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La humildad como lección
Arístides Vega Chapú , 06 de octubre de 2009

La Editorial Capiro de Santa Clara, cumple sus primeros diecinueve años y los celebra como le corresponde a un proyecto cultural de este tipo: incorporando nuevos títulos a su ya amplio catálogo.

El poemario Lecciones de humildad, es una de estas últimas propuestas. Su autor, Allan Padrón (Santa Clara, 1969), recorrió su ciudad por cada una de las diversas calles, estrechas y polvorientas, ruidosas y amplias. Ninguna le fue ajena, ni las inscritas en algún mapa citadino ni las que tienen que ver con memorias y anhelos, con los deseos que como habitantes nos hacemos, con todo derecho, a crearnos otra ciudad u otros espacios imaginarios que se acercan a ese sitio en que definitivamente uno decide vivir. He llegado en bicicleta, /pasé frente al cementerio/. Pude escoger otras alegorías,/ mas no es justo/ retomar la nieve de otro patio…

Un croquis de esos recorridos por una ciudad  trazada en la imaginación es este poemario, Lecciones de humildad, que convierte a su autor en un escritor édito, gracias al sello editorial Capiro,  que supo reconocer el testimonio auténtico y veraz que ofrecen estos versos.

Como cartero –y no precisamente de Neruda, sino cartero de una ciudad llamada Santa Clara –recorrió años las calles marcadas en el destinatario de sobres llegados de geografías cercanas y distantes. Entregó mensajes y a su vez le devolvieron gestos y palabras, sencillos o expresivos saludos de la relación humana que obliga este oficio. Silbando, de regreso, derrotado/ Seré la inadvertida estatua que no miran/ Por temor o equivocación

Solo que Allan no era un cartero común, sino un hombre decidido a vivir la experiencia de la plenitud que propicia la creación. Dominar, desde la escritura, los seculares nexos entre la realidad y la irrealidad fue el verdadero oficio que propició este testimonio en forma de poemario.

Supo vivir la experiencia con toda la abundancia de imágenes, sensaciones, sonidos, que la aceptación de la realidad, sin prejuicios, posibilita, explorando –más que las disímiles geografías por las que se veía obligado a transitar –el interior de ese territorio infinito que muestra las complejidades de quienes vivimos contra intermitentes  luces, ruidos, un veloz ritmo que a veces no provoca placer. Al no hallar fósforos en medio de la noche, /mi alma y esos fortuitos colores/ que el petróleo ha obtenido del agua/ apuestan por un cielo inútil.

El escenario urbano y humano que testifica, a manera casi siempre de conflicto, muestra la relación de los personajes que aquí aparecen con la geografía en que están orientados como habitantes de una ciudad que es descrita de manera desigual por cuantos deciden dibujarla. A veces es hostil, otras el mejor de los parajes.

Asisten perplejos a ese cuestionamiento que de cada uno hace el autor de este poemario. Aquí están amantes y familiares, los hijos, siempre los hijos, porque no hay nada que le justifique más este intento de adelantarse a los sucesos para describirlo que la paternidad. En el fondo de la mochila, / llevas el power ranger que abuela te trajo de la Habana/ y entre las pocas posesiones: /los gritos de tu madre y mi tonto humanismo.

En Lecciones de humildad, hay una arquitectura ficticia, pero la ciudad es siempre el escenario, pues resalta una necesidad de salvar recuerdos a través de los sitios emblemáticos en que alguna vez fue feliz o infeliz. A los extremos, porque este poemario describe dolores reales que en nada el poeta quiso idealizar o encubrir: El dolor con su veracidad trágica.

Desgarrados por éste se presentan algunos de los personajes que hace aparecer y desaparecer, Allan, en la historia que cuenta en Lecciones de humildad. 

Un libro que en nada atiende a las modas ni la complacencia de lectores descomprometidos. Estas lecciones están dadas con humildad, pero como lecciones, al fin y al cabo,  precisan de toda la atención, de todo el compromiso, de toda la mueca o la sonrisa. A medias no es posible disfrutar esta poesía que intenta decirlo todo.

Bienvenido este nuevo título de Capiro que nos recuerda el aporte que ha realizado esta editorial a la rica, diversa y amplia vida cultural cubana.

Bienvenido Allan Padrón, amante y cartero, padre e hijo, ciudadano de un cosmos que él supo inventarse, al mundo real de la poesía.

 

 

 

Notas:

(1) Ob. cit., p.13

(2) Ob. cit., p.16

(3) Ob. cit., p.55

(4) Ob. cit., p.73