Trilce I
Preámbulo
El ser reprimido, al no poder deshacerse del lastre, vive en el propio filo desde el cual le llega su laceración, pues la condición del Ser es ser. Entonces, no es él trasgresor, es él negado. Las vías de toda rebelión tienen como punto de inicio a situaciones límites, situaciones que cada quien resuelve en expansión sea de la fuerza bruta, visible, sea del yo profundo o el espíritu, más bien discernible. Discernir es posible si se aproxima. Discernir es por ello, implica por ello una experiencia personal, esta es transferible. Es la etapa que culmina o inicia el ciclo de las empatías.
Si un hecho poético es un hecho poético, algo que vale en sí mismo y no es por ello susceptible de explicación, por qué volver obsesionados sobre ciertos hitos, sobre sus índoles. Es el fenómeno que se da en la prolongación que establece la ya citada cadena de las empatías. No soy un Crítico, un observador, soy, al igual que César Vallejo, un poeta. Hablemos pues de poesía desde las aproximaciones, múltiples, que establece una situación límite, vivida y mostrada desde la poesía: Trilce I.
I
Hay un timbre humano, un latido vital y
Sincero, al cual debe propender el artista,
A través de no importa que disciplinas,
Teorías o procesos creadores.
César Vallejo
Todo acto humano tiene una razón y un destino. Pudiera llamársele a esto El Móvil. Todo acto humano tiene un presupuesto. Se es Poeta porque se es humano, lo humano se impone, siempre, con sus veteaduras y luminiscencias; la poesía es, como nos enseño Vallejo, un acto humano. Tiene un presupuesto. Sería interesante abordar el móvil de las poéticas a lo largo de su devenir. Tema que me fascina por cierto. Sería interesante abordar el móvil de la creación artística en nuestra actualidad, en nuestro entorno inmediato. Sería, pues, interesante que muchos de nosotros –poetas- nos preguntásemos por qué escribimos y a qué aspiramos. A las calladas, para nuestro cotejo. Cuando hablo con algún amigo sobre este tema, o cuando sin proponerlo, alguien lo toca, ineludiblemente sale a relucir lo vivencial. Es casi un lugar común aquello de que el poeta debe sufrir. Quien se imponga el sufrimiento como norma estará más concentrado en cumplir que en vivir pese a todo y por encima del lastre que no se quiere. De modo que la mala vida no es una especie de suerte que privilegia a algunos. Exaltación del espíritu a través del dolor. Los románticos que se alinearon a esto como tesis de vida, se afectaron. Los que vivieron en el sufrimiento revirtiéndolo en provecho y devinieron Románticos, trascendieron ¿Clásicos, Románticos (…) Experimentales? Remítanse a la frase de César Vallejo que encabeza esta parte. En mi opinión, es ese el presupuesto de toda poesía. Es la Inherencia de la poesía.
En carta a un amigo le comentaba, a grandes rasgos, lo que me parece un denominador común en los que han trascendido y son hitos inobjetables para la mayoría. Todas las corrientes de creación artísticas se definen como superiores a la precedente. Esgrimen razones más o menos ciertas, más o menos falsas. No me atrevería a elegir a la corriente superior o definitiva, ni al mejor Poeta de entre los poetas. Nadie podría hacerlo. Los grandes poetas tienen sin embargo: una sintaxis y un mundo referencial propios. Sabemos que en el creador es su psicología quien impone una sintaxis y sus singularidades. Tomo de Montale su innegable “intuición, fisiología y técnica” como base de toda creación literaria. Si el acto poético no es un acto raigal, no hay lo otro. La peculiaridad del creador radica en su capacidad de observación, en una especie de percepción insólita. En materia de poesía, pues, hay buenos poetas y hay poetas imprescindibles, proteicos. Uno de ellos, para muchos, es César Vallejo.
