¿Cómo adentrarnos en la lectura de estos poemas intensos e incoherentes, incesantes en sus interminables alusiones a las realidades más diversas, unidas sin embargo por un centro ideoestético que las cohesiona? En primer lugar, la lectura ha de ser igualmente incesante, como cuando vamos transitando por un paisaje familiar y al mismo tiempo desconocido, y repleto de cosas y hechos, de signos múltiples, algunos explícitos y otros indescifrables en su oscura simbología y en las significaciones ocultas que subyacen en las imágenes o en las palabras. La primera impresión que recibimos al leer este libro es de agobio por la sobreabundancia del mundo al que el autor hace continuamente referencia. Pero no se trata de un agobio que llegue a desestructurar nuestras percepciones y valoraciones de lo que leemos, sino del agobio de todos los días, aquel en el que las civilizaciones modernas en los grandes países desarrollados nos sumergen cuando nos relacionamos los unos con los otros o cuando simplemente salimos a la calle. Mucho de la conversación y del periodismo hallamos en estas páginas, verdaderos relatos de un suceder en el que se entrecruzan acciones, ideas, deseos, propaganda, conflictos, política, angustia, desazón, sinsentido, vacío, nada, riqueza, música, poesía, guerras, en fin, todo un cosmos propio del capitalismo contemporáneo en Estados Unidos. Percibimos el tono irónico en cada poema, la crítica a una sociedad belicista y enriquecida, deshumanizada, movida por la propaganda, la compra-venta, con ciudades descomunales, de una ilimitada prepotencia. Poesía política esta de Kinsella, ajena a todo paisajismo o tendencia bucólica, y asimismo desentendida de cualquier filiación intimista. Cierto sabor antiépico nos trae este libro, sustentado como está en una sociedad que se ha desarrollado económica y tecnológicamente mediante una práctica violenta de saqueo y creciente deshumanización en sus relaciones con otros países. La praxis histórica norteamericana en los tiempos que corren es la fuente nutricia de esta obra de Kinsella, nacido en Australia en 1963 y profesor en Inglaterra y en Kenyon Collage, Estados Unidos. Desde luego que los poemas reunidos en este título tienen la impronta de la riquísima tradición de la poesía de su idioma, fácilmente detectable en algunos de estos textos y otras veces menos visible. Ahí está, en primer término, el nombre de Walt Whitman, cuyas Hojas de hierba son, en cierto sentido, la antítesis de América o El resplandor, escrito desde una lectura de la cultura y la sociedad norteamericanas absolutamente diferente, como diferentes son los tiempos de uno y otro poeta. En general, la gran tradición de la poesía norteamericana de la segunda mitad del siglo XX y, en menor medida, la que representan algunos grandes nombres de la primera mitad, en especial Ezra Pound, han dejado una sustantiva impronta en la poética de Kinsella. Aquí evoca además la historia familiar en las figuras del padre y de la madre, hijos de una circunstancia espiritual y material muy concreta que los hace identificarse o alejarse de la realidad norteamericana, a la que fueron sustancialmente ajenos, pero de cuya presencia no pudieron evadirse a pesar de la distancia y de nunca haber estado en Norteamérica. Las palabras aparecen desnudas, sin cargas alusivas que no sean perceptibles desde un primer momento, si bien el mundo inmediato al que aluden puede tener distintas lecturas simultáneas. Veamos un ejemplo, entre otros muchos que podrían ser seleccionados:
Los servicios médicos no son menos que nada
así que es mejor estar aquí para recibir el tratamiento
pero no la cuenta. De manera oncológica,
un dictador que ha sido amable
puede recibir buen rendimiento por células vivas:
eso se tiene en común con los franceses.
La libertad es un seguro de salud a todo riesgo
que no le corroe los dientes a tus hijos: la comida barata
cargada de azúcar genéticamente modificado, las sobras
de investigaciones militares. Los sicoanalistas
detestan quebrar la confianza entre el cliente y el médico.
Los poemas carecen de título, pues cada uno es continuación del anterior, como un larguísimo discurso en el que el poeta se mueve libremente por múltiples ámbitos y acontecimientos, diferentes en su apariencia, pero interrelacionados en lo más profundo del suceder, como si constituyesen un inextricable tejido del que no es posible separar nada sin que se deshaga la imagen total. Antipoesía, poesía conversacional, periodismo noticioso y de artículos de fondo, conflictos económicos y guerras de saqueo, diálogos del poeta con diversos interlocutores, obsesiones de una sociedad altamente tecnificada con todas las contradicciones y conflictos que la caracterizan, van integrando este dilatado texto único. Toda una época está en América o El resplandor, época en la que ya los héroes carecen de verdadera fuerza, desustanciados como están por el mercantilismo, la tecnología de punta, la violencia política, la superproducción, la cultura de masas y la desvirtuación de todos los paradigmas de la ética clásica. Leamos este poema a modo de ejemplo:
Como un disco rayado,
leía el Manifiesto Comunista
en Vietnam y casi
celebra sus nupcias allí, como un borrón
las arenas del desierto
sirven mejor a las mentes arábicas,
teórico de la conspiración,
puertas de par en par
que demuelen la selva
ruedan películas,
palmariamente contra la guerra,
disfrutan los helicópteros.
