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Relatos fantásticos hispanoamericanos
Leonardo Depestre Catony , 10 de abril de 2009

Una antología bien seleccionada es como un abanico en que el lector recorre de un vistazo el desarrollo de un género, lo más representativo de una época,  el acontecer literario de una región geográfica… Una antología es también —no siempre, pero al menos muchas veces— refrescante y variopinta. Todo ello confluye para que sean muy atractivas al lector y muy útiles al estudiante.

Una antología de obra narrativa, por lo común referida al cuento o al relato según los diversos subgéneros (policiaco, de terror, fantástico, de ciencia ficción, amor, aventuras,  infantil…) es un libro que, al igual que los diccionarios, quedan en la biblioteca familiar per secula seculorum y,  como los buenos vinos, en la memoria de quienes lo consultan.

Relatos fantásticos hispanoamericanos reúne tales condiciones a partir de una selección que remonta sus muestras más antiguas al siglo XIX y nos desvela a varios autores verdaderamente ilustres en una faceta poco conocida de sus obras.

La Colección Honda de la  Editorial Casa de las Américas entregó la responsabilidad de esta selección, así como el prólogo y las notas biográficas a José Miguel Sardiñas y a Ana María Morales, con edición a cargo de Clara Hernández. El libro, que vio la luz en el 2003, es en opinión de este lector y comentador una joya para quienes gustan del género y una incitación para quienes aún no han sido captados por el influjo de la literatura fantástica.

Varias antologías antecedieron a esta, según comentan los prologuistas: una de ellas muy significativa, de 1949, preparada por Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. Llevó por título Antología de la literatura fantástica, y señala un momento de auge de este tipo de relatos en que la fantasía, el terror y el misterio alternan el protagonismo.

También se recuerdan  la Antología del cuento extraño, editada en Buenos Aires, en 1956, y que preparó Rodolfo Walsh, con fuerte presencia de autores argentinos, pero también de otros hispanoamericanos y españoles, y otra más reciente, publicada en La Habana de 1968, Cuentos fantásticos, que entre un surtido de nacionalidades diversas, da cabida a cinco cubanos: José Manuel Poveda, José Lezama Lima, Eliseo Diego, José Lorenzo Fuentes y Rogelio Llopis. El propio Llopis,  encargado de la selección de esos textos, y también otros conocedores, prepararon antologías del cuento fantástico cubano, demostrativo de la pujanza conquistada por este género entre los autores nacionales.

En cuanto al libro que nos ocupa, en él se incluyen, por orden cronológico, textos de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Eduardo Blanco, Juana Manuela Gorriti, Eduardo Ladislao Holmberg, José María Roa Bárcena, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Clemente Palma, Alfonso Reyes, Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Arístides Fernández, María de Villarino, Rogelio Sinán, Amparo Dávila, Oscar Cerruto, Felipe Buendía, Enrique Anderson Imbert, Adolfo Bioy Casares, Elena Garro, Gustavo Agrait, Julio Cortázar, Francisco Tario, José Emilio Pacheco, Julio Ramón Ribeyro, Inés Malinow, Eliseo Diego, Abelardo Castillo, María Elena Llana, Emiliano González, Oscar de la Borbolla, Mauricio Molina, Pablo Brescia y Esther Díaz Llanillo.

Son 35 relatos, cada uno precedido de una nota de presentación muy sucinta, de enfoque crítico, completada por una información bibliográfica mínima.

Con variadas extensiones, el más breve de los relatos —solo dos páginas—, de Eliseo Diego, lleva por título "Nadie" y porta consigo la carga poética de cuanto escribió el autor de En la Calzada de Jesús del Monte. He aquí un fragmento:

"Cierta tarde, cuando el comerciante y sus operarios terminaban el trabajo del día, se oyeron en la gran escalera unos pasos mesurados, muy suaves. El comerciante, siempre rápido a la cólera, preguntó quién demonios se entretenía en pasear sus escaleras a aquella hora, pero los operarios lo miraron perplejos y nada respondieron…"1

El fragmento anterior, como vemos, nos anuncia algunos de los ya citados elementos atrayentes del género: el misterio y la fantasía. También hay elementos de poesía y una concisión admirable. No debe el lector esperar en este texto una resolución narrativa dentro de los cánones de la lógica de lo real, pero sí dentro de aquella de la imaginación. Prueba además que la narrativa fantástica, como la poesía, se hilvana en imágenes que el lector acepta a sabiendas de que la belleza es una categoría imbricada en lo subjetivo y como tal, debe aceptarse.

Un diapasón muy amplio de estilos que van desde el tratamiento de asuntos tradicionales, maravillosos, extraordinarios, anómalos, increíbles, hasta situaciones del todo fantásticas, deambulan como fantasmas-personajes por las páginas del libro que le invitamos a leer.

La fantasía -como el amor y la esperanza- es condimento para la existencia. Relatos fantásticos hispanoamericanos es una gran metáfora, donde clásicos y autores de nuestros días cuentan la aventura que no tiene una explicación lógica, pero es parte de la vida… y cuando no, de ese otro mundo, el de la imaginación, en el que todo cabe.

1 Rogelio Llopis:Relatos fantásticos hispanoamericanos. Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2003, p. 485. 

Leonardo Depestre Catony , 2010-01-04
Leonardo Depestre Catony , 2009-05-29
Leonardo Depestre Catony , 2009-01-29