II
¿Qué de peculiar puede mostrarnos un poeta? Hay denominaciones que signan la materia estructural y sustancial del poema, materia que varía a su vez pues es algo insertado al fenómeno evolutivo del hombre como ente individual y social. Hay una gran imbricación de estas categorías difícilmente separables. Cuando estamos ante el texto de un autor este fenómeno se redimensiona ¿Cuántos siglos de literatura pesan sobre nosotros? ¿Qué nos puede decir este autor? La mimesis, su ubicuidad en el hacer contemporáneo, crea una reacción en mucho comparable a un formidable maremoto. Oleadas de indescifrabilidad ex profeso. Oleadas de amaneramiento intelectual. En ellas las conquistas del ego, su hiperbolización, lancean hasta aniquilar las paciones y sentimientos auténticos. Es esta, más bien, una de las maneras en que la violencia contemporánea adquiere dimensionalidad, sutileza. Por tanto, el término mimesis no es del todo acertado, o mejor, no cubre esta frase en todo el amplio sentido que encierra el concepto que, en mi opinión, tiene mucho de lúdico, catalizador del sinnúmero de tentaciones que encierra una propuesta velada. Hay, por tanto, en una acción mimética, un juego de contención más que de mutilación. Y cabría entonces retornar a la pregunta: ¿qué de peculiar puede mostrarnos un poeta? Habría que volver sobre César Vallejo: “ en la poesía verdaderamente nueva pueden faltar imágenes o rapports nuevos – función esta de ingenio y no de genio- pero el creador goza o padece allí una vida en que las nuevas relaciones y ritmos de las cosas se han hecho sangre, célula, algo en fin, que ha sido incorporado vitalmente a la sensibilidad”. Es pertinente recordar que la obra de Cesar Vallejo es cambiante, multiforme, si nos atenemos a determinados aspectos formales y estilísticos. Su mundo, que impactó y recibió los impactos del mundo en que se dieron sus desplazamientos y proyecciones, está sin embargo, en cada una de sus páginas ¿Cómo hablar de una Obra Poética coherente si hay en ella sorpresivos y estremecedores saltos estilísticos? El hombre, uncido por el poeta, muestra en ellos su evolución. Y el caudal de una existencia casi confesional da el cuerpo y la autenticidad a un Hacer poético que nos lo trae, siempre, como el paradigmático -y uso con temor esta palabra- y revelador Ser. De manera inevitable desembocamos, otra vez, en nuestro ente sustantivo. Es él la materia cardinal de toda auténtica creación, amén de las corrientes al uso, a las cuales solo él puede dar validez. A menos que este mundo de incipiente Ergonomía nos gane, irremediablemente, con una total metalización de los sentidos.
III
Finalmente, Trilce I. Es ocioso decir que toda interpretación que pretenda ser definitiva pierde en la pretensión. Si hay un texto en la poesía del continente americano que ha sufrido la ignorancia de ese precepto es Trilce I. mi intención al hablar de este poema puede no ir, en apariencia, más allá de las “exégesis” anteriores. En defensa de ello valga decir que aquí se continúa la idea hilvanada acerca del predominio del sentimiento genuino en el acto poético
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Razones para ejemplificar con este texto: El poema preliminar de Trilce es un texto polémico. Su configuración de supuesta impenetrabilidad, la diversidad de acepciones semánticas que ha generado en críticos y poetas me resulta atractiva. Y es el lado semántico el que se rebela como verdaderamente polémico: “poema de la defecación” (André Coyné, Espejo), poema del nacimiento del poeta y el Perú (Mónique Lemaitre). Cuando la impenetrabilidad de un hecho, en este caso poético, es decir, el poema, nos obliga a buscar referentes lejanos al móvil que estimula y resuma del acto los arribos pueden resultar pobres o cuando más enrarecidos. César Vallejo sufrió este poema, en particular, y la mayoría de los que conforman este libro, durante su reclusión en una cárcel del Perú, en el departamento de Trujillo, zona costera. Aquí se significa el espacio geográfico en que se dan estos textos por una característica del libro. En Trilce la relación entre el sujeto, el espacio y el tiempo se manifiesta casi de manera obsesiva. Las evocaciones al pasado de protecciones afectivas (amor materno, amor otilino) son la otra parte que complementa el sentido de opresión y ruptura que nos da este libro. Si el poema que encabeza y da título a Los Heraldos Negros es el poema antológico por excelencia de César Vallejo, al tratar de hallar su prolongación tesitural en el trayecto de dicho poemario, encontramos zonas de acentuada incongruencia. Con el poema que nos interesa aquí no ocurre lo mismo. Es el pórtico que da acceso al antes citado espacio–tiempo opresivo que el poeta denuncia en declaradoras obras, en escapes que recuerdan a los de un niño en sus fantasías. Solo que aquí el escapista es un ser de recursos más solidificadores, de recursos sustentadores. Lo que sustantiva tal existencia, la enmagrecida existencia del recluso, es el acto poético como acto catártico. Luego de lo dicho, creo que es posible entrar en el mundo sustantivo y estilístico del poema preliminar de Trilce.
