"A las camagüeyanas"1
Critica Aurelia en su posición de periodista comprometida con el sentir de la mujer de la época, cómo la estructura patriarcal de nuestra sociedad las había sometido a las decisiones de los hombres a partir de ciertas normas explícitas o implícitas que constantemente las desfavorecía.
En este artículo la autora, enemiga de las extravagancias y malas costumbres, aboga por un comportamiento fino y refinado para las mujeres camagüeyanas de la clase media y la burguesía, las cuales no habían obtenido una adecuada instrucción, sino más bien perdían su tiempo en ociosidades, paseos por la noche en volanta y algún que otro baile. Era muy raro, nos revela, encontrarlas con un libro en las manos o discutiendo sobre temas interesantes y capciosos.
Dichas mujeres debían salir junto a ciertas damas de compañía que algunos escritores tildaron de ‘’dueñas’’ ya que se encontraban a su lado todo el tiempo. Iban acompañadas a la iglesia, al mercado o a visitar alguna amistad. Por otro lado tampoco podían recibir a solas a un visitante masculino. Como queda reflejado era anulada la posibilidad de que salieran solas y todos sus actos se encontraban vigilados.
Aurelia redacta un conjunto de recomendaciones a través de las cuales las mujeres podrían desarrollarar su intelecto y discutir con los hombres cuestiones como sus derechos pero sobre la base de fuertes argumentos. Entre estos consejos pudiéramos mencionar: ‘’huir de la ociosidad, leer buenos libros, sin dejarse arrendar por los que parezcan demasiado graves, que son siempre los mejores y escoger buenas amistades ’’.2
Pero por otro lado, la situación de la mujer negra y mulata era diferente; es en este artículo donde aborda por primera vez el problema. Las incluye como uno de los motivos de la belleza regional y ataca los juicios espurios que sobre las mismas se tejieron durante el período de la esclavitud en Cuba.
Nuestro Apóstol al percibir la vulgaridad con que se presentaban algunas mujeres opinó: ‘’ Pero lo admirable aquí es el pudor de las mujeres, no como allá que permiten a los hombres un trato demasiado cercano y feo. Esta es otra vida, María querida. Y hablan con sus amigos, con toda la libertad necesaria; pero a distancia, como debe estar el gusano en la flor. Es muy hermoso aquí el decoro de las mujeres ’’.3
Años después Carlos Loveira refiriéndose a la situación que venía agravándose desde finales del siglo XIX expresaba: ‘’ La mujer se ofrecía desvergonzada e indolente con reclamos de alcoba, chistes groseros; ligereza en las ropas, piernas al aire hasta las ligas, el busto y los brazos desnudos, hasta la pelambrera de las axilas y la zona del pecho (…) La Habana española, cuidad entonces renombradísima, sin rival en todo el mundo, por el número de sus prostíbulos a puertas abiertas y cínicamente mezclados con el resto de la población’’.4
"La mulata y la negra eran vistas desde una óptica plenamente masculina. Eran los cuerpos del pecado, recreados en la literatura decimonónica desde Félix Tanco hasta Cirilo Villaverde. Conquistar, violar, disfrutar el cuerpo de estas mujeres era alcanzar el placer de una conquista que acababa por crear ataduras y problemas que rebasaban los marcos de la familia y se estrellaban contra las convenciones sociales. Ellas significaban el otro lado de una virilidad masculina solo alcanzada a través del ocultamiento de la imagen. No por gusto, las otras mujeres las censuraban, les temían y hasta las envidiaban. Aurelia Castillo no hace otra cosa que justipreciarlas en su condición de mujeres " expresa la escritora y ensayista cubana Olga García Yero.5
El pensamiento de Aurelia nos muestra una mirada diferente y transgresora en la época en que vivió. Intenta explicarnos que la mujer negra y mulata no es una hija del pecado como se había entendido, sino que sus acciones y actitudes son reflejo de las construcciones sociales de la época. En otras palabras, el fenómeno de ‘’su ligereza’’ no nace con ella. Es como bien diría, un problema de costumbres y prejuicios sociales; consideramos entonces, una cuestión de condicionamiento social y momento histórico.
Si las blancas, mujeres de buena posición económica y social, no podían relacionarse con otros hombres y se encontraban constantemente vigiladas y limitadas, las negras y mulatas aunque sí los frecuentaran no eran más que un producto de lo que ellos habían deseado que fueran. El hecho de ser mulatas o negras las convertían más vulnerables al maltrato físico y la violación. De esta forma la mujer vivía al mismo tiempo en una sociedad galante pero muy cruel; tanto una como la otra se encontraban dependientes de las decisiones y actitudes de los hombres y la sociedad en general, porque las propias mujeres contribuían al fenómeno. Notamos que las desigualdades no se producían solamente entre hombres y mujeres a partir de sus derechos y deberes, sino también entre las mismas mujeres.
¿Mujeres antes que hombres?6
Cuando consultamos los tomos en que quedan recogidas sus obras completas, encontramos un artículo muy interesante que escribe el 21 de abril de 1918 titulado: ‘’Mujeres antes que hombres’’. Pudiera darnos la impresión, por lo sugerente del título, que nuestra escritora se ha convertido en una feminista radical; sin embargo, la idea que quiere transmitir está muy lejos de serlo.
