Identidad de género
El anterior esbozo de algunos de los elementos de la diferenciación sexual nos permite adentrarnos en la identidad de género como concepto que de alguna manera precisa de los dos anteriores, identidad como categoría general y la identidad sexual y es así que los retoma. Valga la pena decir que para el segundo caso, el hecho de que seamos cuerpos sexuados de maneras diferentes es lo que posteriormente nos hará arribar a la identidad de género pues aparejado a esta diferenciación sexual en hembras y machos, lo cual es un hecho ineludible, se erigen construcciones identitarias masculinas para algunos y femeninas para otras.
Además, en la vida cotidiana y para las personas comunes identidad de género e identidad sexual suelen solaparse, confundirse, explicado quizás por la concurrencia de las mismas. Con el simple hecho de conocerse, después de la semana 20, el sexo del feto, ya se comienzan a adjudicar una suerte de contenidos culturales con relación a la persona que nacerá.
Generalmente los padres, incluso antes del nacimiento de sus hijos, especulan sobre el futuro de sus vidas, elaborando planes y creándose expectativas en dependencia de la especificidad del sexo del bebé o de la nena. Así, si piensan que será varón, es probable que imaginen a un chico amante de los deportes, independiente, dinámico, con confianza en sí mismo, con cierta competitividad y “despierto” en cuestiones amorosas. En cambio, si creen que será hembra, es muy probable que la conciban hermosa, sensible, emocional, cariñosa, casera, y más bien dependiente.
Este momento ocurre la asignación de género y como ya sabemos sucede mucho antes del alumbramiento aunque algunos lo restringen al mismo instante del nacimiento .
Dichos contenidos asignados dependerán en gran medida del momento histórico-social particular que viva la persona en cuestión, es así que dicha asignación no tiene un carácter estático, sino que es un proceso dinámico donde unos contenidos son renovados por otros.
De manera similar, comportamientos permitidos para determinadas edades, no lo son para otras (lo mismo ocurre para la raza, clase, región, etc). Se me ocurre traer a colación como a pesar de que jugar béisbol en nuestro país es casi exclusivamente para varones, las niñas que lo hacen son las escolares, no así las adolescentes, las cuales tiene que demostrar a toda costa que están pasando exitosamente su proceso de feminización.
De la reflexión anterior se desprende que esta asignación se da en el marco de las relaciones sociales de dominación entre hombres y mujeres, (también entre blanc@s y mestiz@s-negr@s, entre pobres y ric@s, entre occidentales y orientales) y tales contenidos serán los que conformarán los roles de género para cada uno de los individuos e individuas, o sea el papel preciso que le toca jugar en dependencia de su posición social, en consonancia con una serie de valores y normas creadas socialmente y que de alguna manera validan o ilegitimizan la conducta de las personas. Imágenes estereotipadas recurrentes: madre cariñosa, entregada y habilidosa en las actividades domesticas, educa con delicado esmero a sus hijos e hijas, mientras que su esposo un hombre vencedor en los negocios, viaja con frecuencia al exterior con su amante.
Estos roles, al decir de Marta Lamas: “Si bien las diferencias sexuales son la base sobre la cual se asienta una determinada distribución de papeles sociales, esta asignación no se desprende "naturalmente" de la biología, sino que es un hecho social.”
No solo es una cuestión de atributos para unos y otras sino también, y sobre todo las cosas, de jerarquía, expresada en valores, que se otorgan-asumen por cada una de las personas y por la sociedad en general.
El reforzamiento de los patrones para cada género tiene lugar en el seno familiar conformándose en el/la infante la identidad de género, lo cual sucede entre el segundo y tercer año de vida. En un inicio el niño o la niña puede reconocerse como tal pero sin la observancia de las diferencias sexuales. A partir de los tres años comienzan a rechazar o aceptar objetos, juegos, actividades remitiéndose a su propia identidad, es aquí que se establece para toda la vida –y para casi todas las personas - nuestra identidad de género.
