Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 12 de diciembre de 2019; 3:24 AM | Actualizado: 11 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 527 | ver otros artículos en esta sección »
Página
Entre ella y él: ¿las máscaras de Talía?
Margarita Mateo Palmer , 20 de mayo de 2009

Extraño libro este de Antón Arrufat que se lee con particular fluidez y seduce al lector desde las primeras páginas, atrapándolo en los vericuetos de un argumento que comienza y concluye con la muerte de la protagonista para finalmente proponernos volver a empezar la lectura. “¿El final no puede ser un recomenzar?” se interroga el autor en las últimas páginas, y lo cierto es que su pregunta, más que un breve guiño intertextual, es una velada alusión al interés que Las máscaras de Talía puede despertar, pues el personaje principal va adquiriendo a través de sus palabras una dimensión tan diferente de la que se tenía al comenzarse la lectura que en realidad puede uno sentirse impelido a repasar la descripción inicial de la fría mañana madrileña cuando los restos mortales de la escritora, que tanta fama y prestigio alcanzara en vida, fueron despedidos en el cementerio de San Fernando por apenas diez personas. La historia de Gertrudis Gómez de Avellaneda, desgajada en múltiples subtramas que involucran no solo los intensos avatares de su existencia sino motivos literarios, de recepción de su obra, de recuperación y antologación de sus textos, de manifestaciones de su poética, es el centro de este libro que he calificado de extraño y al cual se ha aludido como la “biografía de una obra”.1

Una de sus extrañezas, como sugieren algunos de los vocablos con que lo he descrito —argumento, protagonista, subtramas—, es la sostenida narratividad en que se apoya el discurso ensayístico para ir logrando lo que Teodoro Adorno denominó la “danza de conceptos” característica de este género literario. Arrufat, aun cuando se sumerja en las más profundas disquisiciones acerca del sentido de un verso, de una confluencia artística o de una fluctuación métrica, cuenta, concatena acciones, contrapone hechos, arma historias, es decir, intenta aprehender las esencias de la obra de la escritora cubana a través de los actos que conformaron su historia personal. Su acercamiento al hecho literario, entonces, no se realiza al margen del suceder que conforma una existencia humana, sino que por el contrario, se sumerge en ella. Si, como afirma el propio autor, su interés principal radica en interpretar la obra de la Avellaneda más allá de las fronteras genéricas, como un “sistema interrelacionado” en el que las ideas y los temas se entrecruzan e iluminan unos a otros, a estas intenciones declaradas habría que añadir la minuciosa indagación en los dificilísimos y misteriosos vínculos entre la vida y la obra de la artista. 

La vocación de Arrufat por esta autora es de antigua procedencia. Ya desde 1980 había publicado un renovador estudio sobre su poesía, “La Avellaneda de las antologías”, y a lo largo de las siguientes décadas aparecieron otras de sus aproximaciones a la obra de la camagüeyana. Baltasar, Espatolino y Dos mujeres fueron objeto de un concentrado análisis y un paralelo entre los personajes dramáticos de Elda y Luz Marina fue el centro de “Dos mujeres de teatro”, conferencia pronunciada por él en el Colegio de México en 1991. 2  Es ahora, sin embargo, con Las máscaras de Talía, que su visión se torna abarcadora a través de un recorrido del que surgen inesperados nexos, en una síntesis que integra y supera sus aproximaciones anteriores.               

Ya en Virgilio Piñera, entre él y yo, Arrufat había vinculado la vida y la obra de uno de los grandes escritores cubanos del siglo XX. En ese caso, sin embargo, se trataba, en buena medida, del testimonio de una amistad, de la expresión de la vivencia personal, inmediata, que no necesitaba de muchas otras apoyaturas. Intentar la recuperación de una autora decimonónica, tratar de reconstruir una época y un mundo de relaciones que no se ha compartido es uno de los retos vencidos en este libro en el que Arrufat, guiado por su insaciable curiosidad, reconstruye, indaga, repasa, busca y también imagina  —ficcionando—, los días y las noches de la escritora. Muestra de esta búsqueda en el lado más humano de la creación es la narración del momento en que luego de asistir a una representación de la ópera Safo, en una época en que ya apenas podía escribir de su puño y letra, la autora recupera el don de la poesía.

Otra extrañeza de Las máscaras de Talía está relacionada con la estructura quebrantada y dispersa del libro, integrado por cuarenta y seis fragmentos separados entre sí por una viñeta. No hay partes, capítulos o epígrafes que orienten en la red de comentarios e interpretaciones que se van tejiendo, como tampoco hay un ordenamiento cronológico o de concatenación causal que dirija la lectura. Por el contrario, se trata de un discurso —rizomático, nómada, transversal, me gustaría decir— que se despliega en varios sentidos, explorando zonas diferentes de la creación, y que pone en juego los más disímiles recursos para acercarse al universo sobre el que se ha propuesto reflexionar. Puede advertirse aquí, nuevamente, la enriquecedora polifonía propia de la obra del autor de Los siete contra Tebas, de la cual es un claro ejemplo el contrapunteo que, mediado por su propio diálogo con las opiniones de José Martí, establece entre Luisa Pérez de Zambrana y la escritora que aquel imaginara de “carácter varonil”. La superposición de voces pertenecientes a distintas épocas en un afán de hallar las confluencias entre discursos lejanos y recientes es otro de los rasgos de la prosa de Arrufat que se advierte en este libro. 

