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La Poesía, el béisbol y Carlos Esquivel
Alma de la Hoz , 13 de mayo de 2009

Aunque categórica, la presencia del béisbol en este poemario, Matando a los pieles rojas (Colección La Rueda Dentada, Ediciones UNIÓN), al tiempo de hacer confluir dos de las arterias más arraigadas de la cubanidad -poesía y deporte-, es también corteza bajo la cual se insinúa un discurso tan sutil como grave, tan real como onírico, según su propia condición de reflejo.  “La realidad es un sueño, con algo más de coherencia y continuidad”, diría Shopenhauer.
 

El camino recorrido en el libro es desandado hacia el alma del poeta, a la inversa; como reacción, (no como espasmo) sí como gesto estrictamente mesurado, ilustrativo del condimento socio-psicológico y cultural de Carlos Esquivel, también como sujeto.

De ahí el imaginario de este guajiro, en el que coexisten figuras cuyo destino les ha hecho devenir en mitos, estrellas del béisbol. Antes del 59: Adolfo Luque, Canseco, Martín Dihigo; de las Mayores: Ken Griffith, Randy Jhonson, y los exiliados Arocha y el Duke. En el terreno se juega pelota, en el monte, en la montaña rusa. El umpire es un sacerdote; la cámara retrocede hasta lo paleozoico y se expande hasta Detroit, Boston o Cinccinati. Sliders y robos de segunda se insertan como delgadas fibras en la memoria del poeta, en plena conformación, -atisbo- de su cosmovisión. Leves transcurren los momentos no narrados, la tierra sugerida, -pisada- en el campo visual.

Aporte de situaciones y efectos novedosos y literariamente interesantes, -a pesar de la aparente prioridad concedida a la anécdota- donde no solo escuchamos las voces de las figuras cimeras del deporte de las bolas y los strikes, sino que se hace presente el eco de otras estrellas, estrellas de Esquivel, como los poetas William Carlos Williams, Pound o la Pizarnik. Limpieza en el verso y economía de recursos dotan de virtud a esta poesía, y le confieren cierto aire documental, como de montaje cinematográfico, desde una vasta proyección hacia el mundo.

En las postrimerías del juego: el murmullo en las gradas, la velocidad de los jugadores, la incertidumbre y el cansancio, van aumentando las tensiones hasta que…