatura mientras que sumerge en los ritmos propios de su historia.

Sería apreciable una extensión a fondo que permitiera explorar este universo constreñido por la dinámica natural del relato. No obstante, esta intencionalidad lo dota de equilibrio, de rebordes y capacidad de concentración: cualidades que, muchas veces, en narrativa no aparecen conjugadas.

El autor nos propone una vuelta al Renacimiento, provocación que elige como leitmotiv para elevar su arquitectura textual (nunca mejor empleado el paralelismo). La obsesión del creador por alcanzar su sueño (la criatura deviene puerta, ornamento, pesadilla, mundo onírico) es el motor que pone a andar la cuidadosa maquinaria del relato. La posibilidad de la revelación transmuta al protagonista en un outsider, un maldito y, más aún, lo convierte en su propia creación. Un relato como este nos conduce a estructuras de personajes —es ampliamente meritorio— donde el protagonista termina transformado en el producto (el resultado) de su deseo por cruzar los límites prohibidos para los comunes mortales. Esa posibilidad de traspasar los bordes y penetrar en otra realidad —una realidad arcana y cargada de peligros que en la narrativa solo verbalmente se anticipan— es el difuminado final, la nebulosa que constriñe y coloca las barras de alerta: por algo existen las fronteras.

Existen otros muchos relatos donde las historias se concentran en ese cruce, en el hecho de abrazar el pecado sobre la bendición. Desde el Jardín del Edén, desde Eva y su manzana y su serpiente, el hombre se ha enfrentado a la idea de ser un constructo del conocimiento o la ignorancia. Aplica el dicho: curiosidad mató al gato. Aplica, también, la máxima de que el héroe, en su búsqueda del botón definitivo de la sabiduría —¡oh, Goethe!— se transmuta en antihéroe. He aquí de nuevo la nebulosa, el cruce de un mundo a otro mundo, de una realidad a otra. Y esta vez sin sutilezas. Pensemos de nuevo en Eva y en Fausto, y llegaremos, de particular manera, al personaje que Acevedo Esplugas nos propone.

Curioso es cómo un mundo de tantas referencias puede abarcarse en un relato corto, y es que en él no han de leerse las referencias literales, ni abrazarse a ellas a priori. Mejor es cruzar las puertas del cielo y tener piedad del obseso, del loco, del creador transmutado en monstruo y que es, por ello, aniquilado por su propia creación —¡oh, Shelley!

Esta piedad bien puede conducirnos por la selva oscura y la umbrosa vía —¡oh, Dante!— hasta obligarnos a desembocar en la garganta de un paraíso de terrores donde, pese a todo, seremos bienvenidos. 

                                                                   2 de julio del 2018.

 

 

Ricardo Acevedo Esplugas (La Habana, Cuba, 1969). Director de la Revista Digital miNatura y de la Revista Digital Tiempos Oscuros. Egresado del 5º curso de técnicas narrativas del Centro de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Cuentos suyos han aparecido en: Una vez vino un ángel (Ediciones Extramuros, 2000, Ciudad de La Habana, Cuba); Historias soñadas y otros minicuentos (Ediciones Luminaria, 2003, Sancti Spiritus, Cuba); Juventud Técnica, revista científico-técnica popular de la juventud Cubana (Editorial Abril, 2005, La Habana, Cuba); Secretos del Futuro. Cuentos cubanos de fantasía y ciencia ficción (Editorial Sed de Belleza, 2005, Santa Clara, Cuba); IIº Certamen de poesía y relato GrupoBuho.com (Editorial GrupoBuho, 2005, España); El equilibrio del mundo y otros minicuentos (Editorial Caja China, Colección Diente de perro, 2007, Cuba); Crónicas del mañana. 50 años de cuentos cubanos de ciencia ficción (Editorial Letras Cubanas, 2008, Cuba), Tiempo Cero (Editorial Abril, 2012, Cuba).

 

                         

 

 

                                                                  La porta dell'arcobaleno

No existen bocetos de La porta dell'arcobaleno. A Marcelo Il brutto jamás le interesó entrar en la historia del arte y “Le Vite de' più eccellenti architetti, pittori et scultori italiani” de Vasari lo confirma.

Hijo de cabreros, dejó los cerros de su amada Stromboli para trabajar junto a Pirro Ligorio en el jardín de la "Villa delle meraviglie". Se dice que fue el que transformó sus figuras en monstruosas deformaciones, manipulando al propio Orsini para que así lo aceptase.

A Marcelo Il Brutto le fue desvelado en un sueño: “Siguiendo la silueta de una niña que no ha catado varón tienta su trémula yugular, palpitante como un pajarillo moribundo, esas serán las bases de tu arquivolta”.

—¡Il Portico, il Portico del Cielo!— exclamó.

Sufrió la burla de sus contemporáneos, el divino Michelangelo trató de disuadirlo cuando lo vio atisbando herméticos manuscritos árabes de mecánica celeste y susurrando letanías sobre criaturas amorfas venidas de otros mundos que prometían el retorno de nuestros seres queridos.

No quedan testigos de la apertura de la puerta en su fiesta inaugural, los primeros en caer fueron los hombres de Orsini, espada en mano saltaron sobre las horrendas bestias multitentaculares. La sangre de los criados se mezcló con el vino de las copas derramadas. En medio de la tormenta de alas membranosas y miradas trilóbulares creyeron escuchar una voz femenina: “¡Orsini, Orsini mío!” El conde de Bassanello ordenó cerrar la puerta, que fue clausurada y posteriormente demolida hasta sus cimientos. Nadie escuchó hablar nunca más de Marcelo Il Bruto, incluso hay quién niega su existencia.

Quizás el cielo no sea lo que todos esperamos.

 

Elaine Vilar Madruga  , 2019-12-04
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