Centenario de Dora Alonso.
La narrativa para niños y jóvenes (II)
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En realidad, pese al notable estímulo que a partir del triunfo de la Revolución en 1959 recibió la obra de Dora Alonso, y a que ella fue de nuestras creadoras más prolíficas para las primeras edades, la autora siempre lo pensó muy bien a la hora de escribir un nuevo libro para niños.
Al volver la vista atrás, advertimos que únicamente publicó las obras suficientes y no toda una avalancha como hubiera podido esperarse de quien se movía con tal soltura y aciertos en el mal llamado género literario de la literatura infantil y fue estimulada, además, por una merecida popularidad, el reconocimiento social y un soporte editorial relativamente bueno para difundir su creación.
Aunque en varias entrevistas Dora declaró que la inspiración “lo debía coger a uno trabajando” y que ella era de quienes, como laboriosa y callada hormiga, se sentaba a diario frente a su maquinita de escribir, pienso que el sentido de su creación es puramente visceral y se basa más en la más pura inspiración que en el propósito de abordar determinados temas o géneros.
Al margen de un notable oficio, ganado por años de trabajo en medios a los que debió adecuar su expresión, Dora nunca escribió por encargo ni siguiendo modas imperantes o algún tipo de pie forzado, si acaso el de adecuarse a los requerimientos propios (imprescindibles) de cada uno de los géneros por los que con tanto acierto transitó.
Eso se advierte cuando uno constata lo diferentes que son sus libros entre sí, el modo en que la emoción que los transita hace presa en narradora (o poetisa o dramaturga) y lector, y el notable hecho de que —como ya se verá cuando, a lo largo de varias secciones, se analice cada obra en sí misma— nunca repitió a ninguno de sus personajes, pese al gran éxito probado de los mismos, no sólo en el público infantil, sino en medios como la televisión, la radio o incluso en el mundo editorial.
Su obra narrativa para niños y jóvenes comprende, pues, estos volúmenes, publicados a lo largo de tres décadas de fecunda, laureada y popular labor literaria: Aventuras de Guille. En busca de la gaviota negra, Editora Juvenil, La Habana, 1966; Ponolani, Ediciones Granma, La Habana, 1966; El caballito enano, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1968; El cochero azul, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1975; Gente de mar, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1977; El libro de Camilín, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1979; El valle de la Pájara Pinta, Ediciones Casa de las Américas, La Habana, 1984 (Premio Casa en 1980, Premio La Rosa Blanca en 1985, e incluida en la Lista de Honor del IBBY); Tres lechuzas en un cuento, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1993 (Premio La Rosa Blanca); Juan Ligero y el gallo encantado, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2000 (Premio La Rosa Blanca); Cocorioco, Editorial Capiro, Santa Clara, 2000; Sesohueco, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2005; Este era un gato, Editorial Gente Nueva, Colección Tesoro, La Habana, 2006; y Agua pasada, Editorial Gente Nueva, La Habana, 2007, que ya en 1981 contó con una edición para adultos, por Ediciones Unión, .
Casi todos estos títulos han sido editados en varias ocasiones y en formatos muy diferentes. Algunas de sus obras fueron traducidas a diversas lenguas.
Ajena por completo a los vaivenes actuales de la intertextualidad entre argumentos, personajes o estilos, a la llamada posmodernidad, que se expresa en la ruptura de los cánones literarios impuestos por la tradición, sin supeditarse del todo a los mismos, en cada obra narrativa Dora Alonso consiguió, sin embargo, crear un estilo único, vigoroso e irrepetible entre un libro suyo y otro.
Verdaderamente, su creación narrativa para niños —que sí es muy conocida y, en sentido general, ha sido ampliamente editada y reeditada hasta convertirla en una autora trimillonaria en cantidad de ejemplares publicados— se resume en cuatro novelas breves, dos libros de memorias, un testimonio, dos libros de cuentos, una singular epístola autobiográfica y varios cuentos publicados aisladamente.
