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Encender el fuego
Eldys Baratute , 30 de mayo de 2009

Si hay algo de lo que no me arrepiento en mi corta carrera de escritor, es de haber escogido mayoritariamente al público infantil como destinatario de mi obra. Aunque es bien sabido que los escritores para niños conquistamos lectores de cualquier edad: Fácilmente podemos encontrar a un pequeño de tres años al que las imágenes de nuestros libros le traduzcan una historia, a algún adolescente o joven que se sienta identificado con los personajes de este libro, o un adulto que encuentre esa segunda lectura que ofrecen todos los buenos libros. Pero ya que este mundo lleno de marcas, etiquetas y nomenclaturas nos obliga a llamarnos de alguna manera, repito, me siento feliz de pertenecer al grupo de los llamados escritores para niños.

Mucho se ha hablado ya de la importancia del hábito de lectura en la formación de los más pequeños. Sin embargo, sabemos que aún la literatura que escribimos carece de críticos agudos que provoquen tal o más cual análisis de este o aquella tendencia; que estudien seriamente y sin prejuicios la obra de algún autor; o que reflexionen sobre el respeto que los demás escritores le tienen a los que, además, escribimos para los niños. Revistas como En julio como en enero, La letra del escriba y, ahora nuevamente, Chinchila, o editoriales como El Mar y la Montaña y CubaLiteraria, provocan este acercamiento, a veces tímido, a veces no tanto, a los escritores para niños y todo el universo que los rodea. Sin embargo, repito, sabemos que estos espacios no son suficientes.

Es por eso que la editorial El Mar y la Montaña acogió con satisfacción la idea de publicar El fuego sagrado. Los escritores cubanos para niños se confiesan. Como el titulo sugiere, este es un libro de entrevistas a escritores cubanos para niños; algo que, según mis escasos conocimientos, no tenía ningún precedente en nuestro país. Veinticuatro autores comparten este volumen, ordenados según su edad. Entrevistas realizadas, según nos confiesa en el prólogo su autor Enrique Pérez Díaz, “durante casi dos décadas de aproximaciones (…) al a veces desconocido y mucho menos comprendido mundo de los libros para niños, adolescentes y jóvenes”.

Por supuesto, los nombres de Dora Alonso, Nersys Felipe, Julia Calzadilla, Celima Bernal, Ivette y Enid Vian, Luis Carlos Suárez, Magalys Sánchez, Luis Caissés, Albertico Yáñez, Luis Cabrera Delgado, Julio Llanes, Gumersindo Pacheco y Omar Felipe Mauri, son de obligatoria mención en el libro. Todos ellos, con sus textos, han sido partícipes de la infancia de las nuevas generaciones. Cabe destacar especialmente una figura: Alga Marina Elizagaray, incansable investigadora y promotora de la literatura infanto-juvenil cubana en el mundo y, a pesar de su silencio en los últimos años, una de las voces más autorizadas a la hora de hablar del género. Su trabajo junto a Eliseo Diego y Onelio Jorge Cardoso en el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional y en la Dirección de Literatura del Ministerio de Cultura, su labor durante cinco años como presidenta del IBBY, y, sobre todo, su obra ensayística acerca del género, la convierten, sin dudas y aunque no sea una creadora de versos de o ficción, en una figura distinguida dentro del mundo del libro.

Otros escritores más jóvenes, como Teresa Cárdenas y José Manuel Espino, con una obra que, a partir de los años noventa, marca pautas dentro del desarrollo de la literatura infanto-juvenil cubana, también están incluidos en el volumen.

Por suerte, con tanta variedad de generaciones, tendencias y estilos, los criterios de los entrevistados son bien diversos. Si nos remitimos solo a la pregunta “¿Cómo concibes idealmente a un autor para niños?”, podremos encontrar las más disímiles y variopintas respuestas. Todas, por supuesto, partiendo de cada experiencia personal. En lo que sí todos los autores coinciden, y esto es algo a tener en cuenta, es en que los niños y la literatura que ellos leen son dignos de respeto, que la BUENA LITERATURA no tiene más nombre que ese, BUENA LITERATURA, y de que no todos los escritores tienen el Don de desentrañar el complejo mundo de la infancia.

A Enrique Pérez Díaz las gracias por revelarnos los secretos de estos autores, quizás guardados celosamente durante demasiado tiempo. Las gracias también a la Editorial El Mar y la Montaña y a todos los que hacen posible que este fuego sagrado siga encendido.