Un premio a la crítica, la investigación y la ciencia cubanas

En la tarde de este jueves el Centro Cultural Dulce María Loynaz fue sede del acto de entrega del Premio Anual de la Crítica Científico Técnica 2018. Presidieron la ceremonia Alpido Alonso, ministro de Cultura; Juan Rodríguez Cabrera, presidente del ICL; Josué Pérez, director del CCDML; y Mauricio Hurtado, embajador de Chile en Cuba. Estuvieron presentes, además, investigadores, científicos, miembros del jurado del premio, los autores premiados, escritores y editores.
Este reconocimiento es convocado por el ICL y se le confiere a los mejores títulos de carácter científico y técnicos publicados por las editoriales cubanas durante el período de un año. Tiene la misión de estimular el trabajo de los autores, así como el de las editoriales encargadas de su producción.
En esta ocasión, el jurado estuvo integrado por destacadas personalidades de la ciencia en nuestro país: la doctora Marlen Domínguez, en calidad de presidente; los doctores Mario Rodríguez Mena, Norma Gálvez, Nancy Quiñones, Patricia González, Alina Bárbara López y Elvis Raúl Rodríguez Rodríguez.
Luego de examinar las 66 obras propuestas, el jurado pactó premiar 10. Entre ellas se encuentran Cirugía (6 tomos), de un colectivo de autores coordinado por Rómulo Soler y Orestes Noel Mederos. A la colección se le atribuyó una elevada calidad académica, al constituir un verdadero tratado en la materia. Catalogado como un «excelente producto de un trabajo realizado durante varios años por decenas de especialistas, que demuestra el desarrollo alcanzado por la medicina, particularmente por la cirugía en el país», el texto contiene un merecido homenaje a figuras prominentes en esta área del conocimiento.
El libro del editor, de Elizabeth Díaz González, premio Nacional de Edición, fue otro de los galardonados. Según el jurado:
Este libro, de indiscutible utilidad, selecciona y recopila una variedad de materiales imprescindibles y actualizados para el trabajo del editor. Se encuentra escrito de manera muy didáctica y apoyado en ejemplos ilustrativos, de manera que constituye un manual de consulta imprescindible, no solo para los que ejercen el oficio, sino como herramienta de trabajo diario para escritores, periodistas, científicos o estudiantes, todos aquellos que deseen ampliar sus habilidades en la escritura.
Una interesante investigación acerca de un fenómeno cultural que, por cotidiano puede pasar inadvertido, resultó ser Lo cubano en el vestir: Apuntes esenciales, de Diana Fernández. Su valor científico radica en el enfoque histórico y la visión sociológica empleada por la autora. Es un texto que posibilita ampliar la cultura del lector, a la vez que profundiza en aspectos sociales de nuestra nación e identidad.
Otra de las obras premiadas por su elevado rigor científico constituyó El gran Caribe, de Alberto Prieto Rozos. El libro «supera por su contenido y profundidad en análisis a otras obras antecesoras dedicadas al tema y nos permite acercarnos, desde una visión más integrada, a la comprensión de la complejidad de los nexos que históricamente nos unen en el proceso de construir una identidad regional», acordaron los miembros del tribunal.
Pedro Blanco. El Negrero. Mito Realidad y Espacios, de María del Carmen Barcia Zequeira, calificado como «una indagación exhaustiva de un fenómeno complejo en un contexto histórico, que nos permite comprender la naturaleza de índole económica y éticamente desvalorizada de la trata negrera» mereció el reconocimiento por su correcta documentación sobre el tema, y por articular con maestría la micro y la macro historia para cubrir un espacio vacío en los estudios cubanos, las historias de vida en los años de la esclavitud en Cuba.
Por otro lado, Metabolismo. Nutrición, de Lidia Leonor Cardellá, Gisela María Pita, y Rolando Hernández Fernández resultó ser una de las investigaciones más propicias para satisfacer las demandas de formación académica, debido a la insuficiencia de textos sobre la temática en la actualidad para los estudiantes de las carreras de Medicina. Recibió el Premio por ser además portadora un gran valor teórico y rigor científico.
Requerimientos para el cultivo y la comercialización del aguacate, de un colectivo de autores integrado por Tania Mulkay, Mayda Betancourt, Zita M. Acosta, Caridad González, Rolando Clavijo y Adrián Paumier; Prevención y atención de los trastornos adictivos, de Justo Reinaldo Fabelo Roche y Serguei Iglesias Moré; Cuba Rural. Transformaciones agrarias. Dinámicas sociales e innovación local, de los coordinadores Arisbel Leyva, Dayma Echevarría y Rubén Villegas y El Caribe: procesos económicos en perspectiva histórica, de Oscar Zanetti Lecuona fueron los restantes títulos merecedores del galardón.
Elizabeth Díaz González leyó las palabras de agradecimiento en nombre de los premiados y recordó a Esteban Llorach, recientemente fallecido, «uno de los mejores editores de Cuba, quizá el mejor».
No creo que nadie escriba para obtener un premio, no creo que así nadie pueda merecerlo. Se escribe para comunicar algo a los demás, ya sea un libro científico, técnico o de ficción, nos enseña o hace reflexionar, o nos hace felices, o las tres cosas al unísono. Los que hoy hemos sido premiados hemos querido hacer felices a los demás, posiblemente con inseguridades al escribir, pensando al final que podíamos haberlo hecho mejor. El que nos hayan dado un premio nos tranquiliza en alguna medida, algo hemos hecho bien, nos da un aval para la difusión del libro, nos recompensa el trabajo duro, nos dice que debemos seguir trabajando, si es posible, mejor. Es un compromiso para seguir siendo útiles a los demás y nos crea un sentimiento que da calidez a nuestro corazón, el agradecimiento, indicó la editora.
A continuación, la presidenta del jurado, Marlen Domínguez, dio lectura a las palabras de elogio. En primer lugar, agradeció a sus colegas por su trabajo puntual y riguroso y mencionó los aspectos a tener en cuenta a la hora de evaluar las obras.:
Por tratarse de este premio, para decidir tomamos en cuenta sobre todo el nivel científico o técnico de la obra, su impacto, originalidad, pero también lo logrado en la organización de la información, por supuesto el lenguaje, la redacción y la edición. Podía haber habido 10 premios más, o 20, todos los libros sometidos a juicio son útiles para algún segmento de nuestra población y van a enriquecer nuestras bibliotecas, las de las familias, los amigos, estudiantes.
Otra cuestión a agradecer es que este sea uno de los pocos, si no el único premio en el país que toma en cuenta la labor editorial, a veces minimizada o invisibilizada. Este premio, importante para tomar la temperatura a un tiempo al trabajo científico técnico y la editorial, gana prestigio e interés, sirve de estímulo a mucho trabajo callado que se hace en nuestras universidades y centros de investigación e irá perfeccionando las bases y requisitos para que otros jurados puedan continuar su trabajo cada vez con más acierto, equidad y justicia. Por ahora los jurados, los premiados y lectores somos más ricos que ayer, concluyó.