Nada de idealizaciones, realidad sin más, estilo directo, juego con el horror y enumeración caótica ajena a todo lirismo o rebuscamientos estilísticos, ironía, relato de la historia cotidiana, fragmentos superopuestos para evidenciar el continuo fluir de la realidad, siempre cercenada e interrumpida en su devenir por innumerables e incesantes presencias-ausencias, narrativa entremezclada con la poesía, pero sin un discurso lógico a la manera tradicional. Se trata en realidad de una sobrevanguardia, un ir más allá hasta lo real inmediato, sin preocupaciones trascendentalistas ni utopías ni ninguna otra expresión del porvenir. Aquí y ahora de la más desnuda convivencia con la Historia en su sentido más lato. En este libro Kinsella ha sido capaz de penetrar en algunos de los rasgos definitorios de Norteamérica y crear desde ellos un extraordinario poema, de significativa fecundidad y abierta imaginación, singular capacidad para comunicarnos en toda su fuerza el espíritu de una cultura en las más disímiles expresiones de su riqueza, de la que emerge un individuo enajenado, pragmático, hijo y al mismo tiempo extraño a los avances tecnológicos. Al final de la compilación encontramos un texto de gran dimensión, acaso el más importante del conjunto por cuanto sintetiza los elementos básicos de la cultura estadounidense. Como a Harold Bloom hablando en general de la poesía de Kinsella, este extenso poema nos recuerda a John Ashbery por ese su estilo desbordado, pleno de referencias y de percepciones en un discurso que en la misma medida que se va construyendo nos entrega un universo inapresable por otras vías, un universo que siempre hemos tenido delante o a distancia, pero que no conocemos en la dimensión que nos lo hace ver la poesía de estos autores. Al enumerar las realidades que el poeta ve o recuerda está ironizando y a la vez celebrando lo que mira y evoca, doble juego de integración-desintegración de lo real. Detengámonos en este fragmento de este poema-río para apreciar lo que venimos diciendo:
Capo punto com
Con los derechos de propiedad soborno mandar a Dios a la mierda en el piso
los hackers de la vida los que tocan las campanas y los pantalones acampanados
y los indicadores de nuevas tendencias en calles pavimentadas con el tinte dorado
de nombres de marca y los darvinistas vagabundos que no entienden a Darwin
ni casi nada más allá de los sentidos y hasta éstos resultan sesgados;
montarse en el miedo de los prejuicios y maldecir lo “políticamente correcto”
jugar al Factor Medio y comer cucarachas, comer
los demonios vivos los zombis que sorben sesos que disimulan el coro
de derechos de autor como las Olimpiadas de Atenas o los hombres en Eurípides incluyendo una serie de competitividad del mercado libre como el Super Bowl
o el Rose Bowl o el tratamiento para hemorroides o las relaciones cercanas
entre la familia Bin Laden y la familia Bush y esos aviones privados
que se fueron de América justo después del 11 de septiembre cuando ningún otro avión podía volar lo que dice que el petróleo es un producto verde según la lógica
de asociación, y los intereses bancarios que se tienen en común con los Nazis
hacen de una dinastía presidencial una realidad, de entrada
[…]
Otra tradición nos viene a mostrar América o El resplandor, una tradición en la que se fusiona todo occidente, desde los presocráticos hasta los microprocesadores. El estilo de Kinsella es también testimonio de esa nueva cultura, de esa nueva manera de sentir y de decir, en la que se han despedazado los discursos tradicionales y se han rebasado incluso los modos de la vanguardia de los años veinte. La escritura inconexa, desestructurada, caótica es la única que puede revelarnos una realidad como la que integra los textos de este poeta en este libro. La más reciente poesía argentina, por ejemplo, y en no menor medida la más reciente escrita en Cuba, no es ajena a poéticas como la que hemos visto en este trabajo, salvadas las diferencias en las tradiciones propias de cada país. El diálogo entre esas escrituras descansa en la imagen actual del mundo, en el cual unos valores han sido sustituidos por otros en tanto que muchos se han perdido definitivamente. Sólo la poesía es capaz de llegar al centro de realidades como esas que se ironizan y se celebran en América o El resplandor. Con su palabra vigorosa y su espléndida creatividad ha logrado Kinsella mostrarnos toda una cultura que no es ni puede ser ajena a la nuestra, pues pertenecemos a una modernidad de la que Norteamérica es responsable en una dimensión más que significativa.
* John Kinsella: América o El resplandor. America or Glow [Edición biligüe]. Traducción de Katherine Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez. Torre de Letras, La Habana, 2005.
