Otros dobles
Los clonados
Vea el filme Mis otros yo protagonizado por Michael Keaton, donde actúa al ingeniero Douglas Kenney, desdoblándose en tres mellizos —Dos: rudo, soez, chabacano, desconsiderado; Tres: amanerado; Cuatro: estúpido, mongo, imbécil, fronterizo. Mr. Kenny acude a un genetista —Creo tiempo, hago clones ―le asegura el clonador―, porque no le alcanza el tiempo para realizar todas sus responsabilidades. Cuando el clon peor de todos, el fronterizo le refiere «Tu esposa dice que no arreglas cosas después de haberlo prometido mucho tiempo atrás», reúne a sus mellizos, re-construye su hogar y ―re-declarando amor a Laura/ actriz Andie McDowell― convencido (“Si te pones una meta ―le dice a su re-esposa― puedes hacer lo que sea”) definitivamente calcula: ―Haré mi propia empresa, para decidir mi horario, y hacer mi vida. [Relación con Alter ego; ya que los clonados le sustituyen y representan.]
La Sombra
La sombra propia es la parte no iluminada de un cuerpo, y está determinada por las generatrices tangentes a los límites periféricos del cuerpo. Sombra también es el espectro o la aparición vaga y fantástica de la imagen de una persona ausente o difunta; la persona difunta que se suponía era una especie de fantasma, sin realidad material. [Relación con Fantasma y tal vez con Fetch.] Se le llama sombra igualmente a la persona que sigue a otra por todas partes: «la buena sombra, que a todas partes me acompaña, deparóme un amigo, cuya compañía y grata conversación suavizaban la rigidez monótona de mi vida», declaración de don Benito Pérez Galdós, el gran novelista de los episodios nacionales de España. [Relación con Alter ego y Doppelgänger.] «Mirarse uno a la sombra»: ser presumido, preciarse de conquistador. Por último, la definición de sombra que más nos gustaría trabajar: persona que cada convidado podía llevar consigo para que le acompañara. [Relación con Doppelgänger.]
En el Taller
Las posibilidades dramáticas e hilarantes que brinda, por ejemplo, mirarse en los espejos deformantes de la figura que hay en los parques de diversiones; toparnos con nuestro mellizo sin ser nosotros jimaguas de nadie; o el terror de haber visto, o creer-lo, un fantasma, inflamaron «la mente», el imaginario de autores tan célebres como Borges, Calvino, Dumas y Stevenson. Ejercitando los dobles potenciaremos nuestra fantasía y percibiremos mejor el elemento narratológico punto de vista ―aparte de ensayar la homoduplexia: condición del hombre de tener que ser dividuo e individuo.
Laboratorio
Dado el Diccionario más la capacidad analítica de los participantes en el Taller, pasamos al cuestionamiento de la imagen (real-irreal) y de la acción (exterior-interior; simultánea-sucesiva) de los duplex. La Tabla contiene información verdadera y falsa y dudosa y provocaciones previas, con el objetivo de conducir el debate, para completar y para determinar características invariantes (o no) de las figuras. Por obvio, no incluimos a Dios.
Tabla para el debate sobre las figuras dobles

Manejo de la Tabla en el debate
El punto de vista que establecemos para el análisis de cada figura con respecto a la Tabla es el siguiente: el lector mirando los dobles, el lector ve los dobles, yo los veo, como si estuviéramos leyendo a una tercera persona, una narración en tercera persona.
El Aleph es un objeto que proyecta el mundo exterior y el interior (“vi mi cara y mis vísceras/ vi la circulación de mi oscura sangre/ vi la delicada osatura de una mano/ vi un cáncer en el pecho” ―cuento “El aleph” de Borges). De acuerdo con el cuento, “todos los lugares de la tierra, sus luminarias, sus lámparas y veneros de luz vistos desde todos los ángulos del universo”, ocupan “igual punto en el espacio, en colores y sin superposición ni transparencia”; por lo que esta emisión es una acción que en el tiempo se produce ―y deberíamos percibir— de manera simultánea… aun cuando no podemos sino enumerarlas de modo sucesivo: porque ―como caracteriza Borges en el cuento— “lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es”. El tallerista debe completar que es un objeto irreal o fantástico.