Básicamente realiza un análisis de cómo estaban divididos los roles del hombre y la mujer a lo interno de la familia. Los hombres habían dado prioridad a sus logros, resaltando siempre su gran genialidad mientras que no les prestaban atención a lo que las mujeres podían pensar o decir; todo lo que ellas habían producido con su esfuerzo quedaba invisible ante sus ojos ciegos. Él era la cabeza pensante y ella la inculta, y por lo tanto debía subordinarse a sus decisiones. Y esto sucedía incluso desde otras instituciones, nos advierte. La escuela: las cátedras, los educadores, los libros y establecimientos docentes han disminuido el papel de la mujer. De esta forma, todo lo que ella había creado, ingeniado, imaginado, comentado, no se tenía en cuenta.
Puntualiza que el problema no estaba en que la mujer no tuviera el derecho de asistir a la universidad. Esa era una cuestión lograda, pero había obtenido resultados muy mezquinos. El problema estaba, nos revela, en las costumbres domésticas y sociales, en los prejuicios que reprimían a la mujer.
El mismo hecho de considerar que la mujer no era capaz de elaborar ideas creativas hacía que esta se inhibiera. Dice Aurelia: ‘’las mujeres deben leer, pero leer libros serios como los hombres lo han hecho. Es posible que al principio les cueste mucho trabajo, pero poco a poco podrán ir asimilando y entendiendo su contenido’’.7
Lo que nos trata de decir la autora, es que tanto hombres como mujeres tienen la misma capacidad para pensar y desarrollar su intelecto, y que la educación se produce como un proceso en el cual se van superando etapas. La solución, insiste, estaría en tomar reformas domésticas y sociales que arranquen de la mujer, suavemente y sin violencia, ese ambiente viciado.
Sin embargo, analiza otras variables. Advierte que en nuestro país eran más difíciles de implantar estas reformas porque, sencillamente, las niñas pasaban muy tempranamente del umbral de la escuela a la casa conyugal; así el matrimonio se encontraría desnivelado mentalmente pues el hombre sabría mucho o algo mientras que la mujer generalmente nada o cosas absurdas.8
El viaje que realiza a Europa, fundamentalmente su visita a Francia y la cultura de este país contribuye a la formación de su pensamiento. Como experiencia de estos viajes comprende que existen matrimonios privilegiados por su mentalidad. Eran comunes las parejas de literatos-literatas, con nombres rivales en las letras. Existían matrimonios de elevado nivel cultural, por lo que al estar orgullosos uno del otro eran más felices. Entiende que era posible lograr el desarrollo del intelecto, la obtención de una cultura y conocimiento científico tanto en el hombre como en la mujer.
De esta manera propone que en nuestro país se fortaleciera la mujer en conocimientos útiles y lucrativos. Para lo cual sería necesario establecer instituciones oficiales donde se prepararan a las esposas y madres, en la cual participarían de manera obligatoria las jóvenes entre 15 y 20 años de edad.
Si en Cuba se había producido algo análogo con los varones: las llamadas escuela-hogar de civismo ‘’El salvador’’ de José de la Luz y Caballero de donde salieron a resplandecer en la vida pública por su saber, personalidades como Ignacio Agramante y Manuel Sanguily ¿Por qué no habría de hacerse algo en este sentido para favorecer a la mujer cubana? Se pregunta Aurelia.
Bien pudiéramos analizar esta idea a partir del nudo teórico orden-cambio. Aurelia hace una propuesta de cambio desde la escuela como institución por excelencia para la educación. La escuela ejerce una fuerte influencia en la construcción de valores de las personas, enseñando significados que legitima. De hecho así lo había demostrado ‘’El salvador’’ de José de la Luz y Caballero con los buenos resultados. Su intención se centraba en que cada día aumentara la educación e instrucción de las mujeres, los buenos modales y las formas morales de comportamiento.
¿Qué tipo de individuos formaría? He aquí la cuestión. Primeramente tener en cuenta que Aurelia consideraba que serían necesarias estas nuevas instituciones porque la mujer se encontraba muy débil e histérica y la familia la necesitaba responsable. Su idea más bien se centraba en que se le debería ofrecer una mejor educación para que cumpliera eficientemente la función y el papel que se le había asignado en la sociedad: la crianza y educación de los hijos. Es decir, es una propuesta de cambio a partir de la escuela como institución con el objetivo de lograr transformaciones a lo interno de otra institución, la familia.
Lo cual no significa que rechazara la idea de que el hombre podía desempeñar también esta función. A su criterio estaba apto para ser padre de familia y formar otros hombres idénticos con excelentes disposiciones; sin embargo, no desarrolla la tesis de que la educación de los hijos era una responsabilidad tanto de hombres como de mujeres. En su discurso le atribuye ese rol a esta última. Según la autora existían mujeres que sin preparación artificial adecuada, sino por haberlas dotado la naturaleza de recto juicio y clara inteligencia, habían resultado excelentes directoras de familia. Aquí encontramos el reflejo de su pensamiento positivista, su pretensión de fundamentar que algunas personas, en este caso mujeres, nacen con ciertas características connaturales o dones para desempeñar una función determinada en la familia, en la sociedad.
