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Nación Facebook.
Hamlet López García , 21 de octubre de 2008

¿Cuánto puede costar el apretón de manos de un amigo? No tiene precio. Por unos instantes dejémonos llevar por los delirios que consideran todo comprable y vendible, por la moda neoliberal, e intentemos entonces algo menos abstracto: ¿Cuánto puede costar el lugar donde se puede dar el apretón de manos entre amigos? Casi no tiene precio, pero ese casi, cuánto representa exactamente, es lo que fijó Microsoft hace poco. A juicio de la empresa poseer una versión virtual de una plaza pública, un lugar electrónico donde puedas saludar a tus amistades, compartir con ellos intereses y preocupaciones, puede valer mucho. Por eso es que estuvo dispuesta a pagar 240 millones de dólares por el 1,6 porciento de las acciones de Facebook, unos de los sitios de redes sociales más populares en Internet. Automáticamente esa decisión valoró la compañía Facebook, que no produce nada material, en cerca de 15 000 millones de dólares. Créalo o no, eso es casi tanto como lo que vale General Motors1.

Ventajas de la era digital. Las ideas pueden valer mucho más que un producto concreto y real. La evolución que comenzó con el valor agregado a los productos, abaratando las materias primas, llega a su máxima expresión con los mercados financieros, donde se valora en millones algo apenas definido como una idea, lo que puede ser una intuición acerca de la subida o bajada de un producto en los mercados. La economía inmaterial, la total superación de los átomos. El reino de la idea absoluta hegeliana quizá ande cerca, en forma de veloces y alegres electrones circulando alrededor de nosotros.

Las redes sociales, junto con internet, son los signos distintivos del futuro. A medio camino de la economía inmaterial, entre los transistores y los mercados especulativos. Necesitan una potente infraestructura de servidores, es cierto, muchos computadores interconectados. Pero lo realmente importante es el software que corren. La idea codificada en bits, que transforma esperanza en dinero. Véase si no los ahora felices dueños de Facebooks. ¡Que digo signo del futuro, es del presente! Todos están imbuidos por la sed de la tecnología. El futuro es ahora, y la participación en las nuevas tecnologías es entusiasta.

Laptops, iPhones, redes sociales. Es una manera de saberte contemporáneo, actualizado, desarrollado. Es la identidad del ser digital. Si no tienes una cuenta en MySpace, o Facebook, o Bebo, no eres nadie. Constituyen para muchos habitantes de nuestro planeta casi una obligación, el deber ser, el sitio ideal para comunicarse, ganar popularidad, hasta establecer relaciones amorosas. Ellos revisan sus perfiles en estos sitios diligentemente una vez, dos veces al día, quizás más, dependiendo de la conexión y el aburrimiento. MySpace reúne a más de 180 millones de usuarios, repartidos por todo el mundo. Facebook más de 40 millones y Hi5, otro sitio de redes sociales, supera los setenta millones2. Si hasta los muertos tienen su red social, llamada MyDeathSpace.com, sin contar con los perros (www.dogster.com), gatos y ruiseñores también tiene la suya, con esa manera tan peculiar que tienen los capitalistas de entender la inclusión digital.

En los sitios de redes sociales puedes conocer y compartir con cualquiera. Ese es parte del atractivo y así te lo venden. Sin importar cuan lejos esté. Conéctate al mundo, relaciónate con todos. Intercambia con un australiano, un brasileño (no cualquier brasileño), un canadiense. Pero no intentes conocer a un etíope, a un haitiano, a no ser que ellos tengan el buen juicio de vivir fuera del 4to mundo, ese error de gestión económica, que se resiste a desaparecer a pesar del Banco Mundial. Pero no importa. Los sitios de redes sociales están ahí, para conocer a las personas más interesantes, a los que realmente importan. A los que de inicio están conectados.

En realidad esa fue siempre la intención. Cuando se abrieron las posibilidades infinitas de las nuevas tecnologías, las empresas acudieron más que presurosas para restringirlas cuidadosamente. Sostienen la mano no tan invisible del mercado, para señalar quién está y quién no está presente en la nueva sociedad del conocimiento, donde se gestiona tecnológicamente el olvido. Con una conexión ADSL a quien le interesa recordar que existe Uganda. El mundo es el primer mundo, más aquellos que parecen prontos a alcanzarlo. El resto es el desagradable traspatio, oscuros rincones del mundo, lugares donde no se vende nada.

Así nació Facebook, al inicio limitada a los ricos estudiantes de Harvard3 .Luego sus creadores, y sus socios empresarios, se percataron de que podían confiar en las buenas maneras y en los bolsillos de una población un poco más amplia, y la fueron extendiendo, primero a los Estados Unidos, luego al resto del mundo.