El Alma puede vagar por el exterior y está dentro de la persona que miramos y dentro de nosotros mismos. El alma como el fantasma tiene a la persona como hospedero. Para el ateo u otra persona sin credo religioso, el alma es irreal; pero esta misma persona conviene con miembros creyentes del Taller en que ―por convención tradicional, cliché, código establecido— el alma es incorpórea, espectral, neblinosa, asociada como símbolo de pureza al color blanco. El tallerista debe crucificar los dos tiempos.
Alter ego. Hay un dato falso —irrealidad del alter ego―; pues, realmente existen los amigos que nos sustituyen y representan. En verdad hay «almas gemelas». Acción simultánea porque puede estar representándonos mientras vivimos o hacemos otra cosa; y sucesiva porque usted puede representar a un amigo posteriormente a que él lo nombre.
Doppelgänger. El lector no ve (porque es invisible) una figura que camina a su lado. Yo siento que el doppelgänger camina junto a mí; por tanto es exterior y simultáneo a mi caminar.
Espejo. Me refleja y refleja lo que está fuera de mí (exterior).
Fantasma. Fuera del lector, de mí, de yo (exterior). Pero hay fantomas interiores también.
Fetch. Exterior porque viene de fuera; pero por asociación, como es fantasma y los fantomas pueden estar dentro de ti, sí. No es simultáneo porque te viene a morir, anuncia tu muerte, y te lleva después (sucesivo) al infierno.
Jekyll-Hyde. Por concepto (“el bien y el mal en uno mismo”) es interior. Sucesivo porque el mal (en la novela de Stevenson) era posterior (por la noche) al bien (por el día). El célebre autor de La isla del tesoro, nos hizo un guiño; pues hide en inglés significa esconder. Y generalmente escondemos nuestra maldad.
Peyote. En el chamán tiene mayor importancia el interior; por tanto, es dato falso la marca en exterior.
Sosia. La semejanza es sólo física. Como es otra persona, el tallerista marcará exterior y los dos tiempos.
Stunt. La información ofrecida por el cuadro (cruz negra en exterior), no es falsa; pues los dobles del cine generalmente realizan acciones físicas al aire libre, en espacios manifiestos o evidentes. Teniendo en cuenta que como lectores vemos de una vez al Actor Principal y al Actor Secundario o doble, lo interesante aquí sería jugar con distintos puntos de vista: AP como ser social sabe que para el público él es el héroe; público sabe que el verdadero héroe es AS, y éste (en su “interior”) se regocija. El accionar en el tiempo del Actor Secundario o doble suele suceder y ¡anteceder! también a la actuación del Actor Principal, ya que muchas veces AS filma antes las escenas de peligro donde AP sólo pone la cara… después. Por tanto, marcar los dos tiempos.
Tercero. Es obvio que alucinar es un problema mental (interior).
Ejercicios de familiarización con la poesía de Abi-Rashed y Peier, Escobar y Borges
Tomando en cuenta siempre nuestro Diccionario, pero sobre todo la propia capacidad del estudiante, ofrecemos versos, poemínimos y fragmentos de textos poéticos de la artemiseña Abi-Rashed para que el iniciado identifique o precise el tipo o los tipos de doble que predomina en ellos. Por ejemplo, al verso “luego llegué/ no estabas/ sigue en compañía de otro yo”, fácilmente corresponde la figura Alter ego; mientras que “¿por qué te llamo/ si me respondo yo misma?” puede verificarse en las imágenes Espejo, Doppelgänger, Fantasma ―en virtud de que, respectivamente, el espejo reproduce tu acción de llamar; el que va junto a ti, al ser invisible, hace que se haga visible en ti tu llamado; ¿no se ha oído usted mismo en estado afiebrado?
Porque a veces resulta difícil ubicar la persona y su correspondiente virtual sólo con la enunciación del verso, tallerista y maestro nos vemos en la necesidad de realizar bocetos —a la manera del niño que dibuja «muñequitos» en la calle— en el pizarrón. Es el caso de estos versos —“mi vacío me vira al revés para tocarte/ ahora haces traslucir los huesos de mis dedos/ por dondequiera que de noche vaya me haces visible”— del suizo Peier, donde más que Alter ego, Doppelgänger o Stunt, ese “vacío” que puede ser interior, que le acompaña y que puede sustituirlo, respectivamente, apunta a una concepción general de lo doble que daría mayor importancia entonces al punto de vista de la amada, quien desde el otro lado lo domina y corporiza (“haces traslucir los huesos de mis dedos/ me haces visible”).
