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Los poetas de la Guerra del 68

Leonardo Depestre Catony, 10 de octubre de 2018

Son tantas las razones para sentir orgullo y agradecimiento hacia aquellos iniciadores de la gesta independentista el 10 de octubre de 1868, que en ocasiones pasamos por alto algunos elementos que hacen de ella una proeza sui generis.

Difícil será encontrar otra contienda libertadora donde proliferen tanto los cultivadores de la poesía entre sus combatientes. Hubo poetas más conocidos y otros menos, pero todos dieron muestras de una inspiración ardorosa que las ansias de emancipación prendieron en sus corazones.

La poesía de la guerra —escribió José Martí— no se ha de buscar en lo que en ella se escribió; la poesía escrita es grado inferior de la virtud que la promueve; y cuando se escribe con la espada la historia, no hay tiempo, ni voluntad, para escribir con la pluma en el papel.

Un libro como Los poetas de la Guerra, que tiene de prólogo las palabras de José Martí, es el tributo que a la altura de la novena década del siglo XIX prepara el Apóstol como recuerdo y homenaje a los bardos de la pluma y el machete. El libro es importante por muchas razones, y también revelador: nos da un Martí veedor, que se anticipa a las veleidades de una mala e injusta memoria y cuida para que eso no suceda. Lo dice con claridad meridiana: “Recojamos el polvo de sus pensamientos, ya que no podemos recoger el de sus huesos, y abrámonos camino hasta el campo sagrado de sus tumbas, para doblar ante ellas la rodilla, y perdonar en su nombre a los que los olvidan, o no tienen valor para imitarlos”.

La relación de aquellos poetas suele depararnos gratas sorpresas. Ahí está Miguel Gerónimo Gutiérrez, uno de los lideres primeros del alzamiento revolucionario en Las Villas, que murió fusilado por los españoles y sin embargo dejó una composición titulada ”A España” cuya fuerza patriótica y raigambre poética desvelan la entereza de un mártir insuficientemente conocido:

Errada vas, España, si pretendes,
apurando tu bárbara crueldad,
el grito sofocar de un pueblo heroico
que sus cadenas te arrojó a la faz.

Francisco La Rúa es otro de loa héroes y poetas olvidados que, en palabras de Fernando Figueredo, “por su patriotismo e ilustración merece un puesto conspicuo entre los mejores servidores de la Patria”.  La Rúa es de aquellos que lleva su amor consigo a la manigua camagüeyana. A ella, distante, le escribe, “A Emma”:

Lejos, muy lejos del hogar que escucha
           tu constante gemir,
hay otro ser que en sacrosanta lucha
           puede acaso morir.


En cuanto a Ramón Roa, fue secretario ayudante de los mayores generales Ignacio Agramonte, Julio Sanguily y Máximo Gómez, circunstancia que lo convierte en testigo y partícipe de muchos de los sucesos más importantes de la contienda libertadora. Cultivó la narrativa y la poesía. Sus composiciones se repitieron de boca en boca, y una en particular, “La carga”, es su homenaje al valeroso brigadier Henry Reeve, El Inglesito:

¿Los vítores no oís? —El pueblo arrebatado
del triunfo la guirnalda a un joven le ciñó;
al joven extranjero, de espíritu elevado,
que a Cuba en esta lucha su brazo le ofreció
.

Otro más, el bayamés José Joaquín Palma, se incorporó de inmediato a la campaña libertadora del 68, siendo una de las voces que proclamaban la abolición de la esclavitud dentro del concierto de hombres que emprendían el camino de la independencia de Cuba. Fue además uno de los colaboradores de mayor confianza de Carlos Manuel de Céspedes y fungió como redactor de El Cubano Libre, tanto cuando se editaba en Bayamo como cuando pasó a hacerse en la manigua. Escribió una larga y nostálgica composición titulada “Al poeta Miguel G. Gutiérrez”:

Cuando ya se aleja el día
entre la sombra y la calma,
vienen a llenarme el alma
ondas de melancolía.
El pensamiento se pierde
en graves meditaciones
buscando en otras regiones
“mucho azul y mucho verde”.

Antonio Hurtado del Valle fue más conocido como El Hijo del Damují, uno de los ríos más caudalosos de la vertiente sur del centro de Cuba, que desemboca en la bahía de Cienfuegos. Comenzó su labor literaria en los años que antecedieron al estallido de la Guerra de los Diez Años, dirigió publicaciones locales, fundó El Damují y colaboró en periódicos de Trinidad, Villaclara, y otras ciudades. “A Méjico” titula estos versos, muestra de su vitalidad e inspiración poética al servicio de Cuba.

En suelo extraño, sin ilusiones,
me lanzo en largas contemplaciones
a mi risueño valle natal,
donde quedaron mis afecciones
y de mis trovas el manantial.


Varios poetas más nutrieron el catauro de los versificadores de una gesta que por su heroicidad exaltó la sensibilidad y el estro de los patriotas cultivadores de las letras. Entre ellos, el abogado Pedro (Perucho) Figueredo, autor de la letra del Himno de Bayamo, devenido Himno Nacional; Luis Victoriano Betancourt, soldado, poeta y autor de artículos de costumbres; Fernando Figueredo, autor de un libro importante, La Revolución de Yara; Pedro Martínez Freyre lanzado tempranamente al campo de la insurrección; Juan de Dios Coll…

El sesquicentenario del inicio de una epopeya como la de 1868 nos convoca al ejercicio de la lectura, del estudio, del análisis. Recorrer la historia y hacerlo de la mano de la poesía, es un privilegio del cual sentimos justo orgullo los cubanos.