Vuelvo sobre la traducción literaria y las publicaciones de éstas en editoriales de provincia. Evitaré, esta vez, esbozar un tratado acerca de este oficio. Más bien me acercaré y reflexionaré en torno a una de esas editoriales cubanas que se ha ocupado de publicar traducciones literarias de autores clásicos, me refiero a Ácana, de Camagüey, que presentó, en el marco de la pasada Feria Internacional del Libro Cuba 2007, la versión al español de poemas de Robert Browning, asumida por la traductora Isabel Serrano.
Y si me tomo el trabajo de escribir sobre el interés de Ácana al apostar por tales textos no se debe solamente a la pobreza de este tipo de publicaciones. Arte y Literatura también publica traducciones literarias, pero eso se incluye en el perfil de esta editorial que saca a la luz obras imprescindibles de la literatura y el arte universales en traducciones que pueden o no ser de cubanos. Camagüey, ya lo sabemos, es tierra de escritores. Allí se escribió lo que se conoce como la primera obra literaria concebida en Cuba, Espejo de Paciencia. Pero también Camagüey es la cuna de Nicolás Guillén, Poeta Nacional. Y es la tierra, quién lo duda, de una larga lista de escritores que prestigian las letras nacionales contemporáneas. Pero no es por estos detalles por los que me aventuro a meditar acerca de lo que Ácana publica en materia de traducción literaria en su colección Tributo.
Cuando a mis manos llegó Joachim Du Bellay: El peor de la manada, confieso que me interesé en este título porque detrás de él estaba la mano de mi amigo, el escritor Jesús David Curbelo, a quien conozco desde hace varios años. Ya sabía de la pasión de Curbelo por la traducción literaria, pasión que, por supuesto, tiene que ver con el hecho de que Ácana las publique, puesto que él fue el gestor de esta idea. Recuerdo que una vez en Puerto Padre, Las Tunas, Curbelo ofreció una charla sobre el poeta inglés John Donne y esa tarde pudimos escuchar varios de los poemas que había traducido para el libro que luego publicaría la Editorial Arte y Literatura bajo el título Poemas escogidos de John Donne. Pero hay una sublime diferencia entre uno y otro libro, más allá de la calidad estética de los mismos, y radica en cómo una editorial y otra asumieron las entregas de Curbelo. Los poetas, y los lectores en general, agradecemos una traducción que ofrezca la posibilidad de una comparación. Es cierto que una publicación bilingüe es como publicar un libro dos veces. Pero cuando nos enfrentamos a una traducción podemos recrearnos y penetrar mucho más en el texto original y en la propia versión del traductor. He ahí la osadía de Ácana: asumir la traducción ya no como simple presentación de un escritor a nuestra lengua y nuestros lectores, sino como una carta abierta donde el traductor puede salir bien o mal parado.
Por supuesto que hablamos aquí de poesía, y no de textos narrativos y ensayísticos, los cuales, por su extensión, se tornarían casi imposibles de publicar en ediciones bilingües, aunque he encontrado, no pocas veces, este tipo de ediciones asumidas por grandes grupos editoriales. En Cuba, el Fondo Editorial Casa de las Américas cuenta con la edición bilingüe de una selección de cuentos caribeños, y para mí resultó una experiencia agotadora el tratar de valorar críticamente esas traducciones por la extensión de los cuentos y el propio diseño del libro. Claro, esa no es una edición destinada a un público que comprará el libro para un análisis valorativo, sino que su principal objetivo es que ese volumen llegue a dos públicos de lenguas encontradas.
En el caso de Ácana, me parece que el hecho de presentarle a los lectores camagüeyanos y cubanos, en primer lugar, a un autor prácticamente desconocido pero de una importancia capital como lo es Joachim Du Bellay, resulta un hecho loable, plausible. Escribe Curbelo en su prólogo a El peor de la manada: “He de confesarlo: adoro los llamados “segundos violines”, aquellos autores que, por coincidir en el tiempo con algún indiscutible concertino, quedaron para exégesis de arqueólogos de la literatura en raras ediciones de culto.” Pero otro logro de Ácana es asumir el riesgo de publicar estas versiones de traductores de la Villa de Puerto del Príncipe y no rastrear textos por las infinitas páginas de Internet o en las salas de las bibliotecas tratando de encontrar autores/traductores cuya fecha de deceso no les permita reclamar derechos, o “encargar” traducciones a “vacas sagradas” de la Isla.
