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La idea de España en poetas negros cubanos del siglo XX (1). (primera parte)
Marta Lesmes , 18 de septiembre de 2008

Notas a manera de preliminares.

España, más que recurrencia ha sido sustancia misma de la lírica insular. La razón ha sido obvia, la confrontación inevitable con su modelo. La función modeladora de la cultura dominante dio sustento al desamor, la indocilidad, la inapetencia, un vigoroso desentendimiento para el necesario renuevo en la proyección de un imaginario. La relación subordinada con respecto al canon metropolitano, en doble ejercicio del poder, sobre el universo creativo y sobre el criterio mismo, impuso a la actividad literaria, y a la crítica, focalizar tergiversadamente las representaciones de sujetos como el negro, en posición subalterna.
Sin embargo, lo que este análisis propone es invertir el cono o desenfocar la cámara. Dejar de lado la presencia del negro como objeto de representación, harto manipulado  por el discurso literario culto, para dar paso a la del sujeto en aptitud de producción simbólica, miembro de una comunidad –la hispana de América– que a lo largo del trayecto histórico literario en el que ha venido produciendo lo ha  desestimado, preterido, tolerado o a duras penas reconocido, en diferentes momentos, para ir conformando en su gestión autoral la idea de su antigua metrópoli política y cultural, en una dirección contraria a la habitual «fascinación de Occidente por lo primitivo» (2). 
Desde sus primeros contactos con la cultura dominante, la cultura del negro africano esclavizado, la representación del hombre y de la mujer negros, se convirtió en una construcción donde las fantasías en torno al otro, al decir de bell hooks (3),  fueron continuamente explotadas y manipuladas para insertarse en el discurso del colonizador con pretensiones de fijeza, de manera que se reinscribiera desfavorablemente y mantuviera el statu quo dentro de ese discurso, como instrumento de dominación.
Para el pensamiento  occidental, imperante aun en nuestros días, la idea de Africa trascendió semejante a la del Oriente y,  por consiguiente, construyó dos tipos de negritudes.  Como ha explicado Eduard Said (4):  

[...] el Oriente “bueno”  se situaba siempre en un período clásico, en algún lugar de una India perdida en el tiempo, mientras que, el Oriente “malo” se podía ver en partes del Asia actual, en algunos sitios de África, y en cualquier lugar del mundo islámico. Sólo quedaban "arios" en Europa y en el antiguo Oriente; como lo señala Leon Poliakov (sin decir una sola vez que los "semitas" no son sólo los judíos, sino también los musulmanes),  el mito ario dominó la antropología histórica y cultural a expensas de los pueblos “inferiores” [...]

La idea de Africa y,  por tanto del negro, que el colonialismo ibérico, hizo trascender, descansa tanto en la de un negro bueno (el buen salvaje), como la de un negro malo (el análogo opuesto), pero siempre una imagen susceptible al escarnio, la risa o la manipulación, una imagen que perdurará como otra forma de dominación y marginación sociales. Sin embargo, y al cabo del tiempo, como sujeto perteneciente, por derecho del conquistador, a la comunidad y a la tradición lírica hispana, la voz del negro también reflejó la idea de su alter a la que pretendo acercarme ahora, con el interés de visualizar algunas de sus estrategias discursivas y hasta el lugar de enunciación de sus propuestas culturales y/o políticas. Para ello me serviré de textos de Nicolás Guillén, Marcelino Arozarena, Gastón Baquero e Ismael González Castañer, utilizando aquellos donde es evidente la alusión al tema.
La ausencia de voces femeninas en nuestro trabajo, se debe también a razones obvias,  la escasa presencia de la mujer negra en el discurso poético cubano hasta bien avanzado el siglo XX, donde después de su segunda mitad aparecen voces como las de Nancy Morejón, Georgina Herrera, Excilia Saldaña, Soleida Ríos o Caridad Atencio, en cuyas obras se registran en desiguales formas, más evidente, digamos, en Nancy Morejón, o menos en Georgina Herrera,  Excilia Saldaña y hasta con indiferencia  en Soleida Ríos y Caridad Atencio, la condición étnica o racial. En ellas la idea de España no tiene lugar de manera expresa.

La idea de España en poetas negros cubanos del siglo XX.
Pero lejos de insistir en las formas en que  los creadores, negros o blancos, han abordado la figura del negro a lo largo de la historia de la literatura cubana, me interesa escudriñar en la idea de España que expresan en el siglo XX poetas negros, con el objetivo de iniciar un análisis  invertido donde se pone de manifiesto la capacidad y diversidad de enfoques a través de los cuales el hombre negro    en situación de producción simbólica, ha construido y recreado la idea de su alter en un  ayer y un después. La manera en que la lectura sobre la cultura modeladora, ha propiciado un espacio de reflexión y de representación diversa entre los distintos creadores y diametralmente opuesta  en todos los casos a la del discurso hegemónico colonial.
Nicolás Guillén, como se ha dicho el más español de nuestros poetas lo trata ampliamente en España. Poemas en cuatro angustias y una esperanza  (1937) (5). La idea trasciende el tiempo y supera las divergencias, no las diferencias. Antes bien reafirma ésta en la presencia de un acontecer solidario y políticamente comprometido, que ya venía cultivando desde la aparición de West Indies Ltd., (1934) y Cantos para soldados y sones para turistas, (1937).
 En la «Angustia primera» se nos dibuja una España de alienación y desacato, cual parábola que en el tiempo repetía el camino de oprobio que antes  habían recorrido aztecas e incas.

