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Hembras, mujeres, femeninas. Identidades y Teoría de Género (I)
Sandra Alvarez Ramírez, 13 de marzo de 2007

Como punto de partida la Teoría de Género reconoce que los conceptos sexo y género no son lo mismo . Ya bien decía una de las madres del feminismo contemporáneo, la francesa Simone de Beauvoir, que “no nacemos mujer, nos convertimos en ello” . De esta manera, advertimos que sexo esta más ligado a la esfera biológica, a aquello que traemos cuando nacemos y que la noción de género tiene más bien un carácter sociocultural y que es construida dentro de la sociedad en particular en la que vivimos y que es aquí donde se vuelve o no efectiva intentando regular el orden de las cosas y el comportamiento de las personas.

Por otra parte, la sociedad y quienes la habitan solemos hacer uso de argumentos esencialistas para describir y explicar la conducta de los seres humanos. Explicaciones del tipo: “es normal, por naturaleza los hombres tienen mayor necesidad de realizar el coito, tienen mayor apetito sexual” compactan o reducen la subjetividad individual y social, expresada en conductas y comportamientos, a una condición biológica que según muchos es origen y destino a la vez.

La distinción entre sexo y género, entre lo natural y lo cultural fue, en su momento, tremendamente liberadora para la lucha feminista y las mujeres en particular. La manida colocación de las mujeres más cercanas a la naturaleza, de alguna manera indicaba que su destino era uno solo, ya pre-escrito y por tanto ineludible, dejándole al margen de cualquier interpretación histórica posible.

Indudablemente, la Teoría de Género se ha constituido en una forma de interpretar la realidad de las mujeres, que más que hacerlas victimas las ha liberado. A partir de su existencia, hace ya más de 25 años, las mujeres nos hemos podido sacudir y diferenciar con efectividad lo que traemos al mundo como seres sexuados que somos y lo que se construye, se empasta sobre nuestro cuerpo y que muchas veces se convierte en origen-fin una especie de profecía autocumplida que no nos dejaba escapar.

Es por ello mi interés en abordar en este trabajo, el concepto de IDENTIDAD en primera instancia, luego el de IDENTIDAD SEXUAL, pasando a la IDENTIDAD DE GENERO para luego finalizar en IDENTIDAD FEMENINA.


Identidad, un concepto crucial para la Teoría de Género.

La identidad no es un concepto privativo de la subjetividad individual. La sociedad está compuesta por individuos e individuas que desde que nacen están conformando grupos, algunos de pertenencia y otros de referencia, formales e informales, pero que de alguna manera le dicen a una quien es y de donde vino, y en el mejor de los casos hacia donde va. Tanto los sujetos y sujetas individuales como los grupales portan una (o varias) identidades.

Hace poco, en un programa televisivo se debatía, por enésima vez, el concepto de identidad, digo por enésima porque es notorio las ansias que tenemos todas las personas de hablar sobre este tema, quizás porque la globalización neoliberal nos adelanta cierta angustia, sobre aquello que nos permite ser nosotras y no otras. Dos tipos de argumentos se vertían en este sentido, uno la identidad vista como atributos del vestir, del hablar, del comer, como hábitos y costumbres que comparten sujetos y sujetas de un determinado lugar geográfico. Y en el segundo referido a la memoria histórica y un reconocimiento de una misma como heredera de ese legado, como que eso me pertenece y explica mí aquí-ahora.

Por supuesto que la remisión al libro de la Prof. Carolina de la Torre, por enésima vez también, no me hizo esperar. Realmente es un placer que podamos contar en Cuba con tal volumen.

En el capítulo La Identidad para Psicología, la autora plantea de manera muy clara:

“Cuando se habla de la identidad de un sujeto individual o colectivo hacemos referencia a procesos que nos permiten asumir que ese sujeto, en determinado momento y contexto,  es y tiene conciencia de ser el mismo,  y que esa conciencia de sí se expresa (con mayor o menor elaboración o awareness) en su capacidad para diferenciarse de otros, identificarse con determinadas  categorías, desarrollar sentimientos de pertenencia, mirarse reflexivamente  y establecer narrativamente su continuidad a través de transformaciones y  cambios.” 

Para finalmente en pocas palabras decirnos:

“…la identidad es la conciencia de mismidad, lo mismo se trate de una persona que de un grupo. Si se habla de la identidad personal, aunque filosóficamente se hable de la igualdad consigo mismo, el énfasis está en la diferencia con los demás; si se trata de una identidad colectiva, aunque es igualmente necesaria  la diferencia con  “otros” significativos, el énfasis está en la similitud entre los que comparten el mismo espacio sociopsicológico de pertenencia.”  

A partir de tal definición y de sus precisiones oportunas podemos vislumbrar como la categoría identidad se torna harto pertinente para la Teoría de Género. Fijémonos en el carácter procesal y reflexivo de la identidad, la necesidad de la autoconciencia y el sentimiento de pertenencia, así como la necesidad de poseer y compartir determinado espacio subjetivo.

Asimismo, el hecho de que aquello que nos hace individualmente diferentes de los otros y otras, en caso de las identidades personales, nos une y compacta para las diferenciarnos de los otros, desde el punto de vista grupal. Para mí, este es el principal aporte del concepto identidad a la Teoría de Género; sobre todo para poder entender la necesaria transición de mujer a mujeres dada en los estudios durante los años 70.

En este sentido dice Yuderkis Espinosa, afrofeminista lesbiana dominicana: reconoce como la importancia de la identidad para nuestros movimientos sociales:

“La identidad ha jugado un papel fundamental en la formación de los movimientos sociales contemporáneos, sobre todo en los movimientos feministas y en el movimiento de lucha contra el racismo. Para poder ser, estos movimientos al igual que otros nuevos movimientos sociales, como el de la comunidad LGTTB por ejemplo, han tenido que partir de una recuperación positiva de la diferencia que a nivel social se les ha atribuido o asignado (identidad asignada) y por la cual han sido objeto de exclusión. Era la manera de desconstruir las imágenes negativas con que se había cargado su diferencia. Esta fue también la manera de encontrarse con otros/as semejantes, construir el nosotras/os, identificarse como perteneciente a un grupo con el que se comparte la opresión y la exclusión. Esto permitió tempranamente la constitución y el desarrollo de estos movimientos: Había cosas comunes que unía a las/os excluidas/os.”