Particularmente atractivo ha sido pedir al pasante del curso que subraye —en sendos poemas de Ángel Escobar (1957-97)― versos indicando Doble en general, y Peyote en particular:
Nada puedo argüir. Ya soy igual al igual que intenté. Sé que no me justifican esa Habana que construí en La Habana, ni el ruido en que deambulo ni la urdimbre ciega que soy. Sé que otro intentó mi soledad inútil: Góngora. Y otro miró por mí en mis ojos a otro: Mallarmé acaso, un griego o no francés. Yo fui el que fui. No puedo escapar del conocimiento. Soy mi sola memoria, sin sorpresa: el buscado esplendor: ni la extensión ni el Otro: el Otro era yo que me esperaba. Vuelvo a escribir: Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo. Ya no seré aquellos que seré sin darme cuenta.
[Fragmentos de “Otro texto sobre otra prueba y otra prueba”, en Abuso de confianza, Unión, 1994]
qué hacer cuando desde tu boca grite este otro tipo/ meternos la cara más difícil en cuál otro bolsillo/ intercambiarnos los pellejos ahumados con los gatos/ permutar camisas con los muertos, o mejor/ preguntar qué no-ser o qué ser nos apabullan —díganmelo―// y si luego se escapa y está el espejo al frente/ pero el muy torpe no se sonríe en colores qué hacer.
[Fragmento de “Paranoicos”, en La vía pública, Letras Cubanas, 1987]
El tallerista podrá subrayar como Doble en general, en el primer texto de Escobar, los versos: “Ya soy igual al igual que intenté”, “Sé que otro intentó mi soledad inútil: Góngora”, “el Otro era yo que me esperaba”; y en “Paranoicos”: “permutar camisas con los muertos”. La presencia de las palabras «igual» y «otro», así como referir el nombre ―«Góngora»— del doble que se atribuye el sujeto poético, asegura por lo menos tres —«el semejante/ el secundario/ el sosia»― de las concepciones otorgadas a Doble en nuestro Diccionario ―«dícese de la cosa acompañada de otra semejante y que juntas sirven para el mismo fin/ actor secundario que sustituye al protagonista de la película/ sosia: persona parecida a otra».
Los versos que claramente se asocian a la figura del Peyote son: “Y otro miró por mí en mis ojos a otro: Mallarmé acaso, un griego o no francés”, en “Otro texto sobre otra prueba y otra prueba”; y en el segundo poema escobariano: “qué hacer cuando desde tu boca grite este otro tipo”. Estos versos contienen elementos esenciales ―«mirar a través de los ojos de otro; estar uno en la boca de otro»— de la figura Peyote brindados por nuestro Diccionario —“un ritualista se vio a sí mismo, pequeñísimo, dentro de su propia boca mirando de adentro hacia fuera a través de sus ojos”.
Igualmente interesante resulta en el Taller comentar el poema-en-prosa “Borges y yo”, a través de un recuadro que ofrece características del ciudadano Jorge Luis Borges y características del artista Borges para buscar líneas versiculares que apoyan las características de cada uno —continente además de fechas que cuestionarían el verdadero surgimiento de Borges como escritor: 1905: declara a su padre su deseo de ser escritor/ 1907: escribe en inglés un resumen de la mitología griega y su primera narración infantil, «La visera fatal», inspirada en el Quijote/ 1909: aparece en el periódico El País su traducción de «El príncipe feliz» de Oscar Wilde/ 1920: inicia en España su vida literaria uniéndose a los poetas “ultraístas”/ 1921: la amistad de Macedonio Fernández hace que Borges cambie la orientación literaria que tenía hasta ese momento/ 1923: publica Fervor de Buenos Aires, poemario ilustrado por su hermana Norah.