IV
Poema de la opresión. Motivo de la esclusa
El poema en cuestión es bien conocido. Cederé a la tentación de desmontar aquí, y hacer exégesis “precisas” de algunos de sus versos o unidades sintácticas. Hay hitos que deben sopesarse debidamente, pues en el desorientador mundo referencial y sintáctico de este poema está la clave de una reacción. Sus modos no siempre son factibles o fáciles al camino del sentido común; la reacción, la oposición, se nos muestra siempre en formas extremas, desacostumbradas. Quién hace tanta bulla, y ni deja/ testar las islas que van quedando. // Un poco más de consideración. Este es el comienzo de una denuncia que trasciende en el tono suplicante y perplejo, a veces balbuciente, que caracteriza a una gran zona de la poesía de Vallejo. Ante un acto común y humano el sujeto es objeto de violencia. Como una triste ironía el irrumpir violento y deshumanizador crea un mecanismo que redimensiona y da los valores reales que encierra ese acto. En cuanto se hará tarde, temprano, / y se aquilatará mejor / el guano, la simple calabrina tesórea / que brinda sin querer, / en el insular corazón, / salobre alcatraz, a cada hialoidea / grupada. Al comienzo de esta parte hacía mención a determinados hitos o recurrencias que se dan en el poema. También mencionaba la estrecha relación que establece Vallejo entre el sujeto y el espacio temporal y físico. Palabras como islas, insular, península denominan y caracterizan espacios no sólo físicos sino subjetivos. Hay también alusiones al acto defecatorio y, lo más importante y definitivo, a la materia sustantivante de ese acto: guano, hialoidea grupada. En mi opinión es esta la parte de mayor intensidad lírica y dramática por el entrelazamiento semántico elaborado por un referente dual y al mismo tiempo unívoco, que se va dando en una gradación, en señales dosificadas oportunamente. Lo que comienza como una velada analogía termina en transmutación: que brinda sin querer, en el insular corazón salobre alcatraz, a cada hialoidea grupada. Esta gradación adquiere rango de símil, una sutileza que me permito llamar símil en evolución o símil tácito. Todos estos referentes apuntan a los antes citados espacios físicos y subjetivos con los cuales logra “materializar” su acto de escapismo. El recluso, conminado por un llamado intempestivo evoluciona con un desplazamiento por los espacios abiertos donde las aves -por razones obvias marinas- se entregan a fertilizadoras grupadas en un significativo, anhelado y Concedido libre albedrío. De ahí, reitero la gradación que da, veladamente, valores comparativos con el ave en libertad. Y la confirmación nos llega con la frase intencionadamente transcrita en altas: seis de la tarde de los más soberbios bemoles. Frase con que se pondera lo que se tiene por muy grave y dificultoso. Cuando Vallejo finaliza su poema diciendo: y la península párase / por la espalda abozaleada, impertérrita / en la línea mortal del equilibrio. Nos da un explícito santo y seña de una situación vivencial y no funcional, escatológica, lo cual sería estrecho y nada tendría que ver con César Vallejo. La península abozaleada es la privación de su libertad y la línea mortal del equilibrio es, algo que cada quien a de aquilatar en su cotejo y de modo explícito. Es nuestra situación existencial a la que no escapan ni siquiera los más felices. Por todo ello Trilce I es para mi el Poema de la Opresión y en él se da un motivo que doy en llamar Motivo de la Liberación o Motivo de la Esclusa presente en todo acto de rebelión como este que ahora mismo está ocurriendo.