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Luis Suardíaz, el poeta periodista

Leonardo Depestre Catony, 18 de marzo de 2010

Mucho he meditado antes de escribir el título de este comentario. Luis Suardíaz fue un agudo periodista cultural y un poeta leído por más de una generación. Pero en este hombre que sumó a sus labores intelectuales las responsabilidades ciudadanas, la vocación poética prevaleció sobre cualquier otra actividad literaria. Luis Suardíaz, seguro estoy, prefiere se le recuerde como poeta y así nos permitimos nombrarlo el poeta periodista.

Camagüeyano —de la patria chica de la Tula Avellaneda, del maestro Nicolás Guillén y de Emilio Ballagas—, nacido el 5 de febrero de 1936, fue miembro del Movimiento 26 de Julio y contaba veintitrés años al triunfo de la Revolución, proceso al cual entregó muchas horas de trabajo y dentro del cual desempeñó responsabilidades que fueron dejando huella en diversos campos de la vida socio-política del país.

Quien rastree su quehacer lo hallará, según las exigencias del momento, en la dirección general del Consejo Nacional de Cultura, como director de la Biblioteca Nacional José Martí, director de la Editora Política, subdirector general de la Agencia de Noticias Prensa Latina, director de más de una publicación periódica, en el servicio exterior (como consejero cultural en la antigua Unión Soviética), vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, miembro fundador de la Unión de Periodistas de Cuba… También, en la atención de la plana cultural del diario Granma o en la del semanario Bohemia.

Activo, profesional, dotado de la capacidad de mantenerse insomne y lúcido, Luis Suardíaz es parte de una época de afianzamiento cultural a nivel colectivo, sin dejar de escribir y cronicar esos tiempos.

Escribió, porque así lo sintió,  que “la poesía es siempre una anticipación y un reto, una aventura que puede llevarnos al pasado y al futuro sin desprendernos del presente”. La definición es, en nuestro criterio, muy acertada.

Muchacha que llevas un ánfora
llena de espíritu,
ausente de las canciones protesta
de Lucrecio,
no puede ser la obra de los dioses
tu figura tan virtuosa y perfecta.

(Cantar, fragmento)

Haber vivido, su primer libro, se publica en 1966 y alcanzó mención en el Concurso Casa de las Américas. Le sucedieron, entre otros, los siguientes títulos: Como quien vuelve de un largo viaje, 1975; Leyenda de la justa belleza, 1978; Todo lo que tiene fin es breve, 1983; Siempre habrá poesía, 1983; Tiempo de vivir, 1988; Estas son mis sagradas escrituras, 1988; Un instante que sostiene toda la luz, 1988; Nuevos cuadernos de clase, 1989; Papel mojado, 1991… También preparó antologías y redactó ensayos, entre ellos el titulado "Para llegar a El Gran Zoo", de 2002, sobre la obra poética de Nicolás Guillén.

La poesía de Luis Suardíaz, traducida a numerosísimas lenguas, está recogida en antologías diversas publicadas en el exterior. Ganó el Premio de Poesía 26 de Julio de 1993 por el libro Voy a hablar de la esperanza, el Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro 2003 y el Premio Nacional de Periodismo José Martí por la obra de toda la vida, en 2005.

Suardíaz falleció el 6 de marzo de 2005, a la edad de sesenta y nueve años. La Universidad de Camagüey le otorgó el titulo (post mortem) de Doctor Honoris Causa, en ceremonia solemne efectuada en el Salón de Protocolo de la Plaza de la Revolución Ignacio Agramonte, el 5 de febrero de 2006, en el aniversario 70 de su natalicio. La Unión de Periodistas de Cuba y el Ministerio de Cultura convocan anualmente el Premio Nacional de Periodismo Cultural Luis Suardíaz en honor al destacado intelectual.

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