“Borges y yo”
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel: de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.
| Jorge Luis Borges (1899-1986) | Borges (1905, 07, 09, 20, 21, 1923, …) |
| Argentino común, persona corriente | Célebre |
| Lector | Escritor y lector |
| Mortal | Inmortal |
Los miembros del taller, teniendo en cuenta las características aparentemente opuestas de cada uno, entre muchísimas otras cosas podrán concluir de que no se odian (“sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica”); de que se funde el civil con el otro: porque la trascendencia la logra el escritor, no la persona común que es Jorge Luis Borges (“yo he de quedar en Borges, no en mí/ que no soy nadie”); de que el civil quiso acabar con el autor que recreaba temas populares porque le interesaba la filosofía, pero su autor, el escritor, el otro, se apoderó de eso también (“traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas”); y de que el otro convirtió al civil en sí mismo, en el virtual, en literatura, en «lenguaje», en «tradición», en un personaje, en un mito, una leyenda, algo que es verdad y mentira/ a la vez ―como afirma Ismael González Castañer, no yo, Ismael, en los «Primeros conceptos» de Mercados verdaderos (Unión, 1998).
Dos ejercicios de redacción utilizando la obra de Ashbery y Calvino
Se le ofrece al tallerista fragmentos del más célebre poema del norteamericano John Ashbery, Autorretrato en espejo convexo (Visor, Madrid, 1990), para que redacte una breve comunicación sobre por qué puede relacionarse el Alma con el Espejo:
Se puso a copiar cuanto veía en el espejo,/ principalmente su reflejo, del que el retrato,/ es el reflejo una vez quitado.// El alma se asienta./ El alma ha de permanecer donde está,/ aunque se inquiete, oyendo gotas de lluvia en el cristal,/ el suspirar de las hojas de otoño azotadas por el viento,/ anhelando estar libre, fuera, pero debe quedarse.// Que el alma no es alma,/ no tiene secreto, es pequeña, y encaja.// Esa es la melodía pero no hay letra./ La letra es sólo especulación/ (del latín speculum, espejo):/ busca el significado de la música sin poder hallarlo.
Dictamos el comienzo de algunas de Las ciudades invisibles (Siruela, Madrid, 1999) de Ítalo Calvino (1923-85), con el objetivo de que el tallerista redacte una continuación; luego, comparamos el resultado del estudiante con el resto calvino, no para ver si se acercó o alejó del maestro italiano sino para demostrarle al aprendiz que puede ser capaz de mantener un mínimo de vuelo, que siempre podrá manejar (y manipular artísticamente) una inventiva. Ciudades invisibles que sirven a este efecto son Andria, Eusapia y Laudonia, cuyas sinopsis nos dicen:
Andria: similitud del mundo y las estrellas.
Eusapia: la Eusapia de los vivos tiene una copia idéntica bajo tierra. La cofradía muerta circula arriba y abajo; su autoridad está muy extendida en los vivos, los de arriba. Eusapia viva se ha puesto a copiar su copia subterránea. Ya no hay modo de saber cuáles son los vivos y cuáles los muertos.
Laudonia: la cualidad especial de esta ciudad consiste en ser, más que doble, triple, ya que comprende una tercera Laudonia que es la de los no nacidos, frecuentada por los vivientes de la primera para interrogarlos en silencio. Sin embargo, la Laudonia de los no nacidos, no les comunica —como la segunda, la de los muertos— ninguna seguridad, sino sólo zozobra.
En este punto es cuando les muestro entonces cuán útil me fue atender la dinámica de los dobles para realizar mi propia literatura; pues he asociado (y manipulado) elementos de la ciudad invisible Valdrada (“el viajero ve dos ciudades: una directa sobre el lago y una reflejada, invertida/ lo que sucede en una la otra lo repite/ viven mirándose constantemente a los ojos, pero no se aman”) para hacerle comprender al lector la oscura rivalidad que existe entre los pueblos Manzanillo y Bayamo:
Manzanillo está celosa de su capital provincial Bayamo, y en su lucha por merecer la cabecera ha conseguido duplicar a su Alcaldía, a la manera de Valdrada en Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino: no existe o sucede algo en Una que la otra no repita/ se construye de modo que cada uno de los pasos originados en Una se reflejen en la resentida/ en definitiva, las dos ciudades viven la una para la otra; pero, contrario a la conclusión del ítalo, la subalterna vive mirando constantemente a los ojos de su Mayor.
[Fragmento del subtítulo «A la bahía de Manzanillo», en la crónica “Canciones del Benny como guías en zonas de transfiguración”, para esta misma sección.]