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Bayo, el combatiente y el escritor
Leonardo Depestre Catony , 31 de julio de 2008

Durante los primeros años subsiguientes al triunfo de la Revolución en 1959, el nombre de Alberto Bayo se hizo muy conocido entre los cubanos, muchos de los cuales (este redactor, entonces un niño, incluido) lo teníamos por español, dada su abundante hoja de servicios en esa nación durante la guerra civil y la aureola de leyenda que acompañaba a su personalidad. Al cabo del tiempo supe que Alberto Bayo había nacido en Camagüey en 1892, y que a los seis años pasó a vivir con su familia en el archipiélago de las Islas Canarias.

En la Península hizo estudios militares. Combatió en la guerra de guerrillas de Marruecos, entre los años 1920 y 1926; pero fue a partir de la irrupción de la guerra civil en España, en 1936, cuando el combatiente Bayo alcanzó verdadero renombre. En el conflicto ibérico ocupó cargos importantes en el frente de combate republicano, y su valor personal le mereció un bien ganado prestigio más allá de las fronteras hispanas.

A Cuba regresó en abril de 1939, con el acento cambiado y muchos deseos de estampar su huella en el quehacer de su tierra natal. Organizó una Academia de Matemática en La Habana, que además dirigió hasta inicios de la década del 40, y desde 1941 hasta 1959 se estableció en México, al tiempo que viajó por América Latina y los Estados Unidos. Hombre muy decidido a llevar a la práctica su ideario político, participó en la organización de las guerrillas —opositoras de los gobiernos procastrenses— que imperaban en el territorio centroamericano por el año 1948.

Es bien presente el vínculo de El general Bayo —así se le llamaba— con los expedicionarios del yate Granma, a los cuales entrenó en México en 1956, prestándoles el aporte de su experiencia, en una faceta que continuó a principios de 1959 para organizar la primera escuela de guerrilleros y convertirse en uno de los más veteranos asesores de la naciente Revolución. Sin embargo, lo que hoy apenas se recuerda es que Alberto Bayo dejó una obra literaria en la que se cuentan varios libros de poesía, novelas y apuntes de su vida. Además, por muchos años desarrolló una intensa labor de conferencista que lo llevó a recorrer todo el país.

Su primer cuaderno de poesía, Mis cantos de aspirante, lo publicó en Guadalajara, España, en 1911. A este sucedieron Canciones del Alcázar, en 1914, y El Tenorio laico, en 1938, ambos publicados en España. En México editó Cámara, en 1951, Mis versos de rebeldía y Sangre en Cuba, los dos últimos, de 1958, sobre el tema de la insurrección revolucionaria en Cuba durante el decenio del 50. Súmense aquí las novelas Juan de Juanes y Uncida al yugo, ambas de 1926, publicadas en Barcelona; el poemario Fidel te espera en la Sierra (México, 1958, varias veces reeditado); Mi aporte a la Revolución cubana (prologado por el Comandante Ernesto Che Guevara), y Versos revolucionarios, de 1960; 150 pregones a un guerrillero, de 1961; Terminología militar, de 1963; Diccionario militar, de 1965; y Mis versos, de 1965.

La producción literaria de Alberto Bayo, y también aquella de intención pedagógico-militar, tienen en todo momento la vocación de servicio de quien se consideró, por sobre todo, un combatiente.

El escritor murió en La Habana el 4 de agosto de 1967. A más de cuatro décadas, estos apuntes rinden homenaje a su memoria.