Aquel primer intento de Ácana (me refiero a El peor de la manada) me hizo meditar, y luego de la meditación me atacó una lógica oleada de pesimismo, y pensé que quizás este ejemplar sería el primero y último. Y ese pesimismo sobrevino por varias razones, pero la principal era la evidente escasez de recursos de una editorial, mucho más si esta es una editorial “de provincia”.
Felizmente, a esta versión del poeta francés, la editorial Ácana sumó otro título, otro autor y otro traductor. El nombre de Emily Dickinson, figura emblemática de las letras norteamericanas, prestigia el catálogo de Ácana. Acaso alguna revista había publicado algunos de sus poemas y quienes conocemos su obra nos contentábamos con ediciones foráneas y los sitios en Internet dedicados a esta escritora cuya vida estuvo envuelta por un halo misterioso. La versión española, en este caso la cubana, de los poemas de la Dickinson fue asumida por el editor Ramiro Fuentes Álamo, quien en entrevista publicada en www.CubaLiteraria.cu adujo que le gusta tanto la poesía de la Dickinson que un buen día decidió que se iba a entrenar haciendo estas traducciones.
Pero luego me asaltan con la noticia de que Ácana traía otra sorpresa: la publicación, en una edición también bilingüe, de La vida nueva, de Dante Alighieri, nada menos que en versión de Jesús David Curbelo, que se convierte así en lo que llamaríamos en la secundaría básica de mi tiempo un “repitente”. Pero no un repitente de la misma asignatura: Curbelo ha pasado por el inglés (John Donne), el francés (Du Bellay) y ahora el italiano, aunque a esta lista debemos agregar Cantos de inocencia y Cantos de experiencia, de William Blake, traducido a dos manos con Susana Haug y publicado por la Casa de Letras, del Instituto Cubano del Libro. Es, realmente, envidiable. Y es también plausible que Curbelo apueste por la editorial de su tierra natal cuando tuvo, y tiene, la posibilidad de colocar estos dos libros en casas de rango nacional como Arte y Literatura.
La inglesa Elizabeth Barret Browning es considerada la escritora más exitosa y respetada del período victoriano. Sonnets from the Portuguese, publicada en 1850, es su obra mayor, aunque cuando su libro Poems apareció en 1844 fueron alabados por varios escritores, entre ellos el norteamericano Edgar Allan Poe. Es muy conocida su correspondencia con el joven poeta Robert Browning, la cual terminó en la huida de Elizabeth de su casa y en el matrimonio de ambos. La importancia de la Browning en las letras inglesas es indiscutible, por eso la Licenciada en Lenguas y Literaturas Clásicas Isabel Serrano, también camagüeyana, asumió la traducción de Sonetos del portugués, ya publicado por Ácana para reafirmar su intención de dar a conocer autores imprescindibles y de alguna manera desconocidos en nuestro país a través de las versiones de traductores principeños. Y si cabe alguna duda de esta intención, pues luego se publicó William Shakespeare: Sonetos, traducido por el mismo Ramiro Fuentes Álamo, y Poemas, de Robert Browning, por Isabel Serrano.
Me alegra pensar que mi pesimismo haya sido truncado por el empeño de Ácana al seguir publicando esos textos que vienen a enriquecer las entregas de Arte y Literatura y de la Casa de Letras. Sobre esta última es preciso apuntar no solamente la calidad de los autores traducidos, y de las traducciones, sino también la novedosa técnica japonesa con la que encuadernan sus títulos. El proyecto Casa de Letras, según ha señalado su codirectora, la poeta Reina María Rodríguez, “incluye la realización de talleres de traducción. Son importantes porque no hay un seguimiento de la traducción de textos literarios que nos caen en la mano, nunca hemos leído las mejores traducciones de poesía. No esperamos tampoco que alguien se haga perfecto porque lea las traducciones mejores. Pero si logramos tener obras traducidas por buenos traductores ya estamos ayudando, y si además promovemos que los cubanos hagan traducciones, que los mismos escritores hagan traducciones, vamos a promover que se vaya a recibir lo más cercano posible a esa versión, a esa lengua.”1 Y eso es lo más importante, que más cubanos, y escritores cubanos, se acerquen a la traducción literaria, pues eso también enriquece las letras nacionales, y si hay editoriales y proyectos como Ácana, la Torre de Letras, Reina del Mar Editores, Sed de Belleza y otras, pues habrá más razones para que, a quienes nos interesa y apasiona el difícil arte de la traducción, dejemos de temerle un poco al riesgo que esta presupone.
1 “Mi tiempo lo quiero puramente para escribir”, entrevista a Reina María Rodríguez, por Nirma Acosta para La Jiribilla (no. 17, agosto, 2001).
