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¿Dónde estás…?

Eldys Baratute, 18 de marzo de 2010

Una de las satisfacciones de los escritores cubanos para niños y jóvenes es publicar, al menos uno de sus textos, en la Editorial Gente Nueva. Una cuidadosa edición, un atractivo diseño y grandes tiradas caracterizan a los libros publicados por dicha editorial en la que, además, las colecciones tienen un sello distintivo que permite al lector/comprador orientarse al escoger lo que prefiere.

En el año 2007, con el propósito de publicar textos de narrativa que apostasen por una literatura que rompa con esquemas tradicionalistas y anquilosados, una literatura sin temas ni estilos tabúes, nace la colección Veintiuno. La misma pone en contacto a los lectores cubanos con autores extranjeros hasta el momento desconocidos en nuestro país. Algunos como Carlos Frabetti, Armando José Sequera, Bianca Pitzorno, Alki Zei, Jostein Gaarder y Débora Ellis integran la lista de los “Veintiuno”. Por supuesto, también se suman autores cubanos. Son imprescindibles los títulos ¿Dónde está la princesa?, de Luis Cabrera Delgado; Lo que sabe Alejandro, de Andrés Pi Andreu; Tierra de nadie, de Ariel Ribeaux; y María Virginia, mi amor, de Gumersindo Pacheco.

¿Dónde estás, Susana? (2009), del joven pinareño José Antonio Linares, es otro de los libros que dignifica la novel colección.

Con una prosa despojada de adjetivaciones excesivas y de descripciones fuera de contexto, y con una economía de recursos que nos hace olvidar que estamos frente a un narrador omnisciente, en este libro se relatan dos historias paralelas. Una primera, la de Susana y su amigo Donato en la noche de un 31 de diciembre; y una segunda, y posterior, que recrea los encuentros entre Susana y su amiga Eloísa, donde ambas niñas comentan lo sucedido a la protagonista en vísperas de año nuevo. Estas historias, aunque separadas por el tiempo y el espacio, se comunican de tal forma que una complementa y sirve de sostén a la otra.

Alguien pudiera pensar que es absurdo escribir sobre Navidades, Reyes Magos, o Noches Viejas en un país en el que no hay tradición de regalos, arbolitos o Papá Noel. Sin embargo, este autor no se queda en la superficialidad de las fiestas, las serpentinas y los bombillos de colores. (…) En una pequeña habitación, sentada sobre su cama, Susana se sentía muy sola (…) La fecha no es más que una justificación para llevarnos al cuarto de Susana y empezar a simpatizar con ella ―rapor, así lo denominan los psicólogos―, y como lectores sentimos que la protagonista nos pide que la acompañemos; sin embargo, alguien se nos adelanta y aparece en su cuarto: Donato, un escritor (…) alto y delgado como una vara de pinchar gatos, de barba descuidada y espejuelos en la punta de la nariz (…) Y mientras conversan, él escribe su propia novela. ¿Sería ¿Dónde estás, Susana? esa novela?, ¿estamos frente a un autor que no se conforma con escribir la historia, sino que, además, prefiere ser parte de ella? Estas son dos de las preguntas que José Linares nos hace desde el primer capítulo, y, de paso, comienza a establecer una relación de rapor con los lectores. En otras ocasiones he dicho/escrito que en la obra de arte el espectador agudo siempre descubre la mano del creador, aunque este se trasvista de todas las formas posibles: el José Linares de carne y hueso comienza a asomarse desde las primeras páginas de su libro.

Todo plato que se cuece con deleite lleva un punto de sal parta fijar el sabor. En el caso de esta historia “el punto” está precisamente en el medio familiar en el que vive Susana: ¿Por qué la niña está sola en vísperas de año nuevo? Volver a los trillados caminos de separaciones por emigración o divorcios traumáticos sería perder el argumento. José prefiere ser sutil, sugerente, y con una simple discusión entre adultos resuelve este detalle: (…) Mis papás discutieron y se acostaron temprano, sin dar las buenas noches (…) Y con esa misma sutileza aborda temas neurálgicos en la sociedad cubana: la infidelidad, el machismo, la incomunicación y el maltrato familiar a los más pequeños.

Ahora bien, y este es el punto de giro de la historia: ¿Donato es un personaje real o es el amigo imaginario que se inventan todos los niños? Si este texto lo hubiera comenzado a leer hace veinte años, diría que sí, que ese escritor de barba descuidada bien pudo tocar a la puerta de la niña en vísperas de año nuevo y bien pudo pasar con ella toda la noche; pero el lector adulto con manías de sabelotodo que soy cree percatarse de que Donato no es real ―al menos para mí―, aunque lo sea para Susana. Sin embargo, para los incrédulos lectores, esos que en algún momento dejamos de soñar, de inventarnos amigos, aquí el autor pone una zancadilla.

[Donato]: ¿Sabes?, cuando les cuente a mis amigos sobre ti van a decir que no existes, que eres sólo otro personaje de mis libros.
(…)
[Susana]: Pero existimos, ¿no?
[Donato]: Cerremos los ojos, si al abrirlos aún estamos aquí, es que somos reales.
[Susana]: Uno, dos y tres.
(…)
Donato abrió los ojos.
[Donato]: Susana, ¿dónde estás? Ya te escondiste para asustarme (…) ¡Susana! si no apareces pronto, otra vez voy a recibir el año llorando.

Entonces, ¿quién es el personaje imaginario, Susana o Donato?, ¿los mayores también podemos inventarnos compañía? He aquí el sorprendente final. Sólo faltaba una aclaración al inicio de este capítulo: LEER EN COMPAÑÍA DE ADULTOS. Y no para que estos le explicasen a los pequeños lo que no pudieran entender, sino para que escuchasen la voz del autor diciendo que nosotros, los que tenemos barba, hijos, nietos, sobrinos y puestos laborales, también podemos sentirnos solos.

Para los niños este será uno de esos relatos en los que deberán encontrar su final. Algunos preferirán inventarse a Susana; otros, al escritor; y los más osados inventarán a su propio amigo. Quizás esta última sea, para los lectores de cualquier edad, la manera más agradable de disfrutar ¿Dónde estás, Susana?