Con motivo de su centenario, la Editorial Gente Nueva ha decidido recopilar su obra completa (no solo la narrativa) en una nueva colección, de esmerado y artístico diseño, que pretende dar al lector una imagen general del quehacer de la conocida autora cubana.
La colección Centenario contará con los siguientes volúmenes:
Aventuras de Guille: noveleta juvenil que relata la historia de un adolescente y un destacado científico que se aventuran en la búsqueda de la gaviota negra, especie rara que habita en un determinado cayo de Cuba. Historia importante desde el punto de vista temático, pues se aborda el tema ecológico y se resaltan valores como el amor a la naturaleza, y en especial, a la fauna.
En Cuentos inolvidables se presenta una recopilación de varios libros de Dora Alonso: El cochero azul, El libro de Camilín, El caballito enano, Juan Ligero y el gallo encantado y Tres lechuzas en un cuento. Lecturas muy necesarias e importantes para el público infantil que nunca pierden actualidad y ternura.
El valle de la Pájara Pinta es uno de los libros más laureados de la literatura para niños y jóvenes en Cuba, aunque resultaría muy controvertido especular si se trata del libro más popular de la veterana creadora de obras infantiles. Dora ya se encontraba en su madurez cuando la escribió, a finales de la década de los setenta.
Un poco tributaria de su anterior noveleta, El cochero azul —texto emblemático en la narrativa nacional para la infancia, al constituir un vuelco en la literatura que se hacía por entonces, y a la vez, el ABC para muchos autores noveles—, El valle de la Pájara Pinta revela cómo las mejores obras de ficción pueden nacer de la propia realidad.
Esta colección por el Centenario, que en el futuro estará abierta a la reedición de otras obras narrativas de Dora Alonso, como Once caballos, Ponolani, Agua pasada, Gente de mar, etc., se completa con un volumen teatral y otro de poesía.
Así, Nuevas aventuras de Pelusín del Monte rescata el teatro sobre este conocido personaje de la televisión y el teatro cubanos. Ocurría que, de las publicadas por Dora Alonso sobre el personaje Pelusín, sólo cuatro habían sido editadas. Esta obra no sólo facilita a adaptadores teatrales los textos de Pelusín del Monte, sino que completará las lecturas de los niños sobre este títere tan popular y cubano. Por su parte, Entre el sinsonte y la ceiba, libro bellamente ilustrado por varios artistas de la plástica, incluye los poemarios Palomar (1979), La flauta de chocolate (1980), El grillo caminante (1981), Los payasos (1985) y Adivinanzas (2002).
Releer la obra de Dora Alonso, quien en una entrevista, hace muchos años, le confió al joven periodista que un día fui “ser una cubana que siempre reverdece”, es volver la vista a todo un segmento de la literatura cubana, segmento indeleble en el tiempo, que marca no solo una época, un estilo o una manera de decir, sino algo de nuestra historia, no solo literaria sino social.
Dentro de esa obra cubana, criolla, genuina y humana como la que más, los libros para niños de Dora Alonso marcan un hito importante en nuestro desarrollo literario, un hito imborrable y imperecedero, a través de las generaciones de lectores.
Se puede decir, por tanto, y sin temor a absolutizar en ningún sentido, que Dora fue uno de los ladrillos imprescindibles en la construcción del edificio que es hoy la literatura infantil cubana.
Aunque muchos de quienes escribimos ahora poco tengamos que ver con su estilo, inquietudes o principios, el hecho de que haya existido una Dora Alonso, y, con ella, libros como El cochero azul, El valle de la Pájara Pinta, Juan Ligero y el gallo encantado, y personajes como Juan Palomo y Pelusín del Monte, entre tantos, nos hizo diferentes, nos hizo mejores, nos hizo más humanos y abiertos hacia el presente y el futuro.