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Oral-B, de Ricardo Alberto Pérez
Alma de la Hoz , 22 de abril de 2009

Larva me dice: boca, y la boca emite una sustancia –por omisión de la mente- hasta llenar el cuenco. Así se nos presenta el texto, aunque sus complejidades críticas sean  mucho más profundas.

Tratamiento exhaustivo del tropos, investigación minuciosa y amplia gama de posibilidades referenciales cuya base radica en la sólida formación del poeta, así como constante preocupación lingüístico-literaria, cuya eficacia consiste en la constante  vigilia de los problemas –nuevos y antiguos- inherentes a la poesía. 

Ruptura sintáctica y elipsis verbal que transportan a la otra dimensión, en la que el ademán nos trae el recuerdo roto, y la palabra se arrastra como un lisiado. Corte, amputación histórica, el dinamismo del focus produce vértigo. Imágenes enrarecidas, flotando en su asfixia, se suceden a manera de un film de Andrei Tarkovski.

Oral-B
es la inmersión, o mejor, la tensión, entre la letra y su natal Bejucal, que es también Cuba, donde el maíz es ontológico, y lo escatológico se trastoca en sustrato vital. El cerdo reaparece, junto al buey. Lo trascendental se enhebra en lo cotidiano, lo filosófico en lo meramente contemplativo (tensión del movimiento hacia los dos extremos).

Ricardo Alberto Pérez ha abandonado poco a poco las posturas vanguardistas. Su temprano romanticismo, cuya pretensión filosófica torcía, al punto de hacerle producir títulos como Nietzsche dibuja a Cósima Wagner, ha cedido paso a una sintonía mucho más cercana a su propio instinto (no a su naturaleza). Oral-B, libro de la madurez, se presenta ante los neófitos como una sólida muralla. Las reiteradas lecturas del texto podrían ayudar, así como el conocimiento de su obra anterior y de sus fuentes de influencia, pero sobre todo, aún careciendo de referenciales culturales tan diversos, la apreciación de esta pequeña joya es posible, aunque de un modo contemplativo, mediante la apertura de la mente a la plena libertad estética, sin que esto signifique la anarquía.

Tratar la vida, las regiones del pensamiento desde una dimensión estrecha y rigurosa, pero interesante, se constituye en manía. Labios, uñas, grullas, grillos, hacen preguntas cuya gravedad podría derribar a un buey. Su rastro es organizado en ruinas, cuya humedad se evapora ante la luz del sol, que quiebra el concreto. 

Oral-B
es su jolongo, uno de los que corvan la espalda de “Richard”, tras cuyo paso se forma ya un nuevo relieve.