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Confrontaciones en la historiografía cubana reciente
Marta Núñez Sarmiento , 27 de mayo de 2009

Confrontación. Debate historiográfico, de Gladys Marel García Pérez,1 es una obra singular que demuestra cómo se discute y polemiza en Cuba en torno al modo de reconstruir un aspecto de la historia más reciente del país. El libro es voluminoso, pero sus 451 páginas resultarán breves por la avidez con que el lector se identificará con una u otra idea en controversia. El prólogo, de Jorge Ibarra, encierra en sí mismo una clase magistral sobre el valor de la confrontación de ideas a que se nos convoca.

A continuación expongo algunas reflexiones sociológicas acerca del libro a fin de contribuir desde mi especialidad a este debate historiográfico. Ante todo, quiero recordar la idea que en junio de 1961 expresara Fidel Castro en Palabras a los intelectuales, pensamiento que ha definido la ética de los científicos sociales cubanos: «dentro de la Revolución todo; contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene sus derechos y el primer derecho de la Revolución es a existir».2  Evoco estas palabras porque, en mi opinión, el libro Confrontación. Debate historiográfico es un ejemplo muy actual del empeño de las ciencias sociales cubanas por explicar la singularidad de la Revolución cubana a partir de las respuestas a dos preguntas esenciales: ¿Por qué fue la primera revolución socialista del hemisferio occidental? ¿Por qué no se derrumbó cuando desapareció el llamado «socialismo real» de los países de Europa del Este y de la Unión Soviética?

Resumo en tres reflexiones sociológicas la importancia científica de este libro. Atribuyo gran significación a la primera: el libro es una muestra reciente de la cultura del debate en las ciencias sociales cubanas, que niega las versiones acerca de que esta no admite críticas y que quienes las hacen son tachados como sus enemigos.

La obra de Marel hace una crónica rigurosísima de un debate que ha tenido lugar dentro de Cuba entre 2004 y 2006, en instituciones oficiales de la academia cubana, entre científicos sociales comprometidos con el proyecto revolucionario sobre cómo reconstruir los hechos históricos, en este caso, la insurrección en Matanzas entre 1952-1959. El volumen no solo recoge la síntesis del libro Insurrección y revolución en Matanzas (1952-1959) —presentado por la autora para optar por el doctorado en Ciencias Históricas, en 2004—, sino las evaluaciones que hicieron los oponentes en la predefensa y en la defensa, las transcripciones de las intervenciones de los participantes en los debates de estos dos actos académicos, así como los avales de reconocidos intelectuales cubanos.

Desde 1959, los científicos sociales cubanos han polemizado permanentemente entre sí y con las doctrinas y los enfoques elaborados desde los países desarrollados (ya sea la URSS, los Estados Unidos o Europa), que han pretendido explicar a la Revolución cubana, y que no siempre aprehenden nuestras realidades tal y como son.

Solo como ejemplos, cito algunos en la esfera de la transición al socialismo, en el terreno económico. Entre 1963 y 1965, se desarrolló un debate en torno a los sistemas de dirección de la economía, publicada en la revista Nuestra Industria Económica, del Ministerio de Industrias. En 2004, el Centro de Estudios Che Guevara editó Apuntes críticos a la economía política, que recoge las notas hechas por el Che al leer obras de diversos autores, relacionadas de una u otra manera con la transición al socialismo y su esencia económica. A lo largo de 1967 y 1968 científicos sociales y políticos cubanos discutieron en torno a la eliminación de las relaciones mercantiles y sus resultados se incluyeron en Lecturas de Filosofía, editado en 1968 por el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Este experimento fue llevado a la práctica y posteriormente criticado en el Primer Congreso del Partido en 1975.

Desde mediados de los 80 se produjo en los terrenos de la política y de la economía el debate previo al proceso conocido como «de rectificación de errores y de tendencias negativas», que analizó críticamente el sistema de dirección anterior y de sus repercusiones sociales e ideológicas, y que se interrumpió por el advenimiento de la crisis de los 90. Los años de crisis y reajustes ocurridos de 1990 hasta la actualidad han sido ampliamente estudiados por las ciencias sociales cubanas y sus conclusiones publicados dentro y fuera del país. Este ejercicio de pensar sobre nosotros mismos, para rectificarnos, es una de las razones que ha mantenido a la Revolución cubana igual a sí misma; además, le ha conferido una enorme capacidad para mostrar al mundo cómo ha transcurrido el proceso revolucionario.

La forma en que Marel concibió el libro facilita a los lectores transitar por el debate historiográfico desatado en torno a su tesis Insurrección y revolución en Matanzas (1952-1959),que polarizó dos tendencias: la primera, que entiende la cronología exacta de los hechos como la forma idónea de reconstruir la historia, frente a la que estima que lo que hay que hacer es un relato integral y lógico de los hechos, basado en la coherencia de las hipótesis; y la segunda, en la que, de un lado, están quienes destacan el papel de la clase obrera y de partidos políticos para comprender la historia, frente a la que considera que se trata de analizarla como un enfrentamiento entre el poder y la masa crítica, con su vanguardia.

