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Alba de Céspedes en el centenario del 10 de octubre

Leonardo Depestre Catony, 08 de octubre de 2018

La escritora cubano-italiana Alba de Céspedes Bertini dejó inconclusa una novela titulada Romanzo cubano, en buena medida autobiográfica, que pretendía establecer un hilo de continuidad temporal entre diversos acontecimientos históricos desde el 10 de octubre de 1968 y la lucha insurreccional conducente al triunfo revolucionario del primero de enero de 1959.

Tal concatenación dialéctica se remontaba a los hechos del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en el ingenio La Demajagua, que dieron inicio a la Guerra de los Diez Años… con la particularidad de que la autora del libro y de la tesis, Alba de Céspedes, era nada menos que nieta del Padre de la Patria.

Así pues, para Alba tuvo que resultar muy emocionante estar presente en Cuba para las celebraciones del centenario del alzamiento de Céspedes el 10 de octubre de 1868. Llegó el día primero, invitada por la Comisión del Centenario. En suelo cubano declaró:

Me gustaría, como escritora y por ser la nieta de Carlos Manuel de Céspedes, hablar sobre él, de la forma en que supe de él, que es la misma en que lo estamos mirando ahora los revolucionarios de hoy. Yo hice una donación de las cartas de mi abuelo a mi abuela, que es el patrimonio más grande que teníamos, y he tenido el gusto de ver que las han editado muy bien y con una presentación muy buena. A Cuba no venía desde 1958, fecha del último viaje. Y volver es una emoción muy grande, pues yo soy cubana a pesar de ser conocida como escritora italiana.

Se trataba pues, de su visita más trascendente. Recorrió los lugares de la región oriental en que sus antepasados  optaron por el camino de la libertad y la independencia de España, aun al precio de sus vidas. Tuvo, además, el honor de iniciar, con sus palabras, el acto conmemorativo, ocasión en que pronunció una patriótica y conmovedora alocución.

No sería aquella la última estancia cubana de Alba de Céspedes, quien estaba de vuelta en 1976 y 1977, época por la que ya escribía la citada  novela inconclusa. Según sus palabras: ”(...) allí en la casa de la calle M y 23, mi habitación era como una torre que daba a una gran terraza, y las paredes estaban ligeramente cubiertas de armarios de madera verde. Yo pasaba largas horas leyendo”.

En Cuba, una tierra que no solo amó sino que conoció a profundidad, a Alba de Céspedes se le confirió —por decisión del Consejo de Estado— la Orden Félix Varela, de Primer Grado.

Con gran amor se titularía en español el Romanzo cubano. Allí, al referirse a su abuelo, en imaginario encuentro, anota: "Lo miraba en los ojos, grises como los míos. Aquí estoy, le decía sin palabras. Empezó entonces el mudo coloquio, ahora que conocía todo de él, desaparecido en el abismo del pasado (…) Desconocido por ambos el porvenir, pero ya conocida la relación indisoluble que (…) nos unía".

Alba fue hija de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, hijo del Padre de la Patria y embajador cubano en Roma, y de la italiana Laura Bertini. Él y ella se casaron en Italia y allí nació Alba el 11 de marzo de 1911. En la península transcurrieron los primeros años en la vida de la pequeña Alba, quien llegó a Cuba por vez primera a la edad de nueve años, durante el mandato del presidente Mario García Menocal. Contaría ella años después, que entonces Cuba era “una canción de gesta que mi padre me contaba, un país de leyenda y, sobre todo un secreto entre él y yo”.  La patria de acá del mar, la insular, que Alba percibía entonces no era pues la real, con sus numerosos problemas sociales y económicos, aunque sí palpaba ella —su dotación genética se lo permitía— el basamento histórico y heroico capaz de influir decisivamente en su amor por su familia y por Cuba.

Estas raíces, profundamente afianzadas, harán de ella una mujer con anhelos de justicia y libertad. En Europa ella vive el surgimiento y auge del fascismo, que en Italia tiene a uno de sus representantes más peligrosos y ridículos a un tiempo, Benito Mussolini. Pero el discurso del Duce no confunde a Alba. Su pluma y hacer antifascista la llevan a prisión en la Italia de 1935 y de nuevo en 1943; ella será propulsora del discurso femenino en sus textos, con preocupaciones sociales y políticas.

Una prolongada estancia en Cuba acontece en 1939, esta vez viene con la madre, de quien cuida, ya muerto el padre. Repite en 1948, y varias veces durante el decenio del 50. Tiene un motivo que ella misma explica: “Cuba es mi patria, donde he vivido largo tiempo y donde he sufrido largos dolores”.

Como escritora, Alba destaca por su producción de novelas y cuentos, pero además ejerce el periodismo mediante colaboraciones, conduce programas de radio, se involucra en la reconstrucción de la Italia postascista. Es una celebridad, con una obra reconocida en Europa, en la que se cuentan varios libros escritos en italiano, algunos traducidos al idioma inglés.  

Narradora por excelencia, los críticos le alaban la naturalidad del estilo, nutrido por la circunstancia de que historia y vida  alimentan las experiencias de una autora cubana e italiana, fallecida en su casa de París el 14 de noviembre de 1997.

Evocar la presencia en Cuba de Alba de Céspedes Bertini medio siglo atrás, durante las celebraciones por el centenario del alzamiento del 10 de octubre, es ocasión inmejorable para remontarnos a una fecha patria que alcanza ahora su sesquicentenario y es parte de la historia de la gran patria latinoamericana.