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"Che: una bala no puede terminar el infinito"

CL, 08 de octubre de 2018

Se cumplen 51 años de la muerte del Guerrillero Heroico, Ernesto Guevara de la Serna, y la Editorial Cubaliteraria se suma al homenaje que hoy le tributan quienes lo ven como ejemplo de lucha y dedicación, de entrega, y reproduce algunos fragmentos que plasman el cariño y la admiración con que algunos lo recuerdan:

 

Che: ¿dónde te puedo escribir? Me dirás que a cualquier parte, a un minero boliviano, a una madre peruana, al guerrillero que está o no está pero estará. Todo esto lo sé, Che, tú mismo me lo enseñaste, y además esta carta no sería para ti. Cómo decirte que nunca había llorado tanto desde la noche en que mataron a Frank, y eso que esta vez no lo creía. Todos estaban seguros, y yo decía: no es posible, una bala no puede terminar el infinito, Fidel y tú tienen que vivir, si ustedes no viven, cómo vivir.
(...)
Que más puedo decirte, Che. Si supiera, como tú, decir las cosas. De todas maneras, una vez me escribiste: "Veo que te has convertido en una literata con dominio de la síntesis, pero te confieso que como más me gustas es en un día de año nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando cañonazos a la redonda. Esa imagen y la de la Sierra (hasta nuestras peleas de aquellos días me son gratas en el recuerdo) son las que llevaré de ti para uso propio". Por eso no podré escribir nunca nada de ti y tendrás siempre ese recuerdo.

 

Carta de Haydée Santamaría al Che Guevara, escrita después del asesinato del Che en Bolivia.




Roberto, Adelaida, mis muy queridos:

Anoche volví a París desde Argel. Solo ahora, en mi casa, soy capaz de escribirles coherentemente; allá, metido en un mundo donde sólo contaba el trabajo, dejé irse los días como en una pesadilla, comprando periódico tras periódico, sin querer convencerme, mirando esas fotos que todos hemos mirado, leyendo los mismos cables y entrando hora a hora en la más dura de las aceptaciones. Entonces me llegó telefónicamente tu mensaje, Roberto, y entregué ese texto que debiste recibir y que vuelvo a enviarte aquí por si hay tiempo de que lo veas otra vez antes de que se imprima, pues sé lo que son los mecanismos del télex y lo que pasa con las palabras y las frases. Quiero decirte esto: no sé escribir cuando algo me duele tanto, no soy, no seré nunca el escritor profesional listo a producir lo que se espera de él, lo que le piden o lo que él mismo se pide desesperadamente. La verdad es que la escritura, hoy y frente a esto, me parece la más banal de las artes, una especie de refugio, de disimulo casi, la sustitución de lo insustituible. El Che ha muerto y a mí no me queda más que silencio, hasta quién sabe cuándo; si te envié este texto fue porque eras tú quien me lo pedía, y porque sé cuánto querías al Che y lo que él significaba para ti. Aquí en París encontré un cable de Lisandro Otero pidiéndome ciento cincuenta palabras para Cuba. Así, ciento cincuenta palabras, como sin uno pudiera sacarse las palabras del bolsillo como monedas. No creo que pueda escribirlas, estoy vacío y seco, y caería en la retórica. Y eso no, sobre todo eso no.

Julio Cortázar
Carta a Roberto Fernández Retamar
París, 29 de octubre de 1967

 


           
El nacedor


¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más lo insultan, lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.

¿No será porque el Che decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

 

Eduardo Galeano

 

Conocí a Che durante mi destierro en México, una noche en que fui a visitar a su compatriota Ricardo Rojo. Acababa de llegar de Guatemala, donde había ejercitado adversamente sus primeras armas revolucionarias y antiimperialistas. Aún le obsedía el recuerdo pugnaz de la batalla trunca.
(...)
Parecía y era muy joven. Su imagen se me clavó en la retina: inteligencia lúcida, palidez ascética, respiración asmática, frente protuberante, cabellera tupida, talante seco, mentón enérgico, ademán sereno, mirada inquisitiva, pensamiento afilado, palabra reposada, sensorio vibrante, risa clara y como una irradiación de sueños magnos nimbándole la figura.

En el campo de la acción y de la teoría revolucionarias, el aporte de Che es sobremanera valioso por su calado y alcance: allí están, urgidos de colectarse, sus numerosos ensayos, artículos y discursos. Fue, a la par, consumado actor y teórico de la guerra de guerrillas; y, de fijo, un pensador profundo y vital que, a la luz de las peculiaridades del proceso revolucionario cubano, le insufló lozanía tonificante a la teoría marxista-leninista, aplicando sus concepciones creadoras a las múltiples y complejas tareas que se le confiaron. Entre sus méritos extraordinarios, sobresale el de haber sido uno de los arquitectos de la nueva sociedad socialista y comunista que edifica el pueblo cubano, sin darle cuartel al enemigo.

 

 

Raúl Roa
           

Irá con ellos


Por los altos Andes, donde se deseaba, nuestro poderoso hermano echó a andar, con los suyos, los defensores del hombre apaleado y ensangrentado de América.

Entero, entregado, que nada quería para sí sino la entrega, entre los apaleados que se alzaban, andaba; andaba sus Andes americanos, en la marcha tesonera y recia.

La pobre cena, el pobre lecho le bastaban. Cuando los miserables del mundo gemían por placeres, comidas, lujos, glorias fementidas, él, asqueado y fervoroso, tenía por comida el deber que sostiene para siempre, por placeres el amor al siervo innumerable, por lujo la cabaña de ramas del héroe, la única casa honrada, por gloria la necesidad del valiente que se entrega. Su gloria estaba en su sangre, la sangre de sus pueblos apaleados.

Ya la tierra de la cautiva América le cubre, ya está en ella. Los puros hombres de la tierra lo levantan. Va con ellos. Y los pueblos crecerán y arrancarán sus libertades a sus verdugos, y él irá con ellos y él alcanzará la victoria y en ella se confundirá, porque va con sus pueblos victoriosos.

Samuel Feijóo

 

 

Con información del sitio Che 80