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La brevedad y el infinito
Anette Jiménez Marata , 31 de julio de 2008

¿Quién dijo que la extensión de un relato constituye un determinante de su calidad? ¿Acaso un minicuento no puede impactar y trascender tanto como un largo relato? ¿Qué tiene que envidiarle El dinosaurio de Augusto Monterroso, con sus sugerencias e incitaciones, a una obra amplia y explícita en todos sus detalles?

El minicuento ha cobrado, en los últimos años, un gran auge, no solo desde el punto de vista de su producción sino también desde los múltiples estudios y enfoques académicos que ha generado.

En Cuba el Centro Onelio Jorge Cardoso constituye, desde su nacimiento, la institución que con mayor coherencia y sistematicidad ha acogido y orientado las disímiles inquietudes estéticas de los jóvenes narradores.


Vladimir Bermúdez García (La Habana, 1962), médico y escritor, es autor del minicuento Irreverencia, ganador del concurso El Dinosaurio.

Suyo es también  El perdón o la agonía de la vida (Editorial Letras Cubanas 1997), que demuestra las infinitas posibilidades temáticas y estilísticas de los microrrelatos. Desde la brevedad de sus historias consigue reflexionar en torno a aspectos medulares de la existencia humana.

La muerte, la familia, la vejez, los recuerdos y el amor representan temas que, no por clásicos, ostentan un tratamiento manido. Matices filosóficos, poéticos, humorísticos y hasta sarcásticos caracterizan gran parte de las situaciones recreadas.

El volumen, dividido en seis secciones (Los raros, Tributo, Cambio de oficio, Imágenes y Un museo singular) comprende personajes y tramas que van desde los ambientes más cotidianos hasta los de mayor vuelo imaginativo.

Según Eduardo Heras León una de las características que marca la identidad del microrrelato es el virtuosismo intertextual, a través del cual el autor rinde homenaje a la tradición que, a su vez, deviene también objeto de  parodias. Este rasgo es claramente visible en la sección Tributo, donde Bermúdez García juega con voces canónicas de la literatura universal, resemantizadas en el universo creativo personal del autor.

Ancianos recompensados con el don de poder escoger su muerte, tías que alquilan vidas en blanco y negro o en colores, según sea el gusto, mujeres provenientes de una dimensión distinta, y una negra Tomasa, guiño intertextual del autor –que junto a Drácula, Borges, Cortázar, Faulkner y Hemingway relacionan el volumen con obras artísticas de diferentes géneros y épocas-  son solo algunas de las insólitas situaciones que el libro propone.

El diablo representa aquí un personaje recurrente. Inmerso en atmósferas típicas de la vida diaria o de gran contenido simbólico y metafórico, constituye un recurso que aporta verosimilitud y humanismo a las historias.

La obra, merecedora de la  Primera Mención en el Concurso David de la UNEAC, en 1995, también está marcada por sutiles referencias al propio acto de construir relatos. En este sentido “Plagiarios” representa, a través de sus personajes que necesitan narrarle constantemente historias a la gente, una  alusión a la urgencia que tiene el artista de renovar a diario la fuente donde bebe, toda vez que, en cuestiones temáticas “nada nuevo hay bajo el sol”.

“Un paseo por la Alameda” es un texto de profunda crítica social. Aquí el humor cede el paso a la denuncia frente a la violencia cotidiana y a la inhumanidad que, lamentablemente, se ha vuelto norma para muchos.