No Cortés, ni Pizarro
(incas, aztecas, juntos halando el doble carro).
Mejor, sus hombres rudos
Saltando el tiempo. Aquí, con sus escudos.

No es la visión del negro, sino la del indio, a quien representa la voz poética, que nos remite a la equiparación de dos sujetos colectivos en posición de subalternidad. Ante el poder sólo hay dos alternativas; o igualársele, o subordinársele. Toda estructura de Poder, «en el juego de relaciones móviles y no igualitarias» (6),   presenta al menos dos niveles. En ese juego de las relaciones Foucault ha advertido que:

[...] el poder viene de abajo; es decir, que no hay, en el principio de las relaciones de poder, y como matriz general, una oposición binaria y global entre dominadores y dominados, reflejándose esa dualidad de arriba abajo y en grupos cada vez más restringidos, hasta las profundidades del cuerpo social. Más bien hay que suponer que las relaciones de fuerza múltiples que se forman y actúan en los aparatos de producción, las familias, los grupos restringidos y las instituciones, sirven de soporte a amplios efectos de escisión que recorren el conjunto del cuerpo social. 

Entonces, o se le iguala o se le subordina, aunque ello no implique la ausencia de estrategias de resistencia más o menos  evidentes o efectivas en el cuerpo social establecido. En el carácter estrictamente relacional de las jerarquías de poder se establece un vínculo no exactamente binario, sino de naturaleza múltiple, al interior de su discurso  y de sus formas de manifestación. No pueden existir, dice Foucault: «más que en función de una multiplicidad de puntos de resistencia: éstos desempeñan, en las relaciones de poder, el papel de adversario, de blanco, de apoyo, de saliente para una aprehensión. Los puntos de resistencia están presentes en todas partes dentro de la red de poder.» En Guillén, se expresa en la transmutación de límites temporales, a través de los cuales, los antes colonizadores se igualan a sus antiguos dominados; no toda la España, sino la del soldado, el obrero, el artista, la España de abajo. Se describe una España escindida que proyecta una imagen picassiana, de fragmentación y angustia.
En la  «Angustia segunda», el entramado político del sujeto poético se desplaza de la dispersión hacia la idea de una unidad interior biforme.

  La raíz de tu árbol, de mi árbol
  En mi tierra, clavada,
  con clavos ya de hierro,
  de pólvora, de piedra,
  y floreciendo en lenguas ardorosas,
  y alimentando ramas donde colgar mis pájaros cansados,
  y elevando sus venas, nuestras venas,
tus venas, la raíz de nuestros árboles.

Son dos las Españas que convergen como ríos. Se desdibuja el espacio geopolítico, no se expresa un allí/ aquí o un antes/ahora, sino la oposición más íntima entre lo mío/ lo tuyo.
En la «Angustia tercera» cuánta amarga ironía se esconde en la imagen que apenas esbozan estos versos:

Contra cetro y corona y manto y sable,
pueblo, contra sotana, y yo contigo,
y con mi voz para que el pecho te hable.
Yo, tu amigo, mi amigo; yo, tu amigo.

Por la mano del otrora conquistado, la España de obrería, soldadesca y arte, viene a recibir el amparo de la de allende los mares. Si por la geopolítica se bifurca, por la cultura y el etnos, también; sangres le vienen de regreso, ahora en un sólo cauce. Pero lo importante no está en este hecho en sí mismo, sino en la colosal idea de la piedad, de la solidaridad con una España que es su igual. No se sitúa el sujeto poético frente, sino junto a su espejo: 

En las montañas grises; por las sendas
 rojas; por los caminos desbordados,
 mi piel, en tiras, para hacerte vendas,
y mis huesos marchando en tus soldados.

No marcha de contrarios que se interceptan, sino de un mismo movimiento hacia el todo, el espacio salvador, quimérico: yo contigo; yo, tu amigo, que luego habría de intensificarse en el poema «La voz de la esperanza»: Yo, hijo de América corro hacia ti, muero por ti.
«Angustia cuarta». Los contornos se difuminan y ya no importan en realidad los referentes  (geografía, cultura e ideología), sólo interesa el hombre común, los sin rostro ni nombre: muleros, cantineros, mineros. En siendo pobres da lo mismo ser o no un español.

 

1- El presente  trabajo es una versión reducida del texto original que incluye los epígrafes El negro en la literatura hispana hasta el siglo XIX  y El tema negro en el siglo XX
 2- bell hooks. Devorar al otro: deseo y resistencia. Tomado de Black Looks: Race and representation. Boston, MA, South End Press, 1992.
 3- Su verdadero nombre es Gloria Watkins. Profesora del City College de Nueva York. La Gaceta de Cuba  (n.5,  1999)   publicó  su ensayo «Lo negro posmoderno».
 4- «Crisis» (1978) ha sido tomado y traducido de Modern Criticism and Theory. A Reader (ed. David Lodge), Londres, 1990, pp. 295-309. La traducción es de  Luis Juan Solís y Gabriel Astey.
 5- Guillén, Nicolás. Obra poética. 1920-1972. La Habana, Instituto Cubano del Libro, t.I, 1974.
 6- Foucault, Michel. Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber. México, Siglo XXI, Editores,
1977. En adelante,las citas pertenecerán a la misma referencia.