María Elena Molinet: alegre, polémica, batalladora, nunca amarga

El título de este artículo son las palabras de María Elena Molinet de la Peña, pues así quería que la vieran y recordaran.
Molinet fue una diseñadora de vanguardia, actriz, profesora, investigadora, autora de La piel prohibida, y la homenajeada por el centenario de su nacimiento en el más reciente espacio El elogio oportuno, que dirige el periodista Fernando Rodríguez Sosa.
Nacida el 30 de septiembre de 1919 y fallecida el 6 de octubre del 2013, María Elena dejó tras de sí una estela a donde hay que ir a beber, si de diseño se trata. Para hablar de ella y de su obra se reunieron, en la librería Fayad Jamís del muy transcurrido Obispo, al cineasta, periodista, poeta y director del Centro Pablo de la Torriente Brau, Víctor Casaus, y el público asistente.
Se tomó como base el libro María Elena Molinet, diseño de una vida, de la investigadora, periodista y escritora, Estrella Díaz, publicado por Ediciones La memoria del Centro Pablo.
En él podemos leer la autobiografía de esta mujer de carácter arrollador, muy cubana, y nacida en el seno de una familia mambisa, que vivió la vida intensamente, que enseñaba con su actitud vital. Así la recordó Rodríguez Sosa, pues él la conoció por mediación de Lilia Esteban Hierro, la viuda del escritor Alejo Carpentier.
Víctor Casaus estuvo de acuerdo con tal afirmación y la recordó muy querida por sus alumnos, encargada del atuendo de los actores del largometraje del clásico cubano Lucía, donde también hizo un pequeño papel; y que dejó todo un andamiaje asentando, desde los recursos del país, el diseño del vestuario cubano.
Se escuchó la voz en off de Marilyn Carbei, grabada el pasado 2 de septiembre, desde el programa «En el Centro» de la emisora Habana Radio y dedicado al Centro Pablo. La locutora hizo una pequeña reseña del libro antes mencionado y un breve pasaje por la vida profesional de la homenajeada.
Antes de terminar Víctor Casaus leyó una carta que se encuentra en dicho libro, dirigida a Eusebio Leal, y donde María Elena le daba las gracias por haberla ayudado mientras su casa estaba siendo restaurada. La misiva sirvió como homenaje a los 500 años de La Habana y a su historiador Eusebio.
El espacio cerró con la Camerata Romeu tocando una habanera, número musical preferido de quién murió queriendo ser Shakespeare y dejó una obra incalculable.