Podemos comprender entonces que el cambio que defiende la autora está dirigido a la obtención de un nuevo orden y estabilidad a lo interno de la familia, el cual significaba que se seguirían produciendo y reproduciendo desigualdades entre el hombre y la mujer no ya en un sentido catedrático o académico, sino desde los roles que históricamente se le había asignado tanto a uno como a otro por el tipo de sociedad patriarcal.
Aunque sólo ve una arista de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, su pensamiento es expresión del malestar de estas y de sus luchas por la reivindicación. Como periodista y revolucionaria alzó su voz hasta ser oída y poder conformar el movimiento feminista en Cuba, siendo ella la iniciadora.
Años más tarde con la maduración de los movimientos feministas en Cuba se logran importantes reivindicaciones en fechas muy tempranas, tales como la Ley de la Patria Potestad (1917), la Ley del Divorcio (1918) y la Ley del Sufragio Femenino (1934).9
Las ideas de Castillo fueron transgresoras en la época que le tocó vivir y aunque sus propuestas no fueron radicales sí sentaron las bases para otras proposiciones posteriores que dieron lugar a un cambio en tanto el papel que la mujer ocupaba. Hoy en día si comparamos la situación el cambio es abismal pero casi nunca nos detenemos a pensar que sus orígenes se encuentran en mujeres que no conocemos y que lucharon arduamente como Aurelia.
A modo de conclusiones
Esta mujer ilustre quien escribiera en revistas importantes de la época en las cuales manifestaba su deseo de mejoramiento de nuestra sociedad con ideas revolucionarias y que aportaron al pensamiento crítico y social, pocas veces aparece en los periódicos con los que contamos hoy en día.
Haciendo una minuciosa revisión en nuestro periódico principal Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, encontramos solo un artículo dedicado a ella. Data del 7 de Agosto de 1992.
Pudiéramos decir que es una especie de bibliografía que exalta su figura a partir de cualidades personales: bondadoso carácter, sensibilidad y cultura. Las poesías y artículos que escribió quedan nombrados pero no se hace mucho énfasis en lo atrevido de su contenido, ni en cómo repercute su pensamiento en nuestra realidad; aunque dicho periódico haya contado en otras ocasiones con espacios que incluyen comentarios más críticos sobre personalidades conocidas.
La mayor cantidad de bibliografía pasiva que existe sobre esta escritora la podemos encontrar en artículos publicados en formato digital, a los cuales no tiene acceso toda la población cubana y no contienen un análisis profundo sobre quién fue y qué aportó a nuestro pensamiento social Aurelia Castillo de González.
Sus trabajos periodísticos y poesías se encuentran dispersos y es muy difícil encontrar sus obras completas, recopiladas y al alcance para ser analizadas. No se han realizado nuevas ediciones de su obra, por lo que para poder consultarla es necesario recurrir a los fondos raros y valiosos de las más importantes bibliotecas del país.
En la actualidad tenemos una deuda que saldar con la historia de nuestro país porque la historiografía cubana no recoge los aportes de esta y otras mujeres importantes que contribuyeron y ayudaron a gestar al cubano de hoy.
Consideramos sería necesaria una sistematización en cuanto al análisis de sus contribuciones fundamentalmente desde los estudios de género, educación y familia para entonces lograr la vigencia de su pensamiento.
Notas
1. Breve artículo publicado en 1915 donde marca diferencias que van desde las fenotípicas, propias de la mujer de esta región, hasta la conducta y rasgos éticos que la distinguen de las mujeres del resto del país.
2. Ver Aurelia Castillo de González: Escritos de Aurelia Castillo de González y algunos de Francisco González del Hoyo. Habana, Impr. ‘’El siglo XX’’, 1913-1918, Vol. VI.
3. Carta escrita por José Martí desde México a María Mantilla en 1894.
4. Ver Carlos Loveria: Juan Criollo. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1962.
5. Conferencias del profesor Julio César González Pagés.
6. Ver Aurelia Castillo de González: Escritos de Aurelia Castillo de González y algunos de Francisco González del Hoyo. Habana, Impr. ‘’El siglo XX’’, 1913-1918, Vol. VI
7. Ibídem.
8. Ibídem.
9 Ver Julio César González Pagés. En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
Bibliografía
Castillo de González, Aurelia: Escritos de Aurelia Castillo de González y algunos de Francisco González del Hoyo. Habana, Impr. ‘’El siglo XX’’, 1913-1918, Vol. VI.
García Yero, Olga: "Aurelia Castillo y sus ideas en torno a la mujer. En: http://www.pprincipe.cult.cu
González Pagés, Julio": En busca de un espacio: Historia de mujeres en Cuba. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
Loveira, Carlos: Juan Criollo. La Habana, Consejo Nacional de Cultura, 1962.
Periódico Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 7 de agosto de 1992.