La paloma de vuelo popular: siempre regresando
Cada 16 de julio será recordado como un día importante para nuestra cultura. En este 2019 se declaró Patrimonio de la Cultura Nacional toda la documentación de don Fernando Ortiz y concluyeron las jornadas de homenaje a Nicolás Guillén por el trigésimo aniversario de su desaparición física. Me corresponde concluirla con la presentación de su poemario La paloma de vuelo popular, que inicio leyéndoles un fragmento del poema de Nicolás Guillén La muralla, que muchos recordarán por haberlo popularizado, a través de la música, los españoles Ana Belén y Víctor Manuel, entre otros muchos artistas:
Para hacer esta muralla,
tráiganme todas las manos:
los negros, sus manos negras,
los blancos, sus blancas manos.
Ay,
una muralla que vaya
desde la playa hasta el monte,
desde el monte hasta la playa, bien,
allá por el horizonte.
Este poema, completo, podrán leerlo en el libro que ofrecido en el espacio El libro del mes, que arriba a su primer aniversario, en esta ocasión merecidamente dedicado a nuestro Poeta Nacional Nicolás Guillén.
La paloma de vuelo popular apareció en Argentina en 1958, tres días antes del triunfo de enero de 1959. Consta de treinta y nueve poemas y el título del libro lo tomó su autor de un verso de su Elegía a Jesús Menéndez, publicado en 1951, uno de los grandes poemas de la literatura no solo cubana, sino universal. Allí nos dice:
Venid, venid y en la alta
torre estaréis, campana y campanero;
estaremos, venid,
metal y huesos juntos que saludan
el fino, el esperado amanecer
de las raíces; el tremendo hallazgo
de una súbita estrella; metal y huesos juntos que saludan
la paloma de vuelo popular.
Poemario escrito en plena lucha contra el gobierno encabezado por Batista (Guillén se encontraba exiliado en Argentina), el libro, en su conjunto, como bien destaca en su prólogo la doctora Denia García Ronda, coordinadora científica de la Fundación Nicolás Guillén:
No habla directamente de la gesta del Moncada ni de la insurrección que se estaba produciendo en las montañas y los llanos de la isIa; pero esa situación nacional está, indudablemente, en la médula de su intención poética. Aunque en la poesía guilleneana está, desde siempre, la seguridad en el triunfo final de las clases populares, en este poemario hay indicios de que ese triunfo se ve más cercano.
En este libro permanecen temas recurrentes en la obra del autor de Motivos de son, no solo porque se repitan ciertos asuntos y expectativas presentes siempre en su obra, sino porque el poeta crear sus composiciones desde la perspectiva del pueblo, sus intereses, que fue una constante estética que tuvo su primera expresión en su inicial Motivos de son, de 1930, poemario que dio un giro a la lírica no solo cubana, sino latinoamericana, de modo que La paloma de vuelo popular es, en cierto modo, un ejercicio de continuidad de su creación poética enlazada con los más disímiles problemas de la sociedad cubana, y los articula magistralmente tratando de encontrar medios que contribuyeran a aminorar los desajustes de nuestra sociedad. En estas páginas late su permanente preocupación por Cuba, como en ese poema emblemático, también musicalizado, Un largo lagarto verde, donde nos dice:
Por el Mar de las Antillas
(que también Caribe llaman)
batida por olas duras
y ornada de espumas blandas, bajo el sol que la persigue
y el viento que la rechaza,
cantando a lágrima viva
navega Cuba en su mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.
En Casa de vecindad denuncia cómo el imperialismo actúa como factor paralizante sobre los países caribeños y suramericanos:
Sola, sobre su ola de parado coral,
Antillilandia vive,
esperando el trompetazo del Juicio Final.
Casa de vecindad, patio del Mar Caribe,
donde los inquilinos se juntan
bajo la luna, para charlar de sus cosas;
donde ya hay negros que preguntan
y mujeres que asesinaron sus mariposas.
[…]
Casa de vecindad, patio del Mar Caribe,
Con mi guitarra de áspero son,
Aquí estoy, para ver si me saco del pecho
Una canción.
La represión representada por el poder policial encuentra su representación poética en poemas como Canción de vísperas, donde leemos:
¡Qué vida la que vivimos
en estos años de muerte!
¡Qué vida la que morimos!
El ojo del policía,
abierto de noche y día.
La espada del matador,
de flor en flor.
Pero también aparecen en La paloma de vuelo popular otros temas permanentes en la poesía de Guillén como el amor y la muerte como expresiones de un estado espiritual. Encontraremos también textos plenos de lirismo, como Ronda, donde el ritmo alcanza una expresión de perfecta armonía con el sentido de los versos, sin dejar de asombrarnos por la sabrosura que le impone a cada expresión tan suya:
Paloma, sube a mirar
desde esa rama de pino:
dime si viene mi novia,
si viene por el camino.
¿Qué piensas tú?
Tu novia está en casa
comiendo cuzcuz.
El continente latinoamericano tiene espacio notable en esta obra —Paraguay, Guatemala, Brasil—, pero también los Estados Unidos, Europa y África, con poemas referidos a diferentes problemáticas sociales y culturales de esas áreas geográficas. Concurre también un tema poco frecuente en la poesía guilleneana, el exilio, visible, entre otros de iguales características, en Paloma del palomar, donde se mezcla la tristeza con la impaciencia:
Paloma del palomar,
cuando tú pases por México
no dejes de preguntar
quién me cerró
la puerta a que llamo yo,
paloma del palomar.
¡Tal vez te puedan decir,
paloma del palomar,
quién es quien la puede abrir
y quién la mandó cerrar!
Estamos ante un poemario de tristeza por la expatriación, pero pletórico de esperanzas y de optimismo, como siempre fue y es su poesía. Su aparición, insisto, tres días antes de la caída de la dictadura batistiana, le confiere a este libro un elemento premonitorio, y en sus versos se vislumbra, anuncio casi iluminado, que el poderoso del frente será obligado a retirarse de la Isla:
Será tal vez una ilusión,
tal vez será un ensueño vano,
mas veo rodar el banderón
y arder al viento tu canción
puesta en el mástil de tu mano.
La paloma de vuelo popular es libro para compartir entre todos, pero para decirlo con la gracia irrepetible de Nicolás Guillén, es propicio para leerlo con “la sencilla gente/ que solo por beber y charlar/ puebla los bares y tabernas/ junto al mar”. Es lectura obligada para todo cubano que ame no solo su literatura, sino su patria. Ejercicio poético tamizado por la impaciencia de volver a la Isla, pone a prueba, una vez más, el talento y la singularidad de quien, no por gusto, es nuestro Poeta Nacional.