Es que las redes sociales son como las plazas públicas. Y mucho mejores, porque tienen dueños que se ocupan de tenerlas bien limpias, ordenadas y de expulsar a los que no tienen comportamientos correctos. En una plaza pública real, de las viejas, uno puede decir lo que quiera en contra de quien quiera. Pero no es así en una plaza virtual. En ella los dueños borran todo contenido que huela aunque sea de lejos a una polémica. Dos líneas que criticaban al presidente G. Bush fueron borradas de un WebCast que comentaba sobre un grupo de rock, según reportaba Noticiasdot.com el 12 de julio del 2008. Lo políticamente correcto se impone. Y para el que tenga dudas, puede revisar los términos de uso que propone MySpace a sus usuarios: Se considera con el derecho a borrar cualquier contenido que sea considerado ofensivo, siempre a juicio de la compañía.

Por si fuera poco animan a sus usuarios a que llenen de datos personales sus páginas. Así saben por ejemplo cuáles son tus preferencias culturales, qué música, películas, o platos de comida te gustan más, cuáles son tus pasatiempos favoritos, y así los socios comerciales afiliados a estos sitios, te pueden ofrecer publicidad personalizada4 ,construida sobre la base de tus gustos personales. Para ni tener que pensar.

Lógicamente, ese registro también sirve para que la CIA, el FBI, y la NSA eventualmente, ante cualquier reporte, puedan revisar tu perfil y evaluar cuán peligroso eres 5. Vamos, que de tan eficientes ni tan siquiera esperan a que haya una denuncia. Ellos están ahí, siempre vigilantes sobre la comunidad de la plaza virtual. Pero la verdad, la idea original no es de ellos, ya que como posibilidad existe desde el mismo inicio de las redes. Nada ocurre sin dejar una traza. Google, ese buscador de uso casi universal, guarda los datos de las páginas que visitamos y nuestras búsquedas por un período que se puede extender más de nueve meses6 . La huella de la página que visitaste la semana pasada, buscando información acerca de la literatura inglesa, el cine español o sobre los movimientos de liberación nacional no se ha perdido, está ahí, en algún disco duro del conjunto de servidores situados en los Estados Unidos. Y esa huella relaciona la página con tu computadora. ¿Quien no se siente seguro sabiendo que el Departamento de Seguridad Interior de los Estados Unidos lo puede leer?.

Los sitios de redes sociales proporcionan mucha información. Y de calidad, además. Se sabe que en la era de la sociedad de la información, el gran problema es encontrar el dato que buscamos, la fecha justa, la cita correcta. Damos un clic y el buscador nos devuelve más de un centenar de entradas con los términos de búsqueda solicitados, y esto en el mejor de los casos. Perfectamente pueden ser miles de entradas. Quien espere verse abrumado por la cantidad de datos en un sitio de redes sociales se va a decepcionar. La habilidad clave de esta era digital es filtrar la información, mostrar solo la relevante. En un sitio de Internet debe ser una fortaleza estratégica permitirle al usuario orientarse rápidamente en lo que busca, si es necesario restringiendo las posibilidades. MySpace, Facebook y Bebo muestran su liderazgo en este acápite desde el mismo inicio. Una vez que estás registrado, puedes conocer todo lo que quieras acerca del resto de los usuarios. Siempre y cuando sea información realmente importante, que coincide, de más está decirlo, con lo que los dueños consideran importante: qué música le gusta al usuario, cuál es su signo en el zodiaco, que edad tiene, cuán popular es, de cuánto es su salario. Lo que comen, ven, escuchan. Nada acerca de su país, sus costumbres, su identidad cultural, sus preferencias políticas. Nada de lo que importa a la hora de interactuar con un ser humano, para saber si quiere el mundo que yo quiero. Porque desafortunadamente lo que realmente importa en estos días puede provocar roces y romper el delicado equilibrio de una comunidad feliz7. Y los dueños de Facebook, de MySpace, Bebo y de otros sitios semejantes quieren que todos seamos muy felices. Pasiva, amnésicamente felices.

Recordar que los latinoamericanos llegamos a las redes sociales de último, como invitados extranjeros. Quizás para nosotros las diferencias políticas, la defensa de la identidad cultural formen parte de nuestra esencia, pero para los felices norteamericanos no pasan de ser excentricidades pintorescas: en el mundo ya está demostrado que no existen problemas políticos, ni económicos, ni sociales. Lo que hay es problemas de gestión. Nada que no pueda resolverse con la tecnología adecuada. En todo caso, si te es muy necesario expresar una opinión política, puedes formar un grupo. Facebook tuvo muy buenas iniciativas al respecto. Mil personas que odian a Chávez8 es un muy activo grupo en Facebook.