Otra cualidad peculiar es que, tratándose, como se trata, de un libro erudito, que indaga minuciosamente en la vida, la época y el quehacer literario de una reconocidísima escritora, no exista ni una sola referencia bibliográfica marginal, ninguna nota al pie de página de las que son consideradas imprescindibles en las investigaciones académicas. De haber sido incluidas, el libro hubiese aumentado notablemente su volumen pues a cada momento el autor va cruzando información, desempolvando datos, apoyando sus reflexiones en testimonios de época, como sucede con las opiniones de José Quintín Suzarte de 1838 acerca de la mujer escritora —“muy presto se aburrirá del marido, y el amor a las musas le robará el de sus hijos”3— o con los artículos que dedica a Camagüey Antonio Bachiller cuando visita la ciudad en ese mismo año. Agradece, entonces, el lector, la ausencia de notas que lo distraigan de una lectura que también debe su fluidez a esta omisión, sin que por otra parte se le prive de las referencias necesarias para la ubicación de los textos citados o comentados, aunque esta información se presente incorporada directamente al texto central.   

A través de agudos análisis va reflexionando también el autor acerca de diversos problemas relacionados con la investigación y la crítica literaria en un plano más conceptual. Así, por ejemplo, se detiene a indagar en el controvertido tema de las influencias antes de mostrar las resonancias de la obra de la Avellaneda en otros poetas decimonónicos como Julián del Casal. Su visión sobre el diálogo entre creadores acentúa el carácter activo de la recepción, el modo en que este intercambio revela la personalidad del poeta influido.4 Igualmente, al comentar los prólogos escritos por la Avellaneda a Sab y Dos mujeres —novelas que, significativamente, fueron prohibidas en la isla por el régimen colonial español— analiza las funciones que desempeña el prólogo como parte de una estrategia encaminada a influir sobre el lector y a  validar el texto que se le presenta.5 Un breve recorrido por algunos prólogos célebres como el de Gautier a la Señorita de Maupin o los de Henry James, Miguel de Unamuno o Bernard Shaw, así como por los rasgos caracterológicos de estos textos que anteceden a la obra literaria —consideraciones que forman parte de lo que pudiéramos denominar su poética crítico-literaria— le permiten un documentado análisis de los prefacios de la Avellaneda, identificados por él con el tipo de prólogos que “en vez de ofrecernos verdaderos datos y una información confiable, (…) nos dirá mentiras”.6  Desde esta perspectiva analiza el introito a Sab subrayando la voluntad de la autora de captar la benevolencia de los censores y del lector al atribuir los posibles errores de su audaz y controvertida novela a los excesos propios de la juventud.

La simpatía del crítico con su objeto de estudio, su capacidad para situarse en el lugar y el entorno emocional del otro es una muestra de la complicidad que puede establecerse entre dos escritores separados por más de un siglo cuando existen espíritus afines. Por la creatividad y el personalísimo enfoque de este libro sobre una autora consagrada puede el lector —al mismo tiempo que amplía sus conocimientos acerca de la Avellaneda y recupera su obra desde una perspectiva diferente—, ir reconociendo también los múltiples velos a través de los cuales adquiere su propia identidad la voz que enuncia el discurso: la pasión por la literatura, las marcadas preferencias e inclinaciones, los sólidos juicios sobre los que descansa su interpretación del fenómeno literario, en fin, ir descubriendo también las máscaras, ya no de Talía sino de ese excelente ensayista que es Antón Arrufat.

 1 Cf: Antón Arrufat: Las máscaras de Talía. Para una lectura de la Avellaneda. Matanzas, Ediciones Matanzas, 2008, nota de contracubierta.
2 Entre los textos publicados por Arrufat sobre esta autora se encuentran: “La Avellaneda de las antologías” en Revolución y Cultura ,1980; Baltasar en Revolución y Cultura, marzo,1981; “Prólogo” a la antología La noche de insomnio, La Habana, Letras Cubanas, 2003; “Prólogo” a Espatolino, La Habana, Letras cubanas, 1984; “Prólogo” a Dos mujeres. La Habana, Letras Cubanas, 2000.  
3 Antón Arrufat: op. cit., p. 66.
4 Antón Arrufat: Las máscaras de Talía. Para una lectura de la Avellaneda. Matanzas, Ediciones Matanzas, 2008, p. 120.
5 Cf: Antón Arrufat: “El prólogo como estrategia” en Revolución y Cultura, agosto de 1990.
6 Ídem. p. 163.

Olga García Yero, 2019-12-09
Jesús Dueñas Becerra, 2019-12-01
Jesús Dueñas Becerra, 2019-11-25