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Roma

Rainer María Rilke, 10 de agosto de 2018

Preciado poeta Roberto Manzano:

En los días finales de un invierno que pensé que no terminaría nunca, ha llegado su poemario El libro de los discursos1, el cual me alienta a escribirle, pues realmente debo felicitarlo, es usted todo un maestro de la palabra.  He terminado un libro que encierra el poder de la imagen, pero qué puedo decirle… que ha superado con creces las expectativas de este humilde lector. 

La ficción en estas páginas colinda con lo apócrifo, al ofrecer discursos diversos de culturas que se mezclan para deleitarnos en un orgiástico y nuevo mundo. Cada texto tiene una pequeña idea y un dibujo que sostiene el discurso como un sofista de la antigua Grecia. Se revierte en la naturaleza de Hermes,  de Venilia y Selacia, de Pangu, de Orichaoko, de Gitoma, de José Martí, para citar algunas referencias que utiliza para demostrar cuánto puede ofrecer hoy la poesía.  

Volveré, hijos míos, no mueran: resistan en la hojita verde, multiplíquense en heterogéneo silencio, donde no puedan saberlo los ambiciosos cercanos y lejanos, los réprobos sedientes del poder.

Más que discursos, son estos cantos o cantares. El forcejeo que hace cada texto sostiene un ideal desde una lírica depurada, de matiz humano. El texto emotivo nos hace reflexionar como si estuviéramos ante un libro sagrado. 

Y ahora, después de atravesar pobreza y abundancia, entramos en el amoroso trasiego infinito.

Aquí, estimado poeta, está la clave para entender su universo órfico. La imagen se vuelve infinita como el trasiego. Nada entonces es casual. Se está hablando de los destinos del hombre, de la naturaleza que lo hace débil o fuerte, del arquitrabe que sostiene el tiempo enseñoreado por estas comarcas que se van superponiendo. El discurso se va superponiendo. La vida se va superponiendo. Es este un libro mayor en la literatura cubana de lo cual ha repasado su madurez por estos años en que muchos poetas envían poemas y libros. Pero usted, querido Roberto Manzano, está muy cerca de mis indagaciones sobre la imagen, y nos ofrece con esta entrega suya un libro raro y difícil a la vez.

Lo siento: no he aprendido ese arte, y no es por ignorancia, sino por dignidad, no atiendo a lo que se supone favorable, pues ni temo ni ambiciono, sigo los dictados de la verdad y la justicia.

Es este un libro de verdades y justicias, ciertamente poeta. La luz que irradia cada poema está ganada con la experiencia misma. La sabiduría está en no creer del todo en tantas verdades si no se mira al corazón. Cada sujeto sacado de la ficción o no, quiere asumir su territorio con definiciones propias. El discurso en algunos momentos es agónico porque es real. Se habla también de amor. Todo aquí es un canto después que nos aferramos a este juego dialogante, que nos emplaza, que nos refiere también de la muerte y de lo que está por decir. 

Suyo,

Rainer Maria Rilke.

1Editorial Letras Cubanas, 2017

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