Un brindis por La Habana Elegante
Tiempos hubo en que publicar en La Habana Elegante representaba no solo un espaldarazo literario, sino social, pues la publicación clasificaba entre lo más distinguido de la prensa colonial en la Isla y su presencia adornaba los salones públicos como señal de buen gusto.
El primer número de La Habana Elegante circuló el 4 de agosto de 1883. La Guerra de los Diez Años había concluido un lustro atrás, España sabía que se trataba de una paz intranquila —digamos una tregua— e intentaba engatusar a unos cuantos cubanos con argucias políticas que prolongaran la autoridad de su gobierno en un país cuya independencia era un asunto pendiente dentro del contexto de un continente que escapaba irremediablemente de su puño colonial.
En provincias y en la capital proliferaban las publicaciones de perfil literario, cultural y que en la medida de sus posibilidades expresaban inquietudes de diversa índole. El número inicial de La Habana Elegante se anunciaba como “periódico bisemanal de noticias interesantes a las señoras y señoritas” y los del año 1884, se declaraban como “periódico bisemanal de noticias interesantes al bello sexo”, en ambos casos con marcado énfasis en que las damas lo acogieran como una publicación de su agrado e interés.
Su primer director fue Casimiro Delmonte y entre los colaboradores de entonces figuraron Ricardo Diago, Ignacio Sarachaga, Juan Miguel Ferrer, Carlos Ayala y Enrique Hernández Miyares, algunos de los cuales pasaron con posterioridad a engrosar la relación de sus redactores. Su aparición fue bien recibida, al punto que hacia mediados de la década de los 80 devino órgano oficial del Círculo Habanero y del Habana Yacht Club.
A semejanza de otras publicaciones, su subtítulo fue objeto de variadas transformaciones. En unos casos, fue “semanario de literatura, bellas artes y modas”, en otros, “semanario ilustrado, literario y artístico, crónica de los salones”; también “semanario artístico y literario”, a secas.
Pero lo interesante es la nómina de ilustres figuras del panorama literario cubano que firman sus artículos. Allí aparecen Manuel de la Cruz (fue además su director por corto tiempo), Julián del Casal, Ramón Meza, Aniceto Valdivia (Conde Kostia) y Enrique Hernández Miyares (también director).
La lista de los colaboradores, algunos redactores, es impresionante. Citemos a varios: Rafael María Mendive, mentor de José Martí; los hermanos Francisco y Antonio Sellén; Cirilo Villaverde, novelista mayor del siglo XIX; Esteban Borrero Echeverría, padre de las célebres hermanas Borrero; Raimundo Cabrera, Manuel Sanguily, Bonifacio Byrne, Carlos y Federico Uhrbach, Enrique José Varona y otros muchos entre los que abundó la estirpe patriótica, además de varias damas (Mercedes Matamoros, Nieves Xenes, Lola Rodríguez de Tió, Juana Borrero…)
De entre los extranjeros, allí colaboraron Rubén Darío, Manuel Gutiérrez, Nájera, Luis Gonzaga Urbina, Ricardo Palma, Jorge Isaacs, José Santos Chocano y José María Vargas Vila, por citar a los más conocidos.
Es dato de especial interés que en 1894 incluyó el texto “A una novia cubana”, de José Martí, además de una carta suya al director de la publicación. Tiempo después, ya desaparecido físicamente Martí, se publicaron allí muestras de sus versos sencillos.
La Habana Elegante, tal vez en exceso “elegante”, soslayó los asuntos políticos, quizá demasiado escabrosos para sus intereses... si bien fueron numerosísimos sus colaboradores que escogieron el camino de la manigua libertadora cuando estalló la Guerra del 95, lo cual fue una de las causas de que cesara de aparecer en diciembre de 1895, cerrando así el último capítulo de La Habana Elegante, para asumir la condición de “Habana insurgente”.
Recordar los 135 años de La Habana Elegante es, si lo prefiere, un gesto elegante que CubaLiteraria no quiere pasar por alto.
Foto tomada de Habana Elegante