Amores difíciles: Cirilo Villaverde, entre Emilia y Cecilia
Los amores felices, los amores realizados, no por ello a veces dejan de ser difíciles. La prisión, el exilio, la persecución, el compromiso patrio llevan consigo una dosis grande de sacrificio que torna difícil, y pone a prueba, los amores plenos.
Don Cirilo Villaverde llevó dentro de sí, en una aurícula de su corazón, un invariable amor patrio, en tanto la otra la ocuparon los amores a dos mujeres que marcaron su vida y quehacer: Emilia Casanova, la esposa, y Cecilia Valdés, la heroína de su novela homónima, la más importante de la literatura cubana del siglo XIX, conjunción por antonomasia del costumbrismo, el romanticismo, la realidad y la denuncia vigorosa de la infrahumana condición de vida del esclavo.
Con solo 18 años, Emilia vivió en Cárdenas el episodio insurreccional en que el general expedicionario Narciso López enarboló por vez primera la bandera cubana. Villaverde, por su parte, estaría implicado en 1848 en la conspiración de la Mina de la Rosa Cubana, igualmente comandada por Narciso López. Apresado por conspiración, Villaverde permaneció confinado hasta su evasión en abril de 1849. Recordemos que el general López organizó dos incursiones militares, ambas pro anexionistas y ambas fracasadas, en 1850 y 1851, y que terminó siendo ejecutado.
Cirilo y Emilia se conocieron en Norteamérica. La familia Casanova había emigrado por razones políticas y en 1854 se encontraba en Filadelfia. En ese exilio, Emilia conoció a Villaverde, prófugo del gobierno español. Al cabo de un año se casaron, en 1855. Ella había nacido en un poblado próximo a Cárdenas, en 1832; él, en 1812. El amor los unió y dejó frutos en un hijo, Narciso.
Emilia es una de las personalidades menos conocidas en nuestros tiempos, pese a que su hacer revolucionario dio bastante que hablar. Patriota ciento por ciento, mucho batalló en la nación norteña para que el gobierno de esta reconociera la revolución en armas, sin conseguirlo. Y como su tesón solo se equiparaba con su voluntad independentista, también escribió a personalidades de la política y la cultura europea, tales como Giuseppe Garibaldi y Víctor Hugo, solicitándoles declaraciones de apoyo a la causa cubana. Igualmente se conservan cartas suyas al presidente Carlos Manuel de Céspedes y hasta al propio capitán general de la isla, Domingo Dulce, a quien se dirigió para quejarse del tratamiento irrespetuoso que daba a su persona la prensa integrista. El epistolario de Emilia Casanova es tan importante como desconocido para los cubanos de hoy día.
Junto al esposo, Emilia fue colaboradora incansable de la causa cubana en las batallas diplomáticas y desde el periódico El Espejo, fundado en 1874 por Villaverde; ello, sin dejar de prestar la vivienda de ambos para el acopio de armamentos y centro de reunión de emigrados. Juntos fundaron y dirigieron un colegio en las cercanías de Nueva York.
A su otro gran amor, la Cecilia Valdés, consagró don Cirilo décadas de escritura. La primera parte apareció en 1839, aunque no quedaría terminada hasta 1879, publicándose completa tres años después. Tan largo período de gestación en modo alguno lo dedicó Villaverde solo a concluir esta novela, también se ocupó en asuntos de interés patrio, y pese a su adhesión inicial al movimiento anexionista de Narciso López, desde el estallido libertador de La Demajagua en 1868, que lo tomó en Nueva York, brindó decidido apoyo a la insurrección y puso su pluma al servicio de la independencia.
Las novela de Cecilia Valdés, recrea la sociedad cubana del primer cuarto del siglo XIX; al par del argumento —los amores incestuosos entre «el niño» rico Leonardo Gamboa y la bella Cecilia, quienes ignoran la existencia de nexos de consanguinidad entre ellos—, se describen las penalidades de los esclavos en los ingenios, las relaciones entre blancos y negros, los lujos de la aristocracia, así como otros caracteres reveladores del profundo sentimiento antiesclavista del autor.
Obra capital, ni siquiera los historiadores han podido entregar un cuadro tan vívido de la época como la novela de don Cirilo, quien nos legó una heroína novelada, y tuvo junto a sí a una heroína real como compañera de su vida, privilegio muy grande el de un hombre de quien, al morir a los 82 años en Nueva York, José Martí escribió:
De su vida larga y tenaz de patriota entero y escritor útil ha entrado en la muerte, que para él ha de ser el premio merecido, el anciano que dio a Cuba su sangre, nunca arrepentida, y una novela inolvidable.
Villaverde murió en 1894, Emilia Casanova, en 1897. En cuanto a Cecilia Valdés, pervive en las páginas de una «novela inolvidable».
