Si el profesor Rine Leal hubiera escrito tan solo un libro: La selva oscura, bastaría para recordarlo con agradecimiento y reservarle un espacio más que merecido en los estudios de teatrología en Cuba. Pero lo cierto es que la obra de Rine Leal va mucho más allá, es fecunda y múltiple, útil y vigente. Y, algo muy importante, está escrita con la amenidad que no siempre consigue el entendido.
Nacido habanero el 15 de julio de 1930, dejó inconclusos los estudios de la carrera de Derecho para entrar en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde se gradúa en 1952. Técnica, versatilidad y talento abundan desde ya en la prosa del joven escritor.
Trabajó como crítico teatral y como corrector de pruebas en la revista Carteles y en el diario Información, todo ello en el decenio del 50 del pasado siglo. Y al mismo tiempo alcanzó un grado tal de especialización en el teatro norteamericano, que le permitió impartir clases en la Academia Municipal de Arte Dramático entre 1957 y 1958, vinculándose además a la incipiente Cinemateca de Cuba y participando de los criterios de avanzada artística que se discutían entre los miembros de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo.
El periodismo cultural fue una de las facetas en que Rine Leal brilló, contribuyendo al mejoramiento de la apreciación artística y a la difusión de un conocimiento que pugnaba por dejar atrás todo vestigio de elitismo para incorporarse al acervo de luces de un público cada vez mayor. Sus trabajos pueden leerse —y hoy día rastrearse— en viejos números de Nueva Generación, Ciclón, Carteles, Bohemia, Lunes de Revolución, Casa de las Américas, Cuba, Conjunto, Islas, La Gaceta de Cuba, Unión, Santiago…
Es Rine Leal quien nos expresa su leitmotiv en este pasaje de la introducción al tomo II de La selva oscura:
El gran problema del historiador es vivir ese pasado, ubicar personajes y textos en su hábitat, y, por supuesto, revelar lo que aún poseen de vigencia. Cuando el investigador es parte de lo investigado (he ahí su paradoja) el problema es doble: iluminar el pasado desde la luz del presente. He dicho en alguna otra ocasión que la labor del historiador no es responder preguntas sino abrir nuevas interrogantes. Creo que estos dos tomos sean útiles en ese sentido y que contribuyan al estudio científico de nuestra escena.
Más intenso se hace el trabajo de Rine Leal en la década del 60. Atiende la crítica teatral del diario Revolución entre 1959 y 1963, imparte clases en la Escuela de Instructores de Arte y en el Conjunto Dramático Nacional, ocupa la jefatura de redacción de la sección de “Arte y Literatura” en el semanario Bohemia, es jefe de información de las revistas Cuba y Conjunto, sucesivamente. Viaja como delegado a congresos y eventos de teatro.
Tampoco deja de escribir, y van saliendo de las prensas algunos de sus libros: Viaje a la crítica, en 1962; Eugene O’Neill, en 1963; En primera persona (1954-1966), en 1967; El teatro, en 1968; y los citados tomos de La selva oscura, joyas hoy día de la bibliografía sobre el tema del desarrollo y la evolución del teatro en Cuba. En 1971 publicó en Lisboa, junto a Rogerio Paulo, Introduçao ao teatro cubano.
Investigador fecundo y escritor siempre ocupado, Rine Leal —fallecido en septiembre de 1996— halló espacio para el ejercicio de una docencia sostenida; quienes fueron sus alumnos lo recuerdan como un excelente y modesto ejemplo de sabiduría.
