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María Luisa Dolz: algo más que una educadora
Leonardo Depestre Catony , 07 de octubre de 2008

Perteneciente a una familia de destacados intelectuales, María Luisa Dolz inscribe su nombre en los anales de la pedagogía cubana del siglo XIX y comienzos del XX. Pese a que su labor toda se enmarca dentro del ámbito de la enseñanza, no podemos pasar por alto que su obra pedagógica escrita sirvió de texto y guía en momentos en que la presencia de la mujer era todavía un elemento “extraño” en la cultura insular.

La educación de la mujer y la infiltración en su cerebro de las grandes verdades, que en diversos órdenes —morales, sociales o biológicos— se van conquistando en el campo de la ciencia, ha sido el ideal que siempre ha inspirado nuestros actos.

María Luisa Dolz, quien pronunció estas palabras en 1904, fue educadora de extraordinarios méritos y mujer de diverso quehacer cuya obra formadora mucho representó durante toda una época.

A finales de 1879 adquirió el colegio Isabel la Católica de la calle Sol y estableció allí el suyo, que luego mudó en varias ocasiones, ensanchándolo. Al concluir la dominación española le cambió el nombre por el de Colegio María Luisa Dolz. Por allí pasaron en condición de profesores Rafael Montoro, Enrique José Varona, Carlos de la Torre, Mercedes Matamoros y otras personalidades.

Graduada de Maestra de Instrucción Primaria Elemental, prosiguió el camino de su capacitación personal hasta alcanzar los títulos de Bachiller, Licenciado y Doctor en Ciencias Naturales, en 1899, primera mujer en Cuba que lo tuvo. Complementaba estos estudios con los de idiomas inglés, francés, alemán y música, recibidos desde la niñez.

María Luisa criticó el estado de indolencia y atraso en que se encontraba la educación en Cuba. Viajó por Europa, observó el sistema de enseñanza en el Viejo Mundo y regresó con experiencias nuevas. Pero no pretendió injertar ideas extranjeras en suelo patrio, ni coartar el libre desempeño de los niños, «porque no es nuestra tarea formar soldados para un imperio, sino ciudadanos aptos para el pleno ejercicio de todas las libertades en el seno de una república democrática», como expresó en obvia alusión al sistema de enseñanza teutón de entonces.

Incorporó —fue pionera en ello— la educación física a través de la gimnasia y otros ejercicios destinados a "dar gracia y fuerza". En su colegio extendió el aprendizaje hasta los niveles de la enseñanza secundaria, por lo que las alumnas egresaban preparadas para aspirar a la carrera de magisterio.

Además fue una de las primeras y más consistentes representantes del movimiento feminista:

«No podemos, no debemos, pues, contentarnos con enseñar a la mujer sus deberes, con disponerla a cumplir los más penosos y amargos, hasta la abnegación y el sacrificio; es necesario también que le demos a conocer sus derechos, y que la impulsemos a defenderlos con noble orgullo cuando la ocasión lo requiera», proclamaba en 1894.

Esta ilustre cubana nació en La Habana el  4 octubre 1854, hace por estas fechas 154 años. Se retiró a la vida privada en 1924, cuando tenía 70 años y falleció en su casa de Marianao el 27 de mayo de 1928.

Junto a Gertrudis Gómez de Avellaneda y la benefactora Marta Abreu, conformó la trilogía de mujeres más conocidas por su labor intelectual y social en la Cuba de finales del XIX y los primeros decenios de la república.

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