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La estación de los nortes
Luis Enrique Ramos Guadalupe , 20 de marzo de 2007

En la entrega anterior presentamos a José María Heredia (1803-1839), poeta y revolucionario, romántico enamorado de la naturaleza. Y escogimos su obra titulada Calma en el mar para que sirviese de frontispicio a estas cuatro secciones nuestras, dedicadas al tema que se expresa arriba, durante el mes de marzo.

Ahora presentamos otra de sus obras, que nos llega con el mismo mérito que la anterior. Esta aparece dedicada al invierno, estación que aún no ha abandonado al hemisferio norte por esta época, y que también motivó del Bardo su incesante componer.

La Estación de los nortes es su título, y fue compuesta hacia 1822. La versión que aparece a continuación fue seleccionada por el intelectual e investigador cubano Angel Augier, quien realizó además un estudio sobre otra versión de este poema, traducido al inglés.

Hoy la ciencia denomina “frentes fríos” a las oleadas de aire frío que, procedentes de la América del Norte, llegan a Cuba en los meses de invierno, provocando un cambio de tiempo precedido por lluvias y seguido por los álgidos vientos del norte. En siglos pasados se llamaba “norte” a este fenómeno, debido al punto cardinal de su procedencia, y se entendía que libraban al país de las enfermedades tropicales de grave connotación epidemiológica, que proliferaban en el verano.

El paisaje meteorológico delineado por un norte o frente frío, como se quiera, fue llevado a rimas por la inspiración de Heredia, y ahora la presentamos aquí. Salvo ligeras variaciones, las diversas versiones prácticamente coinciden. Aquí incluimos fragmentos de la publicada por Augier en 2003.

Témplase ya del fatigoso estío
El fuego abrasador: del yerto polo
Del septentrión los vientos sacudidos,
Envueltos corren entre niebla oscura,
Y a Cuba libran de la fiebre impura.

Ruge profundo el mar, hinchado el seno,
Y en golpe azotador hiere las playas:
Sus alas baña Céfiro en frescura,
Y vaporoso, transparente velo
Envuelve al sol y al rutilante cielo.

..........

Hoy en los climas de la triste Europa
Del aquilón el soplo enfurecido
Su vida y su verdor quita a los campos,
Cubre de nieve la desnuda tierra,
Y al hombre yerto en su mansión encierra.

Todo es muerte y dolor: en Cuba empero
Todo el vida y placer: Febo sonríe,
Más templado entre nubes transparentes,
Da nuevo lustre al bosque y la pradera,
Y los anima en doble primavera.

¡Oh! con cuanto placer, amada mía,
Sobre el modesto techo que nos cubre
Caer oímos la tranquila lluvia,
Y escuchamos del viento los silbidos,
Y del distante Oceano los bramidos.

Junto a ti reclinado en muelle asiento,
En tus rodillas pulsaré mi lira,
Y cantaré feliz, mi amor, mi patria,
De tu rostro y de tu alma la hermosura,
Y tu amor inefable y mi ventura.

Tomado de Habana Radio

Luis Enrique Ramos Guadalupe , 2007-04-17
Luis Enrique Ramos Guadalupe , 2007-03-06