Roma
Preciado César López, poeta mío:
Salgo todos los días a esta urbe que bajo el invierno poco nos dice, pero hago mío ese Tercer libro de la ciudad1 donde precisa que fueron poemas escritos entre 1990 y 1995, y la siento también sobre mi cabeza. Tal parece que la poesía es de algún modo un viaje desde nuestra inmediatez, aquí ofrecido como si fuera un canto único, inequívoco.
Me seduce su ciudad, que parece viva desde la memoria, en una remembranza de hechos y personajes que se nos hace eterna cada calle, cada vecindad:
ciudad involucrada, invocada, imborrable
más allá del recuerdo, cómo vienes
convertida en metáfora libresca a inquietar en las horas que
recuerdan
del error y el espanto la tristeza
La deconstrucción del paisaje se nos hace un elemento lúdico que nos impone repasar o reflexionar sobre la historia misma, el sedimento de cada tiempo. Por eso en su poesía se entrecruzan los tiempos, con cierta imaginería se recobran paisajes. De eso se trata, de anudar lo tangible para que lo intangible sea parte de otra realidad. Así lo veo yo, en este poema –río que nos traza un país más que una ciudad real.
¿En qué silencio o cálido o perpetuo verano
se estremece el recuerdo y la esperanza?
Su poemario se hace en ocasiones muy emotivo y mezcla con audacia elementos intelectivos que nos deleitan por la sabiduría de asumir el verso desde lo histórico, desde la anécdota personal. El Tercer libro de la ciudad, es un libro todavía abierto. Un deleite para estos tiempos donde la memoria escapa de los sitios que habitamos. Volver a estas páginas, querido Cesar mío, es un reflejo de cuánto se puede aprender de la buena literatura.
Así tenga mis palabras como parte de su ciudad revisitada.
Suyo,
Rainer María Rilke
1Editorial Renacimiento, Colección Azul, España. 1997