Identidad femenina
Las mujeres nos construimos como seres identitarios siendo confrontadas con lo que es ser hombre. Somos mujeres (“buenas mujeres”) en tanto no somos hombres y cada día nos alejamos más de serlo. Como particularidad de este proceso ni siquiera tenemos la misma partida, sino que nuestro sitio de arrancada está un tanto atrás. Somos un polo de un concepto hasta ahora binario (identidad de género). En un extremo estaríamos nosotras con nuestra identidad femenina y justo al otro lado la identidad masculina. Esta identidad femenina está en correspondencia con la feminidad (cuyo opuesto es la masculinidad) designación patriarcal que se concretiza a partir de los comportamientos, actitudes, valores, capacidades, etc., que las mujeres debemos poseer.
Sobre la identidad femenina dice Marcela Lagarde:
“La identidad de las mujeres es el conjunto de características sociales, corporales y subjetivas que las caracterizan de manera real y simbólica de acuerdo con la vida vivida. La experiencia particular está determinada por las condiciones de vida que incluyen, además, la perspectiva ideológica a partir de la cual cada mujer tiene conciencia de sí y del mundo, de los límites de su persona y de los límites de su conocimiento, de su sabiduría, y de los confines de su universo. Todos ellos son hechos a partir de los cuales y en los cuales las mujeres existen, devienen.”
Como mismo para los hombres las relaciones sexuales, los deportes, el dinero y los autos son contenidos pertenecientes a su identidad de género; para nosotras las mujeres el núcleo de la misma lo formaría el estar en función de l@s otr@s, siempre alegando el amor por ell@s; lo cual se objetiviza de diferentes formas, como en la maternidad, en el cuidado de familiares, la educación de las jóvenes generaciones, etc. En este sentido dice Lagarde que: “El deseo femenino organizador de la identidad es el deseo por los otros”. El término madresposa, silogismo creado e introducido en la Teoría feminista por ella, resume de manera certera lo que planteamos con anterioridad, las mujeres somos seres de los otr@s y para los otr@s.
Machorras, camioneras, fuertecitas, marimachas son términos que designan diferentes maneras de ser mujer que como incomprendidas ganan el repudio dentro de la sociedad patriarcal puesto que no responden a esa feminidad cuyos contenidos ahistóricos hacen imposible cumplir. Lo mismo sucede con el lesbianismo, la sociedad supone que las mujeres que aman a otras mujeres quieren ser hombres en tanto no cumplen con la heterosexualidad obligatoria que es otro de los mandatos de la cultura patriarcal.
En este sentido, la asignación de contenidos diferentes a la feminidad, la re-valorización de lo femenino, la re-lectura de nuestras vivencias, la apropiación por parte de las mujeres de su propia vida y destino (que tuvo su comienzo en el planteamiento mismo del concepto género) han sido los principales aportes de la Teoría de Género. Identidad, identidad sexual e identidad femenina son conceptos que nos permiten, sobretodo, repensar y profundizar en cómo llegan las mujeres a la cultura.
Bibliografía
1. Beauvoir, S. de (1949) Le deuxième sexe. Ed. Gallimard. Francia
2. Espinosa, Y. (1999) ¿Hasta donde nos sirven las identidades? En www.creatividadfeminista.org. Acceso junio 2005.
3. Fernández, J. (1988) Nuevas perspectivas en el desarrollo del sexo y el género. Ed. Pirámide, S. A., España.
4. García A., M. del C. (2002) La crisis de identidad de los géneros. En www.mujeresdeempresa.com/linea_natural/sociedad/sociedad020501.shtml Acceso junio 2005
5. Lagarde, M. Identidad femenina. Material digital dado como bibliografía de la maestría.
6. Lamas, M. La perspectiva de género. Material digital dado como bibliografía de la maestría.
7. Loynaz, D. M. (2000) Poema XXIX. Poemas Sin Nombre. Ediciones Hermanos Loynaz, Cuba. p. 53.
8. Rivera G., M.M. La Teoría de los géneros. En www.creatividadfeminista.org Acceso junio 2005
9. Torre, C. de la. (2001) Las identidades. Una mirada desde la psicología, Centro de Investigación Desarrollo de la Cultura Cubana “Juan Marinello”.
10. Vasallo, N.: El Género: un análisis de la “naturalización” de las desigualdades. Material digital dado como bibliografía de la maestría.