Para mi segunda reflexión sociológica, parto de la contribución del libro que reseño a la reconstrucción de la historia reciente de la Revolución, y cuál fue el contexto histórico social concreto en que se desarrolló su estudio. Confrontación... atesora valiosas fuentes historiográficas sobre la insurrección antibatistiana en Matanzas. Las documentales incluyen libros y artículos científicos sobre la Revolución cubana y sobre los hechos insurreccionales en esa provincia —escritos tanto dentro como fuera de Cuba, publicados o inéditos—; artículos periodísticos de la época, y documentos de instituciones del gobierno de Batista recopilados en archivos los de Estados Unidos que Marel trajo personalmente de ese país, en 52 cajas.

Además, la obra identifica cuantiosas fuentes orales: testimonios de los participantes en las luchas en Matanzas contra la tiranía batistiana. La autora vivió estos hechos como combatiente y dirigente insurreccional. Como socióloga, atribuyo particular connotación al hecho de que reunió testimonios de 51 combatientes4 entre 1971 y 1990, un período de 19 años en el que tuvieron lugar en Cuba acontecimientos de tanta significación como la zafra de los 10 millones, el Congreso de Educación y Cultura, el ingreso de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), el primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, la promulgación de la Constitución de la República, la creación del sistema de órganos del Poder Popular y la institucionalización del país, el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, la caída del socialismo en Europa del Este y de la URSS, y el inicio del Período Especial.

Por tanto, hay que valorar que Confrontación... es una crónica sobre los hechos de la historia local de la insurrección en Matanzas entre 1952 y 1959 y, al mismo tiempo, sobre el enfrentamiento entre los puntos de vista de cómo interpretarlos, entre 1970 y 2006. Marel y todos sus testimoniantes opinaron sobre la historia que protagonizaron, son actores vivos que dan sus puntos de vista, muchas veces discordantes, sobre los sucesos que relatan, y conviven con los científicos sociales que estudian estos sucesos. El caso de Marel se complica en tanto ella es partícipe de los hechos que reconstruye. Está presente el balance necesario y difícil entre el compromiso y el distanciamiento.

Por último, la tercera reflexión se refiere al valor gnoseológico de las tesis que afloran de las discusiones documentadas en el libro para comprender las singularidades de la Revolución cubana. Son tesis válidas no solo para la historia, sino para la sociología, la antropología y la politología. Solo apuntaré cuatro de ellas, que extraje del «Prólogo» de Jorge Ibarra, a las que añado ideas mías.

1.- Una investigación histórica no puede ser valorada en su conjunto por la puntualidad crítica de algunos sucesos aislados. El valor de la obra radica en la integralidad del relato y la coherencia de sus hipótesis, no en la exactitud de algunos hechos, limitados o relegados. En el caso de Marel, la idea de la liberación y de la justicia social resulta la concepción ética que constituye el hilo conductor de la dinámica social que estudia, enfrentada a los enfoques dogmáticos imperantes en los años 60 y los 70 en la URSS, que aplicaban esquemas simplistas a realidades complejas y que no admitían estas complejidades ni para entenderlas ni para que ellas modificaran sus esquemas de conocimientos.

2.- Toda selección de un tema supone una exclusión, como fue el caso del papel desempeñado por el Partido Socialista Popular en Matanzas que podría ser un estímulo para que otros investigadores estudien ángulos distintos.

3.- A una investigación histórica, como a todas las ciencias sociales, se le juzga por lo que expone, no por lo que desearíamos que fuese. Solo en su naturaleza misma encontramos su contribución al conocimiento histórico contra el sueño burocrático de quienes buscan la historia oficial.

4.- Sobre la validez de los juicios históricos a nivel nacional o macro social para evaluar estudios hechos a nivel local, solo otra investigación realizada en este último nivel puede refutar los resultados de un trabajo. Esta afirmación no desconoce la necesidad de que los historiadores locales tomen en cuenta los procesos nacionales, que es donde se insertan los sucesos que analizan.

Finalmente, es necesario editar en Cuba muchos libros como Confrontación. Debate historiográfico, para demostrar que el pensamiento crítico revolucionario en las ciencias sociales cubanas sigue vivo, que los científicos sociales que vivimos en Cuba, de diferentes generaciones, debatimos entre nosotros y que lo hacemos en un ambiente intelectual. Que hace más de cincuenta años luchamos para que se comprendan las esencias y particularidades de esta Revolución con sus aciertos y errores, tal como ha realizado Gladys Marel García acerca de las mujeres y los hombres que hicieron la insurrección en Matanzas entre 1952 y 1959.

1 Gladys Marel García Pérez: Confrontación. Debate historiográfico, Editorial Requeijo S.A., La Habana, 2005. 

2 Fidel Castro, Palabras a los intelectuales, Ediciones del Consejo Nacional de Cultura, La Habana, 1961, p. 11.

3 Publicada en 2006 por Ediciones Unión, La Habana.

4 La autora explica que entrevistó a más personas, pero relacionó en el «Anexo» a estos 51 testimoniantes por su especial valor para sus proyectos historiográficos inmediatos; no obstante, conserva los demás testimonios.