Internet es un espacio en el que puedes hablar desde cualquier lugar. La realización de un viejo sueño liberal: el individuo frente a otros individuos, sin las trabas de diferencias culturales, buscando únicamente su placer. El ciberespacio es lugar ideal para la autorrealización, fuera de obstáculos como raza, credo, opinión política, orientación sexual. Delante de una computadora, todos somos potencialmente iguales. Salvo que decidamos que lo que somos culturalmente, políticamente, sexualmente, es parte inalienable de nuestra identidad, nos define intrínsecamente, y no podemos sino pensar y sentir a través de ellas.

Los sitios de redes sociales intentan llegar a la mayor cantidad posible de personas. En ello radica su éxito comercial: crear una base de usuarios, que potencialmente sean consumidores de los productos de sus socios comerciales. Y mientras más usuarios, mejor. Por ello los perfiles que ofrecen para rellenar son lo más neutrales posibles. Pero tampoco niegan la diversidad. Todos tienen espacio, iguales posibilidades de existir dentro de un sitio de redes sociales, de no interactuar entre sí. Los grupos de rockeros por una parte, los de protección de animales por otra. Pueden existir grupos de afinidades, la diversidad en base a la segregación.

Ese es el ser digital. La expresión de los deseos, aspiraciones, acciones, a través de bits, viajando a la velocidad de la luz por la red de redes. Cumpliéndose con solo apretar un botón. La lámpara de Aladino fue siempre electrónica y además norteamericana, lo que los narradores de Bagdad nunca lo supieron. Si bien puede pensarse que las redes permiten una traducción de nuestras actividades diarias al lenguaje de los ceros y unos, casi para llevar una vida completa entre las redes tal y como un personaje de ciencia ficción, lo cierto es que los usos que se le dan difieren bastante de las imaginaciones afiebradas de algunos tecno fanáticos.

Las investigaciones dicen que los sitios de redes sociales se usan más que nada para seguir cultivando las relaciones que alguna vez se establecieron fuera de las redes. Muy pocas personas quieren en realidad crear nuevas amistades dentro de un sitio de redes sociales9, exponerse ante nuevas experiencias, a potenciales cuestionamientos.

Que nos pueden ofrecer a nosotros, los habitantes del tercer y cuarto mundo esta tecnología. Es una vitrina, grande, gigantesca. Nos podemos considerar a salvo de las inquietudes comerciales de sus socios empresarios. Gracias a ellos no tenemos dinero. No tenemos infraestructura. Compramos lo necesario para sobrevivir. Nos queda la esperanza de encontrar a alguien de nuestra propia especie navegando por esos sitios. Nos queda la voluntad de crear nuestra propia red. Fomentar el ciberactivismo, la revolución digital, no una que cambie tecnologías por otras, sino una revolución de verdad, que cambie usos y maneras de pensar. Que se proponga no usar las tecnologías, sino transformarlas para hacer, entre otras muchas cosas, sitios menos triviales.

Referencias

1. Pablo Romero. El insaciable apetito de las redes sociales.
http://www.elmundo.es/navegante/2008/01/18/tecnologia/1200676010.html
Consultado el 9 de junio de 2008

2. Arelis Peqa Brito. Multimedios del Caribe: El portal informativo de
la República Dominicana, Miercoles 16 de julio del 2008. Consultado el
17 de julio de 2008

3. Boyd, d. m., & Ellison, N. B. (2007). Social network sites:
Definition, history, and scholarship. Journal of Computer-Mediated
Communication,
13(1), article 11.
http://jcmc.indiana.edu/vol13/issue1/boyd.ellison.html Consultado el
13 de junio de 2008

4. Pablo Romero. El insaciable apetito de las redes sociales.
http://www.elmundo.es/navegante/2008/01/18/tecnologia/1200676010.html.
Consultado el 9 de junio de 2008

5. Tom Hodgkinson .With friends like this..The Guardian., 14 enero,
2008. http://www.guardian.co.uk.

6. S.A. Google comenzara a eliminar informacisn privada de sus
ficheros de logs internos
. google.dirson.com.
http://google.dirson.com/post/3241-eliminar-informacion-privada-logs/
Consultado el 22 de agosto de 2008

7. Boyd, d. m., & Ellison, N. B. (2007). Social network sites:
Definition, history, and scholarship. Journal of Computer-Mediated
Communication,
13(1), article 11.
http://jcmc.indiana.edu/vol13/issue1/boyd.ellison.html Consultado el
13 de junio de 2008

8. Ricardo Sepúllveda. Facebook, un arma militar de espionaje. Martes,
15 de julio de 2008. http://www. bolpresss.com. Consultado el 17 de
julio de 2008

9. OFCOM ( 2008) Social Networking: A quantitative and qualitative
research report into attitudes, behaviours and use. Reporte de
investigación.
Disponible en http://www.ofcom.org.uk. Publicado el 2
abril 2008. Consultado el 6 de julio de 2008